Brinzoni habló de "intriga política"

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
En su último discurso como jefe del Ejército advirtió sobre los peligros de que las internas partidarias lleguen a los cuarteles En el regimiento Patricios se despidió con un duro mensaje Señaló que la despedida le duele porque las razones del relevo "fueron inexplicadas"
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29 de mayo de 2003  

El automóvil lo llevaba a la última formación militar propia. El hombre pidió sus anteojos de lectura que lleva en un estuche mínimo, tomó una lapicera y retocó por enésima vez el discurso final. Como lo hace siempre para darle un tono más personal al mensaje que otros escriben bajo sus directivas. El teniente general Ricardo Brinzoni agregó en ese trayecto hasta el regimiento Patricios una idea con la que apuntaló su discurso: la lealtad es con la Constitución, "no con los partidos políticos".

El jefe del Ejército relevado por el presidente Néstor Kirchner dio ayer el mensaje que quería. Delante de los generales que pasarán a retiro y de aquellos que conducirán la fuerza fue concreto en su definición: "La intriga cuartelera hacia la política fue erradicada de la vida argentina. La intriga política sobre los cuarteles es tan riesgosa como la anterior y parece regresar después de 20 años. Nada nos alejará del objetivo militar que es inmutable".

Los militares sintieron el golpe del primer intento presidencial por mostrar autoridad. Los oficiales que dejaban su uniforme sólo hablaban de una medida "irracional". También de los replanteos internos necesarios. "Reemplazamos al Gobierno en los lugares donde no hacía nada, como en Tucumán y en Santa Fe. Y nos pagan así...", se lamentaba uno de los generales más importantes de los últimos años.

Como una respuesta directa

Al cimbronazo de los cambios siguió rápido el choque verbal de Aníbal Fernández, que explicó unos días atrás que las reasignaciones militares eran necesarias porque las Fuerzas Armadas no estaban plenamente integradas en la democracia. Al señalamiento del ministro del Interior pareció darle respuesta institucional Brinzoni.

"Duele esta despedida. No por lo personal, sino por las circunstancias inexplicadas que la enmarcan", arrancó el ahora ex jefe del Ejército.

La voz de Brinzoni se entrecortó por momentos. La emoción era visible en muchos rostros. Fue al mirar a sus espaldas a los hombres que dejan también la fuerza.

Calificó esa situación como "lamentable para el Ejército que los capacitó y que había depositado fundadas esperanzas en sus cualidades". Recordó que todos ellos fueron promovidos con el acuerdo del Senado. Y no dejó pasar el aviso sobre lo que sucedió en diciembre de 2001: "Todos ellos han dado repetidas muestras de eficiencia y lealtad a la instituciones de la República, aún en instancias políticas inestables como las que vivimos recientemente".

Kirchner apresuró los cambios para evitar el discurso de Brinzoni en el Día del Ejército, que se celebrará hoy. No pudo evitar que delante de su ministro de Defensa, José Pampuro, Brinzoni advirtiese a su fuerza de los peligros de regresar a la vida política nacional.

"El árbol del rencor no da frutos. No es posible avanzar mirando por un espejo retrovisor", dijo.

Agregados militares extranjeros escucharon también ese mensaje. Los generales aplaudieron en el final, rompiendo el protocolo, al igual que el ex ministro Horacio Jaunarena y los otros tres jefes que dejarán el mando, el teniente general Juan Carlos Mugnolo, el almirante Joaquín Stella y el brigadier Walter Barbero. Para todos había dicho lo que debía decirse.

A las 11.45 Brinzoni saludó al nuevo jefe del Ejército, el general Roberto Bendini. Había finalizado su último discurso, el más directo de su gestión, el primero en el que hizo eje profundo en los problemas entre militares y políticos. El que quizá nunca quiso pronunciar.

En la recepción posterior a esas palabras los mandos castrenses coincidieron con la visión de Brinzoni. La sensación colectiva entre los oficiales es que "golpear al Ejército es fácil y barato, porque no hay forma de protestar", resumía así uno de los hombres que se mantendrá en la actividad.

Para colmo, unos cuantos generales todavía no sabían en la tarde de ayer qué les depararía el destino. Uno de los oficiales que realmente saben que pasa minuto por minuto -tal la velocidad de las gestiones- confirmaba a LA NACION pasadas las 13 que el general Mario Chretien era el subjefe de la conducción elegida por Bendini.

Pero lo que tenía que ser un trámite interno del Ejército, la elección de los próximos mandos en cada puesto, se transformó en un tema que el mismo presidente Kirchner quería resolver. Y antes del discurso de Brinzoni no había tomado decisión alguna.

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