Carrera con ingresos y ascensos complejos

Diplomacia. Embates. Cupo. Coloquio. Primera dama.
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26 de agosto de 2001  

  • Diplomacia. Hasta el 14 de septiembre se pueden inscribir los postulantes a la carrera diplomática, sin duda la de ingreso más exigente de la Argentina, y la de ascensos más complejos. Para subir en la escala priman parámetros cambiantes y discrecionalismos. Un ejemplo. En los años 90 el pliego de ascenso de un diplomático fue demorado en el Senado porque un legislador adjudicó al agente la responsabilidad de ponerlo en cuarto lugar y no en el segundo, como aspiraba, en el orden de precedencia de la delegación que fue a la asunción del mando de un presidente centroamericano. Además, la carrera está permanentemente expuesta a descalificaciones como la de hace unos meses de un secretario de Estado que dijo que los diplomáticos se la pasaban comiendo bocaditos en las recepciones.
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  • Embates. La carrera diplomática ha sufrido embates de los que no fueron extraños los gobiernos constitucionales. A poco de haber sido instaurada por lúcida inspiración de Carlos Muñiz, ingresaron algunos miembros que sortearon tres rangos: en 1997 y en 1998 un legislador justicialista quiso modificarla para abrir la puerta a sus correligionarios, y entre 1983 y 1999 se nombraron unos 70 embajadores políticos (afiliados a los partidos de los gobiernos del período) que ocuparon los lugares que hubieran correspondido a profesionales. Debe señalarse como un ejemplo la actitud de la actual administración, que designó sólo 6 embajadores políticos (dos justicialistas y cuatro radicales) y está en danza la acreditación de otro justicialista: Omar Vaquir en Kuwait.
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  • Cupo. El año último se inscribieron 98 aspirantes e ingresaron 25 en el Instituto del Servicio Exterior, de donde egresan los diplomáticos después de un período de estudios. Este año aún no se ha fijado el cupo, que en 1999 fue de 20. Ahora, y de acuerdo con la situación que lleva a la economía en todos los frentes del país, acaso debería disminuir por algún tiempo el número de ingresantes. Existen muchos diplomáticos con rangos superiores sin destinos.
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  • Coloquio. Además de un título terciario, el aspirante a diplomático debe poseer conocimientos cabales de dos idiomas extranjeros y debe examinarse en varias disciplinas. Luego, aprobar un coloquio sobre temas que van desde el arte hasta el deporte; de la política a las reglas de cortesía y los argumentos con que, incluso, debe exponer por qué no sabe lo que se le pregunta. Es el peldaño de admisión más importante que revela (si el examinador es idóneo) las condiciones profesionales. Y vaya otro ejemplo. Cuenta Muñiz que en una ocasión en que integró un coloquio, el aspirante con el que conversó había cubierto los exámenes aceptablemente y con exceso la exigencia de los idiomas: hablaba seis. Sin embargo, en la conversación suscitó dudas sobre sus condiciones emocionales y demostró una visión pesimista y negativa en el desarrollo de todos los temas que le propuso.
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  • Primera dama. Fue una despedida con buenos augurios para la Argentina. El embajador de Suecia, Peter Landelius, retorna a Estocolmo, desde donde va a seguir mirando el panorama nacional con una óptica económica. No se catalogarán sus condiciones diplomáticas, pero no se pueden dejar de destacar sus comentarios de hace algunas semanas a LA NACION, cuando en un panorama bastante desolador para los argentinos propuso razonamientos de saludable optimismo. Los Landelius (su esposa cubana, Nancy Julien) estuvieron rodeados por sus amigos diplomáticos, empresarios, hombres de las finanzas genéricamente llamados banqueros, políticos de amplio espectro, títulos de nobleza (al fin y al cabo Suecia es un reino), representantes de entidades de derechos humanos y, last but not least, la esposa del presidente de la Nación, presencia infrecuente en las reuniones diplomáticas.
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