Armó una estrategia de victimización

La dejó en evidencia en la renuncia que redactó de puño y letra, a las 19, junto a Rodríguez Giavarini
Mariano Obarrio
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21 de diciembre de 2001  

El presidente Fernando de la Rúa presentó su renuncia ante el Congreso cuando supo que el justicialismo no aceptaría su convocatoria a un gobierno de unidad nacional, formulada pocas horas antes, para superar la falta de gobernabilidad en la que había caído su gestión.

En la Casa Rosada comenzó a palparse la dimisión desde anteayer, cuando se registraron saqueos a supermercados y sangrientas combates callejeros, que reclamaba la salida de todo el Gobierno.

El momento de la decisión final se produjo a las 19. "No vale la pena demorar más todo esto. No quiero causar más violencia; es urgente contribuir a la pacificación", dijo De la Rúa ante casi todos sus ministros.

Había redactado de puño y letra la renuncia ante su canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini, en un clima íntimo de congoja. Ocurrió poco después de su solemne discurso de convocatoria al PJ a un gobierno de unión nacional. Ya descontaba la respuesta negativa de todo el peronismo. El Presidente había hablado con el titular del PJ, Carlos Menem, y con los gobernadores, que le adelantaron su rechazo a un gobierno de coalición.

Pero la oferta al PJ fue la última maniobra del Presidente para montar una estrategia de victimización. "Pretendía poner su cabeza en manos de los dirigentes del PJ y responsabilizarlos de la caída", aseguraron a su lado.

Los primeros en recibir la noticia fueron el jefe del Gabinete, Chrystian Colombo, y los renunciantes ministros Adalberto Rodríguez Giavarini (Relaciones Exteriores), Ramón Mestre (Interior), Horacio Jaunarena (Defensa), Andrés Delich (Educación), Jorge de la Rúa (Justicia), Hernán Lombardi (Turismo), Héctor Lombardo (Salud) y el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo.

Por la mañana, De la Rúa había aceptado las dimisiones de Domingo Cavallo (Economía), Carlos Bastos (Infraestructura) y Armando Caro Figueroa, administrador federal de Ingresos Públicos (AFIP).

En un vano juego de nombrar un gabinete transitorio hasta obtener el rechazo del PJ, De la Rúa designó a Colombo a cargo de la secretaría Hacienda, Finanzas e Impuestos, que pertenecen a Economía. Y nombró a Gallo en Infraestructura y Servicios.

Una respuesta esperada

En la misma Casa Rosada sabían desde muy temprano que el Presidente no tenía salida. Pero poco antes de las 19, Gallo dijo a la prensa que De la Rúa "esperará a la respuesta del PJ, que se reúne en San Luis, desde las 20. Todavía no renunció ni redactó su renuncia". Debía respetar la estrategia presidencial.

¿No le parece que esperar tanto tiempo puede ser peligroso, por los muertos en las calles?, le preguntó LA NACION a Gallo. "Esto forma parte de una reflexión madura. De por medio está el futuro del país, no de un hombre. Damos un mensaje de tranquilidad", dijo.

Sobre el motivo de De la Rúa para ofrecer su renuncia, Gallo señaló que "el Presidente vio una realidad incuestionable en todo el país; es difícil gobernar con las mayorías justicialistas en las cámaras con propuestas diferentes a las del Gobierno".

En las horas previas, el vocero del Gobierno, Juan Pablo Baylac, confió a LA NACION que "si los bloques legislativos no aceptan el gobierno de unidad nacional, el Presidente renuncia esta tarde". Y ése fue el espíritu del discurso presidencial de la media tarde en la Sala de Conferencias de Balcarce 50.

Desde temprano, por las gestiones en el Congreso, era claro que el PJ no aceptaría aliarse a De la Rúa en medio del caos.

Desde anteayer, contaron altas fuentes del gabinete, De la Rúa manejó dos alternativas. "O un gobierno de unidad nacional o una denuncia de todos los referentes del activismo. Lo otro era la salida lisa y llana de todo el Gobierno", reseñó un ministro. "Se optó por convocar a la unidad, porque teníamos la última esperanza de la reunión con los gobernadores, que se frustró. Si los denunciábamos rompíamos la unidad", dijeron.

Incluso, circularon entre los ministros informes de inteligencia que involucrarían a altos dirigentes peronistas en el estallido social. "Los referentes de la agitación son Carlos Ruckauf y sectores del menemismo. Usted sabe que el peronismo tiene una lógica militar. Los radicales tenemos una abogadil ", se lamentó el miembro del gabinete.

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