La Argentina, ¿atrapada en el Día de la Marmota?

Laura Di Marco
Laura Di Marco PARA LA NACION

Editorial de Laura Di Marco en LN+

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20 de diciembre de 2019  • 18:32

A continuación, sus principales conceptos:

  • Alberto Fernández estrenó su segunda semana en el poder dejando ver mucho más de su modelo. O más bien, a través de las medidas que toma, dejando ver una tradicional concepción de la Argentina peronista. Responde a esa pregunta inicial que todos nos hacíamos frente a la encrucijada dramática económica que tenemos: ¿de dónde va a sacar el dinero el Presidente para poner a la Argentina de pie, cuando el país carece de financiamiento externo y necesita urgentemente dólares para afrontar pagos de su deuda privada con los bonistas?
  • Si pudiéramos señalar a los "proveedores" de Alberto Fernández para hacerse rápidamente de dinero, esta lista está compuesta por: los acreedores externos, la clase media, el campo y la emisión monetaria en una dosis "razonable". Es decir, en una dosis que no genere una crisis híperinflacionaria de las muchas que vivió la Argentina. El día de la transición Miguel Pesce le consultó a su ahora antecesor, Sandleris, hasta cuánto se podía emitir legalmente según la Carta Orgánica del Banco Central. La Carta Orgánica es muy sencilla de modificar con mayoría simple en el Congreso. Fernández y su equipo de economistas plantean que lo que hace falta en el mercado son más pesos. Y que hay un margen para inyectarlos, a través de la emisión monetaria, sin que esa operatoria genere inflación. "Un jubilado con más plata en el bolsillo no se va a ir al dólar".
  • El planteo de fondo del team albertista es este: la inflación interanual acumulada es de un 55%, el doble de lo que se expandió la base monetaria. Ergo, es factible emitir con moderación sin que eso se traduzca en mayor inflación. Por el contrario, la inyección cuidadosa de pesos va a "lubricar" el mercado, un concepto que también respalda, paradójicamente, Carlos Melconian. La discusión no es para nada novedosa en la Argentina. Por el contrario, forma parte de un dramático debate que lleva décadas y que también se dio al interior del gobierno que se fue. Ante estos planteos, Hernán Lacunza respondía: "Aumentar la emisión puede funcionar, pero si se da en un clima de confianza. Y nosotros nos estamos yendo. Lo que hay que ver es la confianza que generan los que vienen".
  • La confianza es el ingrediente esencial para que cualquier programa económico funcione, porque el problema de fondo no son tanto las medidas que se toman sino que la gente te crea. Fernández hizo un paralelo entre tomar deuda y tomar alcohol. "¿A un alcohólico le recomendaríamos que siga tomando o que se abstenga?", dijo en una de sus entrevistas para argumentar que el nuevo gobierno no le va a pedir más dinero al Fondo. Sin embargo, la metáfora del alcoholismo también puede aplicarse a la inflación. Para los alemanes -y también para los israelíes- la inflación es sinónimo de Hitler porque solo en un contexto autoritario pudo germinar un proyecto monstruoso. Ellos aprendieron la lección, nosotros no.
  • Por momentos, la Argentina se parece a esa película de Bill Murray, "Atrapado en el tiempo" o "El Día de la Marmota" en su nombre original, una comedia que se ha vuelto un clásico de principios de los noventa y que tiene como protagonista a un hombre que se levanta siempre en el mismo día sin poder romper el ciclo del tiempo. Una especie de laboratorio vivo del eterno retorno. Así parecen los dilemas de la Argentina: con idénticas discusiones desde hace décadas, con sus mismos personajes y sus mismas encrucijadas.
  • Con la excusa de la declaración de una triple emergencia (sanitaria, social y económica) Alberto Fernández busca mayores poderes como presidente, superpoderes. ¿No recuerda esa exigencia a 2001, cuando se sancionó la ley de emergencia económica? Esa ley que iba a durar dos años y se prorrogó durante 14, lo hizo durante uno de los mayores ciclos expansivos de la economía.
  • Desde ya que la situación económica no es, ni de lejos, la de 2001. Sin embargo la oposición está convencida de que el gobierno de Fernández pretende, durante sus primeros meses de gestión, gobernar por decreto y obviar al Congreso. Fernández tiene la oportunidad de demostrar que no está atrapado en el ciclo del tiempo. Es decir, tomar de Néstor Kirchner lo mejor: hacer lo más difícil al principio, usar al máximo los 100 días de crédito de todo nuevo gobierno pero no abusar de poderes excepcionales. O al menos usarlos un tiempo razonable. Otra proveedora de dinero para Fernández parece que será la clase media con el aumento de la alícuota de Bienes Personales. ¿Un castigo para ese sector que no votó al Frente de Todos?
  • Se deja ver la grieta cultural: la Argentina productiva, más rica, versus la Argentina más empobrecida y a la vez más subsidiada. ¿El nuevo gobierno propone que la Argentina productiva financie a esa otra Argentina, la más vulnerable y a la vez subsidiada que votó por Cristina y Alberto Fernández? Así parece.
  • Fernández habla de un programa solidario de reactivación económica. Pide sacrificio y solidaridad. Pero, ¿se puede pedir solidaridad y sacrificio -que la clase media ceda de sus ahorros- cuando una parte de los aliados de Fernández tiene exfuncionarios acusados de robar dinero a ese pueblo que dicen amar?. Otra dificultad es el ataque que hace el kirchnerismo a esa clase media que es el verdadero motor de la economía argentina: la acusa de individualista, de gorila, de ser culpable de los problemas del país. Ataca la meritocracia como valor, esa ideología del progreso que fue la que impulsó a nuestros abuelos inmigrantes a superarse y construir una vida mejor.
  • En su segunda semana en el poder Alberto Fernández ya tuvo su primera huelga fruto de una interna peronista entre "Los Gordos" y Hugo Moyano, quien desde hace décadas es un factor determinante en la Argentina. Moyano está enojado porque se quedó fuera del reparto del gobierno y lo acusa a Roberto Fernández -líder de UTA- de haber hecho un pacto con Mauricio Macri. La oposición en la UTA es moyanista. Moyano le envió un mensaje al gobierno de Fernández, como antes le envió mensajes a gobiernos peronistas y no peronistas. Atrapados en el ciclo del tiempo.
  • ¿Y qué hará Macri? La oposición también afronta su propia grieta. Alberto Fernández se reunió esta semana con gobernadores radicales. Buscará seducirlos políticamente, como Macri buscó hacer con un sector del peronismo. El expresidente se irá durante enero a Villa La Angostura y se someterá a una operación de rodilla. En su entorno afirman que va a estar corrido un tiempo y que, durante su ausencia, se la va a ver muy activa a Patricia Bullrich, la nueva presidenta del Pro. La oposición tiene una demanda: la sociedad que los votó, ese 40 %, le pide que permanezcan unidos, aunque los incentivos para separarse van a ser muchos.

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