Apostillas

"Fernando, no mirés más"
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23 de diciembre de 2001  

  • Ruego. El jueves por la noche, de regreso en la residencia de Olivos, ya renunciado a la presidencia, De la Rúa estuvo solo con su familia. Cenó temprano y miró por televisión un largo rato las imágenes de su última jornada en el cargo: la violenta represión en Plaza de Mayo, la partida en helicóptero desde la terraza de la Casa Rosada, igual que Isabel Perón cuando fue desalojada por los militares en 1976... Esa imagen de su final lo atormentaba. "Fernando, no mirés más", le rogó su esposa. Se fue a dormir temprano.
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  • Inseguridad. El jueves, a las 11.30, cuando De la Rúa llegó a la Casa de Gobierno, se encontró con que la alfombra roja de la explanada había sido enrollada para poder cerrar la puerta de urgencia por los manifestantes. Lo recibió su secretario privado, Leonardo Aiello. "Si no salimos nosotros, nos van a matar ellos", le dijo. Decidieron permitir que los empleados de Casa de Gobierno se retiraran a sus hogares, por seguridad.
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  • Reclamo . Al mediodía, el todavía ministro del Interior, Ramón Mestre, reclamó a De la Rúa que cambiara el rumbo económico. De la Rúa no le respondió. Mestre dijo entonces que su renuncia, que le había presentado como todos sus colegas la noche anterior, era indeclinable.
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  • Velocidad . "Necesitamos una respuesta rápida", rogaba Colombo a los dirigentes peronistas por la tarde, pero éstos se negaban a cargar con la responsabilidad de la caída del gobierno, como quería De la Rúa. Mientras tanto, el renunciado ministro de Educación, Andrés Delich, hablaba con sus colegas de las provincias peronistas. Estos sí decían con todas las letras que el Gobierno estaba terminado, que un pacto con el PJ a esas alturas era imposible. "Ustedes son boleta", le dijo uno de ellos.
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