Cámpora, presidente a la sombra de Perón

Su asunción, el 25 de mayo de 1973, fue el fin de 18 años de proscripción del peronismo; la violencia se desataría poco después
Jaime Rosemberg
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25 de mayo de 2003  

Hace treinta años, otro dirigente peronista recibía los atributos presidenciales y se convertía en primer mandatario gracias al voto popular.

La fecha y el origen partidario parecen ser las únicas similitudes entre Héctor J. Cámpora y Néstor Kirchner, aunque algún comentarista pueda subrayar que ambos llegaron al poder con votos prestados: uno con los que, en mayo de 1973, se mantenían fieles a su líder histórico, Juan Perón; el otro, en mayo de este año, con quienes respondieron al presidente saliente, Eduardo Duhalde.

Aquel 25 de mayo de 1973 amaneció sin una nube. Desde hacía rato, miles de personas esperaban en la Plaza de Mayo el retorno de la democracia, luego de 18 años, con la asunción de la fórmula Cámpora-Solano Lima, consagrada en las elecciones del 11 de marzo de ese año con casi el 50 por ciento de los votos.

Tanto entonces como hoy, el necesario ballottage no llegó a materializarse. En 1973, la fórmula radical, encabezada por Ricardo Balbín, reconoció su derrota; en 2003, fue el ganador de la primera ronda, Carlos Menem, quien allanó el camino de Kirchner.

Aquel viernes 25, muy temprano, Cámpora prestó juramento en el Congreso, y pronunció un encendido y extenso discurso en el que sentó las bases de su futuro gobierno. "Mi reconocimiento al general Perón, el conductor por antonomasia", dijo en uno de sus primeros párrafos, para darles la razón a quienes lo veían como un "títere" del entonces veterano líder. Odontólogo devenido político, responsable durante diez años de la bancada peronista en Diputados, Cámpora combinó palabras de confrontación con apelaciones a la unidad. "Terminaremos con el saqueo de los intereses extranjeros", expresó, a tono con el ambiente antinorteamericano que se vivía en las calles. "La violencia decaerá. La paz prevalecerá. Consagraremos la unidad nacional", advirtió el dirigente, a quien las organizaciones armadas llamaban cariñosamente El Tío.

Aplausos y silbidos

A partir de las 11, comenzaron a llegar a la Casa Rosada los invitados a la entrega del mando. Según las crónicas de la época, hubo aplausos para los presidentes socialistas de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, mientras el secretario de Estado norteamericano, William Rodgers, enfrentaba los abucheos de la multitud. Inmensas banderas de la organización Montoneros y de las Fuerzas Armadas Peronistas se destacaban en la plaza repleta, mientras integrantes de la Juventud Peronista pedían calma a quienes intentaban forzar la puerta de entrada de Balcarce 50 y agredir a los granaderos apostados a pocos metros.

Cámpora llegó en helicóptero. "Era una verdadera marea humana", recordó a LA NACION Juan Carlos Dante Gullo, entonces titular de la Juventud Peronista y uno de los encargados de la organización de aquella jornada.

"Lo recibimos con júbilo: era la vuelta al poder, después de tantos años de lucha", recordó el sindicalista Jorge Triacca, entonces secretario del líder de la CGT, José Ignacio Rucci.

Rodeado de dirigentes que hacían la "V" de la victoria, Cámpora recibió del entonces presidente, Alejandro Lanusse, el bastón de mando y la banda presidencial. "Se van, se van, y nunca volverán" enloqueció la plaza cuando Lanusse se retiró, también en helicóptero, de Balcarce 50.

Todo era algarabía, gritos y empujones cuando Cámpora tomó juramento a sus ministros, símbolos del enfrentamiento que se avecinaba.

José López Rega asumió como ministro de Bienestar Social; sus enemigos Esteban Righi y Juan Carlos Puig pasaron a ser ministros del Interior y de Relaciones Exteriores, respectivamente; la derecha y la izquierda peronistas comenzarían allí mismo una pelea que desembocó en más violencia, muerte y la interrupción del orden institucional.

Los sindicalistas estaban disgustados con el equilibrio que intentó Cámpora. "Se sentían solos: Perón había elegido a la juventud y a los peronistas tradicionales para el armado del gobierno", afirmó el periodista Santiago Zenen González. "Creíamos que el ministro de Trabajo iba a terminar siendo Rucci", reconoció Triacca, que recordó que el jefe de la CGT fue vestido a la asunción con impecable traje, aunque debió volver a su casa con las manos vacías.

A pesar de sus intentos de conciliación, a Cámpora la crisis le explotaría en las manos: esa misma noche, las organizaciones de izquierda le arrancaron la amnistía para los presos políticos; el 20 de junio, día del retorno de Perón desde España, terminó en tragedia, y forzó su salida abrupta del poder.

Treinta años después, los testigos coinciden en que el país es otro. "En esa época había un líder, que era Perón; había participación y entusiasmo por el proceso que se abría. Hoy no hay nada de eso", rememora Gullo. "A pesar de estar divididos, y de que en esa época los conflictos se resolvían a los tiros, logramos consensuar una propuesta común, cosa que hoy no se logró", ironizó Triacca, ex ministro e incondicional del ex presidente Menem.

Tanto Gullo como Triacca y González coinciden: el país está pacificado, y una nueva instancia se abre para los argentinos. E hicieron votos para que la gestión de Kirchner no tenga nada en común con el convulsionado paso de Cámpora por la Casa Rosada.

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