Cambios en el IVA para salir de la recesión

Por Juan J. y Lucas Llach Especial para La Nación
(0)
28 de octubre de 2000  

En economías con fácil acceso al crédito y tasas de interés internacionales, las distorsiones asociadas al IVA -que se mostraron ayer- son menores que en aquellos países con intereses más altos.

En casos como el argentino, con una seria restricción crediticia, que impide a muchas empresas cualquier tipo de acceso al crédito, y con altísimas tasas de interés, el financiamiento del IVA por parte de los contribuyentes se convierte en un importante costo de producción que, además, actúa en cascada, contrariamente a lo supuesto en el IVA de libro de texto.

Todas las empresas argentinas tienen en su activo un crédito fiscal inmovilizado de por vida, creciente a medida que su actividad crece y que deben financiar a tasas de interés muy altas.

Ciertas prácticas made in Argentina engruesan el monto de este crédito.

En los nodos de las cadenas productivas se han establecido retenciones, percepciones y pagos a cuenta que han determinado que muchas empresas acumulen en su favor créditos fiscales por IVA compras que podrán descargar o recuperar... el día del juicio final.

Esta distorsión afecta con especial intensidad al sector agropecuario.

Es cierto que hoy tienen parcial vigencia distintos atenuantes de la acumulación de créditos fiscales por inversiones y exportaciones.

Por ejemplo, el financiamiento del IVA de compras de bienes de capital, las posibilidades abiertas por la ley de leasing (aún no reglamentada), los regímenes especiales de devolución rápida del IVA exportaciones o las facilidades recientemente anunciadas para la devolución del IVA a la inversión.

Sin embargo, la complejidad para acceder a estos regímenes implica frecuentemente la contratación de consultores y gestores.

Ricardo Gutiérrez ha estimado que los créditos fiscales adeudados por el Estado alcanzan a 6000 millones de pesos, incluyendo los originados en inversiones y exportaciones.

Si se incluyen los créditos fiscales intramensuales, el monto puede llegar al doble de aquel valor, implicando, a una tasa de interés del 15 %, un costo financiero para la economía privada, originado en la existencia del IVA, de 1800 millones de pesos anuales.

Un impuesto al consumo

Todas las distorsiones apuntadas se removerían simultáneamente reemplazando el IVA por un impuesto al consumo de bienes y servicios, excluyendo así, por definición, a las materias primas, los insumos y los bienes de capital.

El rasgo más notable de este impuesto al consumo (IC) es que ¡no sería otra cosa que un IVA con devolución instantánea del IVA compras, es decir, el IVA de los libros de texto!

Desde el punto de vista de la distribución del ingreso de las familias no habría mayores alteraciones, ya que también el IVA es un impuesto que pagan los consumidores.

El IC tendría dos ventajas, adicionales a la eliminación del mencionado sobrecosto financiero, de gran importancia.

En primer lugar, simplificaría drásticamente el pago de impuestos, logro que debería completarse, dicho sea de paso, con una pareja simplificación en ganancias.

Pagar impuestos en la Argentina es increíblemente complejo, la producción de regulaciones por parte de la AFIP es incesante y todo esto representa un sobrecosto significativo para las empresas, además de generar innumerables oportunidades de corrupción.

Adecuado a un país federal

En segundo lugar, tal como se observa en los EE.UU. y en Australia, que se manejan muy bien sin IVA, el IC aparece como un impuesto más adecuado para un país federal.

Su implantación facilitaría notablemente su integración con el impuesto provincial a los ingresos brutos y, en una segunda etapa, la cesión gradual de este impuesto a las provincias en el marco de la nueva ley de coparticipación federal.

Una vez superados los prejuicios aprendidos, pero falsos, acerca de la neutralidad del IVA, la principal crítica a nuestra propuesta que quedaría en pie sería la de que el IVA tiene un incentivo antievasión del que carece el IC, en tanto induce a declarar las ventas para poder así descargar el IVA contenido en las compras realizadas.

Pero, nuevamente, esto ocurre más bien en los libros de texto o en países que no tengan las distorsiones administrativas y financieras del nuestro.

La acumulación de créditos fiscales por parte de productores, inversores y exportadores conlleva hoy el incentivo contrario, a saber, el de negrear las compras para no seguir acumulando créditos fiscales probablemente incobrables.

La transición: del IVA al IC

Dado que la base imponible del IC, el consumo privado, puede estimarse en 180.000 millones, y suponiendo una evasión del 20 %, bastaría una alícuota del 13 % -o quizá algo mayor si se mantienen exenciones- para reemplazar la actual recaudación del IVA, cercana a los 19.000 millones de pesos.

En un contexto de tenaz combate a la evasión y de crecimiento de la economía, esta alícuota podría disminuir gradualmente hasta un 10 por ciento.

Un sistema de retenciones

En una primera etapa, el IC quizás debería conservar la actual "rusticidad" del IVA, que impide acreditar fiscalmente gastos tales como los vinculados con automóviles, representación, etcétera.

La transición podría facilitarse, asimismo, estableciendo un sistema de retenciones en la etapa inmediatamente anterior a la venta minorista, mucho más sencillo que el actual y no distorsivo.

Para evitar la creación de un "agujero negro fiscal" en las etapas intermedias podría obligarse a todas las empresas en tal situación a presentar a la AFIP, simplemente, una declaración mensual de ventas y compras.

Los créditos fiscales acumulados existentes al momento de la reforma podrían devolverse natural y gradualmente los originados en operaciones corrientes, incluyendo las inversiones y las exportaciones y, por otro lado, con una programación cierta los originados en los sistemas de retenciones de la AFIP.

La propuesta aquí formulada no es excluyente del programa de eliminación gradual de los impuestos distorsivos recientemente anunciado (intereses, contribuciones patronales, renta presunta) que, de todos modos, debe llevarse a cabo.

Efectos sobre la economía

Los impactos de la reforma propuesta sobre la economía serían muy favorables.

En primer lugar, se produciría un cambio sustancial en los precios relativos.

Si clasificamos los bienes producidos en el país entre exportables, no transables e importables, tendremos:

1.-Exportaciones. Tal como ocurría cuando disminuían las retenciones, o cuando fueron eliminadas, el precio interno de los bienes exportables tendería a subir: la mejora en las condiciones para las ventas externas daría aire para que se exija un precio mayor en el mercado interno, porque de otro modo sería más rentable enviar toda la producción hacia el exterior.

Por otro lado, se beneficiarían con la caída de costos internos que se explica a continuación.

2.- Bienes y servicios internos. En el caso de los bienes que no se comercian internacionalmente, el efecto es inverso.

La caída en los costos -o, visto de otro modo, la mejora en la rentabilidad- provocaría, por las fuerzas de la competencia en una economía ya nada desacostumbrada a deflaciones sectoriales o globales, una disminución en los precios de venta.

En las actividades productoras de insumos que no compiten con las importaciones, esta baja de costos se transmitirá hacia adelante en la cadena de producción.

3.- Importables y sustitutos de importaciones. En cuanto a los bienes importados o que sustituyen importaciones, no habría motivos para que sus precios cambien.

Pero ya que caerían los costos financieros asociados al IVA, y dado que disminuirían también los precios de los insumos que no compiten con importaciones, la rentabilidad de las actividades sustitutivas de importaciones aumentaría.

En síntesis, el efecto sobre los precios relativos del reemplazo del IVA por un impuesto a las ventas internas de bienes de consumo es, entonces, comparable al de una devaluación, con un par de salvedades cruciales.

En primer lugar, no habría una presión alcista sobre los costos de producción de bienes no comerciables, porque la reducción de los costos financieros y de los precios de ciertos insumos compensaría cualquier efecto inflacionario de aquellos otros insumos (los exportables) cuyo precio relativo mejorara.

En segundo lugar, lejos de tener los efectos catastróficos sobre las finanzas públicas y privadas que sí tendría el abandono de la convertibilidad, lo más probable es que con el reemplazo del IVA ocurriría exactamente lo opuesto.

Para entenderlo, es bueno pensar los efectos de la reforma sobre la inversión.

Estos no se agotan en el aumento de la inversión en sectores exportables y sustitutivos de importaciones por la mayor rentabilidad.

Toda la inversión de la economía aumentaría por la caída del precio de los bienes de inversión asociada a la eliminación del IVA sobre los mismos.

En fin, al percibir todos los inversores potenciales que la economía argentina estaría en mejores condiciones para crecer, aumentando su competitividad y manteniendo el objetivo de equilibrar las cuentas públicas, ocurriría el salto inversor necesario para que el país se libere de la trampa de la recesión.

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.