Cantarero es el senador que admitió el soborno

El bloque del PJ negó que uno de sus miembros lo hubiera dicho a este diario.
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31 de agosto de 2000  

El senador Emilio Cantarero (PJ-Salta) fue el legislador que anteayer admitió a La Nación haber cobrado sobornos por la aprobación de la ley laboral.

Esta cronista había acordado con él no revelar su nombre a cambio de publicar lo que fue una de las confidencias más impactantes sobre los pormenores del hecho que conmueve al país.

Sin embargo, el senador salteño quebró ayer el acuerdo que había sellado con La Nación el martes último en su propio despacho del segundo piso de la Cámara alta, al desmentir públicamente que hubiera efectuado esas declaraciones.

Sorpresivamente y sin que mediara acusación alguna, Cantarero desmintió ayer, en la conferencia de prensa del bloque del PJ, que hubiera recibido en su oficina a esta periodista.

"Quiero decir públicamente que ayer estuve con la periodista María Fernanda Villosio. La encontré, no sé si en el tercero o cuarto piso, tras una primera escala con el periodista Alfredo Gutiérrez, de Clarín. La saludé y creo que bajamos dos pisos conversando sobre varios temas", relató el senador salteño, flanqueado por sus compañeros del PJ.

Y aseveró, pálido: "Lo publicado por el diario La Nación no tiene nada que ver con la conversación con la periodista".

Dos testigos pueden dar cuenta de aquella reunión, producida en su despacho, entre las 15 y las 15.30 de anteayer: un mozo, morocho, de baja estatura, que sirvió café en medio de las confidencias, y una secretaria, de cabello oscuro, a la que Cantarero presentó como "abogada" e instruyó para que revisara a esta cronista por si tenía un grabador escondido entre sus ropas.

Ayer, en la misma rueda de prensa, el jefe del bloque del PJ, Augusto Alasino (Entre Ríos), visiblemente molesto, también rechazó la posibilidad de que algún senador de su bancada hubiera hablado con La Nación en su despacho.

Ayer, el diario preservó el nombre de la fuente, tal como había sido pedido. Las expresiones de Cantarero, sin embargo, al negar totalmente lo sucedido, obligan a esta cronista a dar cuenta, en defensa de la veracidad de lo informado, cómo fueron los hechos.

En una conversación privada con este diario, ayer, alrededor de las 16, en el despacho del senador Cantarero, éste ratificó la información que había sido publicada. Más aún, deslizó que la desmentida que haría momentos más tarde respondía a la presión ejercida, a lo largo de la jornada, por parte de su bancada, que comenzaba a mirarlo con desconfianza.

Horas antes de la rueda de prensa del bloque del PJ, esta cronista le hizo notar al legislador que, si negaba explícitamente sus palabras de la víspera, la colocaba en la obligación de ratificar la veracidad de los dichos y la identidad de su autoría.

Durante la tarde de ayer, siempre antes de la conferencia de prensa, existieron, por lo menos, cuatro contactos con él, algunas veces, a través de un joven secretario, que se identificó como Pablo, a secas, y otras, en su oficina.

Fueron momentos de suma tensión. El clima en los pasillos del Senado estaba enrarecido, ya que la noticia de la existencia de un senador confidente había caído como una bomba.

Cerca de las 14, Cantarero envió una nota a quien esto escribe -en un printer de computadora, que se reproduce en facsímil en esta edición-, y que rezaba: "Rubita: estuvimos cinco minutos en los pasillos. Me van a hacer un careo contigo."

La carta, acercada por el secretario anteriomente mencionado, fue el primer signo de que en el justicialismo -y en especial para el senador Cantarero- la situación había entrado en un punto alto de conflicto. Luego, en la reunión de prensa, Cantarero utilizó, precisamente, el argumento de que sólo se había producido un encuentro en un pasillo. El secretario privado volvió a comunicarse con esta cronista cerca de las 15. Quizás haciendo suyas las palabras del escrito anterior, transmitió que el senador "nunca la había recibido en su despacho sino que sólo se la había cruzado en un pasillo".

Hubo un fuerte intercambio de palabras. Se pidió hablar con el senador, lo que ocurrió una hora después.

Para mantener la reserva, la cronista no ingresó por la puerta principal de la oficina sino que lo hizo por otra que está ubicada a unos metros.

Cantarero parecía abrumado. Nunca dijo que lo publicado era incorrecto. Se lamentó por su familia y maldijo el día en que se le había ocurrido "abrir la boca".

También dejó traslucir que se sentía acorralado por sus compañeros de bloque. Alasino ya lo tenía en la mira, puesto que a varios periodistas les había confesado que el senador salteño era el famoso arrepentido. Su nombre circulaba desde temprano como uno de los más sospechados.

Esta información pudo haberse filtrado porque el día anterior, antes de conversar con La Nación , Cantarero había relatado a un compañero de bloque, a través de un teléfono celular, que en ese momento se encontraba con esta cronista.

Mientras tanto, el PJ preparaba un comunicado de prensa que todavía no se había difundido, pero que se rumoreaba iba a cargar duramente contra LA NACION.

Después de unos minutos de charla y de aclarar que el acuerdo de respetar sus dichos iba a ser cumplido, Cantarero se comprometió a retirar su firma de ese escrito, tras lo cual esta cronista se retiró.

Pero minutos más tarde el senador volvió a enviar un mensaje, a través del secretario de las ocasiones anteriores, para informar que no iba a cumplir con su palabra. Quizás era lógico: si era el único senador que retiraba su firma, iba a quedar en evidencia su culpabilidad.

Así entonces, con el Senado plagado de versiones sobre la identidad del senador arrepentido, se concertó una segunda reunión en su despacho, que sería la última. No hubo acuerdo. El senador susurró y dijo a medias palabras que tenía que firmar el documento y esta cronista dejó, como corresponde, al arbitrio de una decisión editorial la difusión de su nombre.

Anoche, intentó comunicarse con senador Cantarero para anticiparle la decisión final pero nadie atendió su teléfono celular.

  • El texto completo de la entrevista al senador Cantarero publicada ayer se puede encontrar en la siguiente dirección: http://www.lanacion.com.ar/00/08/30/P01.htm
  • En secreto

    "Rubita: estuvimos cinco minutos en los pasillos. Me van a hacer un careo contigo", fue el mensaje en clave que el senador Cantarero le envió en la tarde de ayer a la periodista de La Nación , cuando crecía la presión sobre él.

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