Astiz quedó libre y ahora veranea en Mar del Plata

Había estado preso durante 32 días
Había estado preso durante 32 días
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31 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Alfredo Astiz está otra vez con sus padres, en el chalet que la familia tiene en Playa Grande. Atrás quedaron las 32 jornadas que pasó detenido en una dependencia reservada de la Base Naval de Mar del Plata, a pasos de la playa que frecuenta con asiduidad y muy cerca de la vivienda que volvió a acogerlo.

Sin embargo, sabe que no podrá alejarse demasiado de dicho santuario pues no sólo está en la mira de magistrados de Suecia, España, Francia e Italia; a sus vecinos tampoco les hace mucha gracia encontrarlo en alguno de los rincones del balneario.

Aunque en los últimos seis meses logró sortear dos extradiciones, cada libertad que se le concede lo devuelve a un espacio más y más reducido, a pesar de la ausencia de los barrotes y los carceleros.

Fantasmas en la noche

La madrugada del 27 de diciembre último los viejos fantasmas lo arrancaron de la casona de Playa Grande para sentarlo frente al juez federal Sergio Torres, que reaccionó ante un pedido de la justicia sueca y dispuso su detención.

Otra vez lo alcanzaba el espectro de Dagmar Hagelin, la muchacha asesinada hace 25 años, crimen que se le adjudica prácticamente desde entonces, a despecho de que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas lo absolvió convencido de que "no estaban probados esos hechos que se le imputan al capitán Astiz".

Así, en un tris, volvía a convertirse en "el ángel de la muerte", "el ángel rubio", Cuervo o Gustavo Niño, los nombres de guerra que le dio la dictadura.

Con todo, ahora debió esperar un nuevo fallo, otra vez firmado por el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, devenido canciller por la ausencia momentánea del titular de esa cartera, Carlos Ruckauf.

Hasta la hora de tal desenlace, ocurrido el lunes último, cuando se conoció el rechazo al pedido de extradición de la justicia nórdica, Torres lo devolvió a su ciudad natal el 28 de diciembre, donde pasó 32 días alojado en una celda reservada de la Base Naval marplatense.

A pasos del toldo familiar

"El ciudadano Astiz no fue destinado a un calabozo, pero estuvo bajo custodia permanente en un espacio restringido, sin privilegios, hasta que el señor juez dispuso su traslado a Buenos Aires", explicó a LA NACION una calificada fuente de la Armada.

Allí, fue visitado sólo por sus íntimos y dicen que cuando salía del cuarto asignado, a tomar aire y estirar las piernas, hasta él llegaban los ecos del balneario Yatch Club, de Playa Grande, complejo que la Escollera Norte separa de la unidad militar y en el que la familia del ex capitán de fragata alquila un toldo desde hace años.

El lunes por la noche llegó a la Base Naval un escrito del juez Claudio Bonadío, subrogante de Torres, en el que se ordenaba trasladar al cautivo a Buenos Aires a primera hora del día siguiente.

El martes, a las 9, una comisión de la Armada partió por tierra para la Capital para hacer efectivo tal mandamiento.

Esa misma noche Astiz regresaba a Mar del Plata y volvía a dormir en su cama, en Playa Grande. Libre, pero muy cerca de los fantasmas que lo persiguen desde hace 25 años.

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