¿Cambio o crisis de gabinete?

Rosendo Fraga
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12 de diciembre de 2009  • 01:24

Cambiar el gabinete es un buen recurso político para renovar equipos, crear expectativas, sumar nuevos aliados, mostrar nuevas caras ante la opinión pública.

En el caso del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, la oportunidad para hacerlo no puede ser mejor: hoy es el primer día de la mitad de su mandato y ello podría llevar a conjeturar que se trata de un cambio meditado para relanzar el gobierno con nuevos bríos.

Pero una crisis de gabinete, es cuando hechos inesperados o los efectos del desgaste acumulado, precipitan su modificación.

Lo que ha sucedido en la provincia de Buenos Aires parece insertarse en esta segunda interpretación: se trata de una crisis y no de un cambio.

Dos parecen ser lo factores que lo han precipitado.

En la categoría de hecho inesperado encuadra la creciente demanda por la inseguridad pública y el efecto que el llamado caso Pomar ha tenido en la opinión pública, al poner en evidencia las deficiencias de la fuerza provincial bonaerense.

En la categoría de desgaste acumulado entra la renuncia de José Scioli, el hermano del gobernador, quien se alejaría desconforme con el sometimiento político a Néstor Kirchner, al que está sometido el gobernador.

En este caso, la imposición por parte del ex presidente de la reforma política provincial a la nacional, en contra del interés electoral de la estructura territorial de los intendentes justicialistas del conurbano, puede haber hecho estallar el problema.

Al precipitarse ambas circunstancias se han encadenado otras renuncias, generadas por críticas o desgastes anteriores.

Cuando el oficialismo tenía por delante la elección del 28 de junio, Daniel Scioli era necesario con su candidatura testimonial para reforzar las posibilidades de Kirchner, que igualmente fue derrotado por Francisco de Narváez.

Pero ahora, cuando no hay elecciones en el horizonte, no tiene la misma atención del gobierno nacional, más interesado en asegurar el poder que el consenso.

Scioli puede ahora aprovechar la oportunidad para tomar distancia de Kirchner- lo que parece ser su convicción íntima- o bien dar una nueva muestra de subordinación política, como lo ha venido haciendo en los últimos tiempos.

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