Bonafini se queda con el Liceo Naval

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Lo usará para una escuela de militantes
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21 de noviembre de 2007  

Más de tres años pasaron desde el acto del 24 de marzo de 2003 y esta nueva convocatoria en el mismo lugar. Y el museo de la ESMA sigue sin funcionar. Ahora se dice en fuentes oficiales que el archivo de la memoria, una dependencia administrativa de la Secretaría de Derechos Humanos, quedará abierto el mes próximo. Nada más se espera por un tiempo. Pero sí hubo un cambio importante: gran parte de la ESMA fue finalmente entregada a las Madres de Plaza de Mayo, línea de Hebe de Bonafini.

Esa es una modificación sustancial, porque en estos tres años se sucedieron las discusiones entre los organismos de derechos humanos sobre el destino que se daría al predio que ocupaba la Armada. Bonafini se fue de esos debates porque la idea que estaba más fortalecida era la de recordar allí al terrorismo de Estado. Ella pretendía, y lo dijo públicamente, que el espacio fuese utilizado para formar nuevas generaciones de militantes sociales. Lo logró.

Los edificios ocupados hasta hace unos meses por el Liceo Naval quedarán en manos de la organización de Bonafini.

Cada día más cercana al gobierno kirchnerista, fueron muchas las concesiones que consiguió de las autoridades nacionales Bonafini. Su fundación maneja fondos por más de 40 millones de pesos salidos de las arcas públicas. No es raro entonces que para manejarlos se convocase a Felisa Miceli, la ex ministra de Economía.

La Secretaría General de la Presidencia deriva fondos de manera casi constante para la Fundación Madres de Plaza de Mayo. También lo hace para la cuenta bancaria de Abuelas de Plaza de Mayo, comandada por Estela de Carlotto, que en el último año recibió más de 4 millones de pesos del Gobierno, según asignaciones que figuran en la rendición de gastos de la Casa Rosada. Tanto Carlotto como Bonafini estuvieron ayer en la primera fila del acto.

Apurados para evitar que la gestión de Mauricio Macri de marcha atrás con este proyecto, los funcionarios anunciaron ayer que el museo ocupará sólo el Casino de oficiales, lugar donde se cometieron las sesiones de tortura en la dictadura. El resto de los 32 edificios quedarán en manos de los organismos de derechos humanos que aceptaron las condiciones de Bonafini.

Más allá de los papeles firmados ayer, Macri tendrá que ver con los futuros pasos en la ESMA, ya que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires integra la comisión tripartita del museo. Y no es menor el dato de que uno de sus principales hombres para la gestión porteña es Guillermo Montenegro, que no sólo fue juez federal sino también entrenador del equipo de rugby de egresados del Liceo Naval, justo la institución cuyas aulas serán ocupadas por Bonafini.

Por lo menos, aparece como dudosa la obligada convivencia entre el macrismo y la Fundación Madres de Plaza de Mayo, que no sólo tendrá foco en la ESMA, sino también en la empresa de construcciones regenteada por Bonafini con fondos de la ciudad de Buenos Aires y cuyos trabajadores fueron ayer sumados en ómnibus a la tribuna de la ESMA.

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