Alfonsín, con la mística peronista

Encabezó un acto en La Matanza, junto a De Narváez; advirtió que el Gobierno podría suspender las primarias
Laura Serra
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19 de junio de 2011  

Ricardo Alfonsín debutó ayer como candidato presidencial de Unión para el Desarrollo Social (Udeso) con un baño de peronismo en pleno corazón de La Matanza. Lo recibieron en San Justo su socio y candidato a gobernador bonaerense, Francisco de Narváez, y una populosa concurrencia peronista con toda su liturgia de campaña: bombos, trompetas y, sobre el final, la marcha que inmortalizó a Juan Domingo Perón.

Alfonsín superó el desafío: no cantó la marcha peronista, pero arengó a radicales y a peronistas a "trabajar juntos para resolver los problemas de los argentinos" y a "terminar con la dictadura de la pobreza". La gente lo aprobó con una ovación y Alfonsín convocó, en un tono casi de súplica, a que todos participaran con su voto en las elecciones primarias de agosto próximo.

"El 14 de agosto tenemos que hacer una demostración de fuerza importante. Tengo miedo: me parece que el Gobierno está pensando en suspender las elecciones porque sabe que va a salir vencido", alertó Alfonsín. No quiso decir más, pero ni falta hacía: fue una advertencia al Gobierno de que no tolerará una eventual suspensión de las primarias, obligatorias y simultáneas en todo el país. La oposición sospecha que el oficialismo podría dejarlas sin efecto si comprueba que en ese primer test electoral no logra perforar el 40% de los votos. Sería un golpe duro para la reelección de la presidenta Cristina Kirchner, que lanzaría esta semana su candidatura. "Cristina tiene miedo –enfatizó De Narváez–. Hace dos años ella, con Néstor Kirchner y Daniel Scioli dijeron que iban a defender el modelo y esta provincia les dio una paliza electoral que no imaginaban. ¡Paliza que les vamos a volver a dar el 23 de octubre!".

De Narváez estaba exultante y rompió su estilo habitualmente medido. "¡Buenos Aires tiene que ser gobernada por alguien que tenga las pelotas que yo tengo!", exclamó, y la ocurrencia fue festejada a coro por los bombos y las trompetas. Alfonsín no se animó a tanto. "Como dijo Francisco, ¡se necesita algo que está debajo de la cintura para hacer las transformaciones que proponemos!", enfatizó. Sobre el escenario aplaudían y reían los principales dirigentes de la coalición: Javier González Fraga, candidato a vicepresidente; José Scioli, Miguel Bazze –presidente de la UCR bonaerense–, Mónica López, Gustavo Ferrari, Carlos Roberto, Natalia Gambaro y el organizador del acto, Daniel Amoroso. Como invitada especial participó Graciela Ocaña, candidata a diputada nacional. "Gracias, Graciela, por tu presencia. Vos representás valores, ideas importantes", la elogió Alfonsín.

No faltó el clásico cotillón de campaña en el conurbano: carteles y globos rojos inundaban el predio, al igual que el olor inconfundible del choripán. Había militantes, pero también familias con niños y bebes.

Pero no fue un acto más. Alfonsín hizo el aporte distintivo con la efusividad de sus gestos, cada vez más parecidos a los de su fallecido padre, el ex presidente Raúl Alfonsín. También con la promesa de barrer con la corrupción, infaltable en el discurso radical.

"Necesitamos recuperar la ejemplaridad de la política. Jamás designaríamos a un solo funcionario si alguna duda tuviera de su honestidad. Sé que alguien me puede traicionar, pero si eso sucede: ¡preso se tendrá que ir y no habrá gobierno que lo proteja!", clamó, finalizando con su ya clásico "¡Desde luego!".

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