Camaño, un dialoguista para manejar Diputados

Es el rasgo distintivo del próximo titular de la Cámara baja
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3 de diciembre de 2001  

Un retrato de Juan Manuel de Rosas domina su amplio despacho en el tercer piso de la Cámara de Diputados, donde se aloja el bloque justicialista. No disimula su admiración por este controvertido personaje de la historia argentina: destaca que sus raíces populares y tradicionalistas. Y él se siente reflejado en esas cualidades.

Eduardo Oscar Camaño es un peronista de alma. Quilmeño de toda su vida, a este diputado bonaerense se lo reconoce como un ejecutor, un político nato, que prioriza el diálogo frente a la confrontación. Estas virtudes lo convirtieron en un hombre clave en la conducción del bloque del PJ y, más recientemente, en la figura elegida por sus compañeros para ocupar, a partir de pasado mañana, la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación.

De esta forma, el PJ consumará su ambición más cara desde que debió asumir su papel de oposición: imponer el sello peronista al Poder Legislativo, al que controlará en forma absoluta.

Camaño no es un hombre conocido para el gran público, pese a su condición de hombre clave en el cuerpo. El mismo lo quiso así; cultiva adrede un bajo perfil y rehúye de los flashes. No cree que la excesiva exposición pública sirva para escalar posiciones políticas. Prefiere la estrategia de la búsqueda del acuerdo, aunque en tono reservado. Y, hasta ahora, no le ha ido mal: no sólo ocupará uno de los cargos institucionales más relevantes (que se convertirá en el segundo en la línea de sucesión presidencial por la falta de vicepresidente), sino que, puertas adentro de su partido, es uno de los hombres de mayor confianza de Eduardo Duhalde.

Como sucedió el jueves último en el Senado con la asunción del justicialista Ramón Puerta (Misiones) como presidente provisional del Senado, el radicalismo resistirá la postulación de Camaño. Su preocupación no es menor: es la primera vez, desde 1983, que un signo opositor al gobierno dominará ambas cámaras legislativas. En la Cámara baja, el PJ tendrá la primera minoría y, en virtud de ello, peleará por todo, no sólo por la presidencia (que ya está asegurada en su favor) sino también por el control de la mayoría de las comisiones, primeras gestoras de las leyes.

Pero nada es gratis. La situación política y económica del Gobierno es más que delicada y al justicialismo se le presentan dos caminos: procurar apuntalar desde el Congreso al presidente Fernando de la Rúa o reforzar su actitud de oposición, obstaculizando las leyes que no comparte con el Poder Ejecutivo e impulsando sus propios criterios.

El debate del presupuesto para el año próximo -si es que el Ministerio de Economía se decide a enviarlo al Congreso- será la prueba de fuego más palpable. Ante el anuncio de un fuerte recorte en los gastos, el PJ en el Congreso se enfrenta a un dilema: o lo avala para preservar la gobernabilidad (aunque así se convertiría en "cómplice" del ajuste, según califican algunos) o impone su propio presupuesto (con lo que empujaría al Gobierno al abismo, reflexionan otros).

El camino del justicialismo hacia la recuperación del poder no estará libre de espinas, reconocen sus dirigentes.

Fiel a los compromisos

Es por esta coyuntura que el cargo que asumirá Camaño adquirirá particular importancia. El legislador justicialista no le teme al desafío y apostará a su táctica de siempre: el diálogo y el acuerdo.

Los mismos radicales reconocen que éstas son las virtudes principales que le permitieron a Camaño ser considerado uno de sus mejores interlocutores en la Cámara.

"Siempre busca el consenso para que el cuerpo funcione, más allá de las diferencias. Respeta los compromisos; si promete algo, procura cumplirlo como sea. Va de frente; aunque no compartamos criterios, no irá con un puñal por la espalda. Es un hombre leal", lo elogió uno de sus pares de la UCR.

Pero este mismo legislador se permitió dudar si Camaño seguirá en esta línea cuando asuma su cargo. "¿Cómo hará funcionar la cámara frente a un gobierno de otro signo político? ¿Se hará responsable si las leyes que se necesitan no salen?", se preguntó, sin ingenuidad.

Camaño confía en sus dotes de ejecutor. Ya acumuló experiencia durante su gestión como intendente de Quilmes.

"Es hiperactivo. Recuerdo una vez que, como intendente, movilizó a 3000 personas frente al Congreso para pedir por la creación de la Universidad de Quilmes. Le dijeron que el presidente de la Comisión de Presupuesto (por entonces Jorge Matzkin, justicialista) estaba en un almuerzo en el Banco Central. Fue hasta allá. Como no lo conocía, preguntaba a quien se le acercaba: Ô¿Usted es Matzkin?´, hasta que lo encontró. Y consiguió la partida presupuestaria que necesitaba", rememoró, entre risas, uno de sus más fieles allegados.

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