Cambiemos cierra el año preso de una profunda convulsión interna en Diputados

La frustrada ley antibarrabravas y de la que regulaba el financiamiento de campañas evidenció las grietas entre Pro, la UCR y Carrió
La frustrada ley antibarrabravas y de la que regulaba el financiamiento de campañas evidenció las grietas entre Pro, la UCR y Carrió Fuente: Archivo - Crédito: Hernán Zenteno
Laura Serra
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26 de diciembre de 2018  

El interbloque de diputados de Cambiemos , que otrora se exhibía como ejemplo de coordinación y de efectividad en la sanción de los proyectos del Poder Ejecutivo, termina el año sumergido en una profunda convulsión interna. Esta situación -que amenaza con agravarse- le impidió al Gobierno alzarse con las únicas dos leyes que pretendía para estas sesiones extraordinarias del Congreso: la que sanciona a los barrabravas y aquella que regula el financiamiento de las campañas .

La frustrada sanción de la ley contra los barrabravas dejó en evidencia cómo las diferencias y el malestar dentro del oficialismo torpedearon un proyecto de su propio gobierno. El detonador del conflicto fue una cláusula que pretendía incorporar la diputada Elisa Carrió y su bloque de la Coalición Cívica, que declaraba incompatible el ejercicio de la función pública con ser directivo de un club de fútbol.

El kirchnerismo, el Frente Renovador y un sector del PJ no kirchnerista estaban de acuerdo. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich , había dado también su aval. Todo se encaminaba hacia una votación que iba a poner en aprietos a numerosos funcionarios de los tres poderes del Estado, que actualmente tienen algún vínculo con los clubes.

Sin embargo, el artículo no llegó a discutirse en el recinto. El debate ya venía complicado: si bien la iniciativa se había aprobado por unanimidad en general, desde el vamos la oposición insistió en modificar la letra fina. Asediada, la diputada Gabriela Burgos, miembro informante del oficialismo, hacía esfuerzos ingentes para preservar el texto original, en particular la escala penal allí propuesta para castigar a los barrabravas y a los directivos de los clubes que fuesen cómplices. En medio de ese trajín, legisladores del oficialismo empezaron a circular por las bancadas opositoras; discretamente querían tantear la posibilidad de que el proyecto volviese a comisión.

Quien tomó la posta fue Martín Lousteau (Evolución Radical). "Creo que lo mejor es que el tema vuelva a comisión", enfatizó. Emilio Monzó , presidente del cuerpo, que advertía el descontrol en que se había convertido el recinto, aceptó raudo someter la propuesta a votación; a nadie le pasó inadvertido que minutos antes había bajado del estrado para conversar, en voz baja, con Lousteau.

El diputado Juan López, de la Coalición Cívica, pidió pasar a un cuarto intermedio para encarrilar el debate. Fue en vano: ya no había voluntad de continuar. "Esto es un descontrol, no se puede seguir", espetó Nicolás Massot , jefe de bloque Pro.

Para peor, pocas horas antes el Senado había anticipado que no trataría el proyecto al día siguiente y que postergaría el debate para el año próximo. Fue el golpe de gracia que terminó por frustrar la ley.

La moción de Lousteau se aprobó con el voto opositor. El interbloque Cambiemos votó por la continuidad del debate e hizo oídos sordos a la propuesta de Massot de abstenerse. Fue el único en hacerlo y se desmarcó, así, del resto del interbloque.

"La ley de barras fracasó porque ganó la 'rosca'", despotricó en su cuenta de Twitter la diputada Paula Olivetto, alter ego de Carrió.

Este episodio refleja a las claras las complicaciones internas y externas que padece el interbloque oficialista. Este fue el año de menor producción legislativa desde 1983, un déficit que se explica no solo por la condición de minoría de Cambiemos en el Congreso , sino también por las fuertes discrepancias que afloraron entre los socios de la coalición oficialista.

El desgaste de los años

Cambiemos exhibe hoy, a diferencia de los dos años anteriores, una estabilidad por demás frágil, y así se reflejó en el Congreso. Los fuertes embates de Carrió contra el ministro de Justicia, Germán Garavano , y contra la gestión del Gobierno en materia judicial e institucional tensaron a tal punto la relación que el presidente Mauricio Macri congeló todo contacto con la líder de la Coalición Cívica. El enojo mutuo provocó que se frustrara la sanción de la ley de financiamiento de las campañas: Carrió, contraria al aporte de empresas, la postergó para 2019.

El radicalismo, menos estruendoso que Carrió, también exhibió lo suyo al cuestionar de viva voz el aumento de las tarifas ordenado por el Gobierno, que se vio obligado a dar marcha atrás. Pero la frustración mayor de la UCR fue haber perdido un lugar en el Consejo de la Magistratura en manos del peronismo, revés que le achacó al Gobierno y en particular al ministro del Interior, Rogelio Frigerio , a quien ven demasiado cercano a los gobernadores peronistas.

Puertas adentro de Pro las aguas tampoco están quietas. Monzó, un consecuente de la "rosca" política junto a Massot y Frigerio, insiste en que Cambiemos debe abrir sus puertas a un acuerdo con el PJ para garantizar mayorías parlamentarias en 2019, idea que el sector que encarna el jefe de Gabinete, Marcos Peña, rechaza con firmeza, junto a la UCR y a la Coalición Cívica. Tan es así que Carrió no asistió a la reelección de Monzó como presidente del cuerpo. "Nosotros nunca vamos a formar parte de ninguna rosca", respondió Carrió.

Monzó ya anticipó que no renovará su banca el año próximo; detrás de él partiría también Massot. Es dudosa, también, la continuidad de Mario Negri , radical y jefe del interbloque Cambiemos. Esta inestabilidad en el bloque, que se desnudó con crudeza en la última sesión del año en la Cámara baja, anticipa un 2019 todavía más complejo.

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