Ante un país perplejo por el episodio

José Claudio Escribano
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21 de octubre de 2000  

Podría ser una inacabable comedia de enredos, a no ser por el detalle de que está en juego un país que se siente maltrecho.

Después de haberse informado oficialmente al mediodía de la renuncia del secretario de Inteligencia de Estado, Fernando de Santibañes, y darse por descontado que éste dejaba inmediatamente el cargo, el Presidente le ha pedido que se quede.

Es difícil, por mejor voluntad que se ponga, entender exactamente qué quiere decir "que se quede".

El presidente Fernando de la Rúa dijo anoche a La Nación , a las 21.30, que no se pueden hacer cambios ahora, e invocó la situación en Medio Oriente. La SIDE tiene como tema de su competencia, entre otros, el del seguimiento de las cuestiones internacionales que puedan gravitar sobre el interés nacional.

Pero en la misma conversación con este diario, al decir que iba a considerar la dimisión que le había sido presentada, el Presidente expresó: "Esto puede suponer algunos días".

El hecho de que el Presidente subrayara que en esos momentos estaba acompañado por Santibañes acentuó la impresión de que desprenderse del secretario de Inteligencia del Estado le exige uno de los esfuerzos supremos de su vida política.

El Presidente debió resignarse a que un cable de la agencia DyN pusiera ayer en boca del ministro del Interior, Federico Storani, la opinión de que la presencia de Santibañes en el gabinete nacional "comienza a hacerse incompatible por sus juicios" y que el ciclo del secretario de la SIDE está cumplido.

Santibañes había atacado anteayer a la Alianza, principalmente por motivos económicos.

* * *

La sociedad asiste perpleja a la prolongación de este asunto que ha quitado espacio público, en las últimas horas, a uno de los pocos éxitos que el Gobierno se ha anotado en los últimos tiempos: la sanción de tres leyes económicas de suma importancia en la Cámara de Diputados de la Nación. Esto sucedió un tanto inesperadamente, en momentos en que tendía a hablarse de la debilidad en que aquél parecía encontrarse en el Congreso.

El Presidente anunció que querellará a la revista Veintitrés, de Jorge Lanata, por una nota de tapa del número de esta semana sobre el papel que supuestamente habría tenido De la Rúa en la cuestión del Senado.

Tal versión periodística fue desmentida por los voceros gubernamentales, pero también por el ex vicepresidente Carlos Alvarez -a quien se asignó un papel significativo en el origen del comentario- y por legisladores de la Alianza.

De la Rúa volvió a poner énfasis en el ejercicio de la autoridad presidencial y contestó duramente al gobernador de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, por haber hecho alusión a la ley de acefalía, con todo lo que ello implica en relación con la gobernabilidad o no del país.

También De la Rúa reveló que ha elevado a la Oficina Anticorrupción las actuaciones originadas en una denuncia de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) por la forma en que la SIDE la había informado sobre el estado de sus cuentas.

La Sigen es conducida por el doctor Rafael Bielsa, políticamente próximo al ex vicepresidente Chacho Alvarez.

El síndico es designado por decreto; por lo tanto, puede ser removido de igual forma.

La Nación preguntó al Presidente si ha tomado alguna decisión a raíz de la controversia abierta entre Bielsa y Santibañes. Contestó que su decisión dependerá de lo que dictamine la Oficina Anticorrupción.

El Presidente estuvo informado al momento de la repercusión que los acontecimientos políticos de la Argentina registraban ayer en los mercados internacionales.

Esos mercados oscilaron entre versiones -que nadie supo precisar de dónde habían salido, aunque varios operadores bursátiles apuntaron a sus colegas de San Pablo- sobre el alejamiento inmediato del ministro de Economía, José Luis Machinea, y sobre un supuesto acuerdo entre De la Rúa y Domingo Cavallo.

El Presidente fue enfático al desmentir cualquier tipo de acuerdo con el ex ministro de Menem, seguramente más urgido por las circunstancias que por la conveniencia de omitir cualquier consideración que dañe a mediano y largo plazo la preservación de sus buenos vínculos personales de siempre con Cavallo.

Una vez más, De la Rúa reiteró todo su respaldo a Machinea. Nadie seriamente informado había puesto en duda, en realidad, la solidez de la posición de Machinea ante el jefe del Estado.

De la Rúa afirmó a La Nación que la definición del caso Santibañes no depende de ninguna clarificación de la denuncia de la Sigen. De la Rúa dijo que él sabe bien que, en cuanto a la información y estado de las cuentas de la SIDE, Santibañes había hecho lo que correspondía.

Sin embargo, fuentes oficiales, por debajo del nivel presidencial, habían dicho con anterioridad a La Nación que el jefe del Estado dispondría de la renuncia de Santibañes entre pasado mañana y el martes, después de que se aclarara todo lo que haya pendiente de la denuncia de la Sigen.

Dentro de la comunidad política todos dan por descontado que Santibañes deberá irse a no largo plazo. Es más: nadie imagina que esta impasse se prolongue semanas, sino días.

Desde Olivos se dijo a última hora que el Presidente la estirará hasta el regreso de su viaje a España. Es un plazo que sonará desconcertante en no pocos ámbitos.

Santibañes dijo en el texto de su renuncia que había sido perseguido por los intereses afectados por la reorganización que había en la SIDE y también por cuestiones ideológicas.

En rigor, se lo ha defendido por sus ideas liberales en el campo económico y también se lo ha atacado por ellas. Pero lo que ha convertido su posición en extremadamente débil es el hecho de que, habiendo sido golpeados varios senadores y también el ex ministro Alberto Flamarique, ¿por qué habría de sobrevivir él solo a las consecuencias políticas que afectaron a las principales figuras involucradas por el escándalo del Senado?

¿Por qué tanto privilegio con Santibañes, cuando perdieron posiciones senadores tan respetables como Raúl Galván, el ex jefe del bloque de la UCR, que hoy expresan su amargura ante la discriminación que interpretan por los hechos?

* * *

La Nación preguntó al Presidente quién era su candidato para reemplazar a Santibañes. Rió, como si se tratara de una broma.

¿Jaunarena? ¿Olivera? Negó que hubiera pensado en alguien.

Pero por los corrillos del mundo político echáronse a rodar varios nombres, dándose por descontada la inevitabilidad del cambio.

Uno, el de José H. Jaunarena, ex ministro de Alfonsín y personalidad del radicalismo con amplia aceptación en las Fuerzas Armadas.

Dos, el de Angel Tello, segundo del ministro Ricardo López Murphy e igualmente bien considerado en el ámbito militar.

Tres, Enrique Olivera, a quien sí se le ofreció días atrás la presidencia del Banco de la Nación Argentina. Por algún motivo se ha demorado su designación oficial.

Olivera pertenece al disminuido grupo de antiguos y consecuentes amigos políticos del Presidente. Pero es de los que tienen opiniones propias.

Olivera ha tomado distancias de la Casa Rosada desde que, horrorizado, se notificó del nombramiento de Flamarique como secretario general de la Presidencia.

Flamarique perduró tanto como un suspiro en las funciones que asumió un viernes fatídico.

La larga renuncia de Santibañes está a tono con el estilo extravertido, tan poco convencional para un secretario de la SIDE, que perfiló desde el 10 de diciembre.

Santibañes se ha escandalizado con la forma en que la Sigen puso a la luz públicas cuestiones confidenciales de Estado. Otros podrían escandalizarse con él, ¿pero, por qué habrían de hacerlo, si al frente de la Secretaría de Inteligencia del Estado, por definición el área gubernamental donde se acopian los asuntos más reservados que atañen al interés nacional y se hace de la discreción y el secreto un oficio, hay abierto desde hace diez meses un grifo de notable locuacidad?

¿Y quién, sino Chacho Alvarez, ha competido en ese terreno con alguna posibilidad de compartir marcas?

El mundo financiero ha sido el principal sostén de Santibañes. Confía en sus ideas y lo admira por su consecuencia y por algunos rasgos de su personalidad, sobre todo por su interés en cuestiones educativas. Lo reconocen como un hombre generoso, pero de personalidad "compleja".

Algunos banqueros aseguran haber visto un retrato de Sarmiento colgado de una de las paredes del living de su departamento, algo que probablemente pocos argentinos hayan hecho en sus viviendas, a pesar del enorme prestigio del ex presidente.

"Pero cuando supimos de su designación nos extrañamos y nos preocupamos. Nunca imaginamos que Santibañes pudiera tener las condiciones para ser secretario de la SIDE", dijo a La Nación una fuente de la Asociación de Bancos Argentinos.

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