Capitanich se apoya en los gobernadores

Abrió un diálogo "bilateral" con los mandatarios del PJ, con los que el Gobierno busca revitalizar el vínculo; por instrucción presidencial, el jefe de Gabinete escuchará sus inquietudes y acercará soluciones
Jesica Bossi
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24 de noviembre de 2013  

Ya les prometió que reserva un espacio de privilegio para ellos en su frenética agenda. El esquema será metódico: una ronda de diálogo "bilateral", con temario abierto, trazado de objetivos y el compromiso de agilizar respuestas para sus territorios. Concebido como un guiño hacia sus ex colegas, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se erige como referente hacia el interior y planea, por instrucción presidencial, revitalizar el vínculo con los gobernadores.

Su designación fue celebrada por la mayoría de los mandatarios que mascullaban, hacía tiempo y por lo bajo, la falta de un interlocutor de peso en el Gobierno. Creen, además, que su incorporación es un reaseguro para una mayor influencia del peronismo y establece un contrapeso puertas adentro del partido en el ríspido camino hacia 2015.

"No creo que el nombramiento de «Coqui» haya sido para resolver la sucesión, sino porque había problemas reales de gestión", razona un cacique del Norte. Eso sí: coinciden en todo el arco oficialista que su misión de ejecutor, como figura central de un relanzamiento de staff para el último tramo del mandato de Cristina Kirchner, puede convertirse en un trampolín para consolidar una candidatura.

Ese rol de coordinador de la liga de gobernadores, gestado desde la administración, se pisa con la vocación de liderazgo de Daniel Scioli, que buscaba aglutinar voluntades entre sus pares recostado en la jefatura del PJ nacional, como estrategia detrás de su confeso plan presidencial. También relegó, por ahora, al entrerriano Sergio Urribarri, que ansiaba vestir ese traje de bastonero. Aunque, cercano al paladar del cristinismo, su nombre siempre circula como opción electoral y carta para sumar al elenco de gobierno.

Con magullones de múltiples batallas, el núcleo de gobernadores peronistas apuesta a cultivar la "convivencia" durante el próximo año y no apura realineamientos. "Nadie quiere problemas", se sincera uno de ellos. Cerca de Capitanich reconocen que su estilo será la búsqueda de acuerdos. No lo ven envuelto en una balacera contra Scioli, aunque admiten que el vínculo de la Casa Rosada con el ex motonauta lo determinará la Presidenta. Por ahora, sigue la tregua.

Desde el sciolismo, con ánimo más que voluntarioso, se consuelan con que los nuevos posicionamientos y la renovada imagen que buscó imprimir Cristina perjudican, en mayor medida, a su enemigo íntimo, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa. "Quedó desdibujado", insisten.

Aunque mantuvo conversaciones con varios de los caciques, el cronograma formal de reuniones que patrocinará Capitanich se irá hilvanando a medida que finalice su desembarco en la Casa Rosada. Uno de los pocos que estrenó la modalidad de encuentros fue Martín Buzzi, de Chubut, cuando lo visitó el jueves pasado. Sobrevolaron, en 40 minutos, un manojo de asuntos: empleo, economía local, inseguridad y política. Volverá pronto con una tarea pendiente: presentarle un informe detallado de la matriz productiva de la provincia, como abordaje principal, para establecer fines concretos.

"Fue una reunión muy práctica y dinámica. Lo veo con una idea muy clara de lo que hay que hacer", dijo a LA NACION el chubutense. Buzzi conoce la obsesión organizadora de Capitanich: replicó en su distrito el Sistema de Información para la Gobernabilidad (Sigob) que funciona en Chaco, un tablero de control del funcionamiento administrativo por metas y resultados, que el jefe de Gabinete sondeó si puede aplicar al Gobierno.

En manada, los caciques ajustan el puñado de temas que quieren resolver con más premura. El que más preocupa es la falta de renovación del Programa Federal de Desendeudamiento, que vence en diciembre (ver aparte).

Además, los que no están acechados por los números imploran apoyo político. Por caso, el tucumano José Alperovich sólo se contentaría con que desde el Ministerio de Trabajo no se apañe el conflicto sindical que lleva adelante el gremio de bancarios.

En el entorno de Capitanich, aseguran que la puerta está abierta también para opositores. Antes de asumir su cargo, se había pronunciado a favor del regreso al redil de José Manuel De la Sota (Córdoba) y Claudio Poggi (San Luis), entre otras figuras del PJ disidente. Y en la gobernación encabezada por el socialista Antonio Bonfatti deslizaron que se comunicarán con el nuevo hombre fuerte. "Creemos que puede abrirse un camino distinto, a partir de que conoce la necesidad de las provincias de articular con la Nación", dijo a LA NACION Rubén Galassi, ministro de gobierno santafecino.

Sin tregua, Capitanich busca mantenerse en el centro de la escena. De su gestión, sabe, dependerá su destino.

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