Carrió reclamó la renovación de todos los poderes del Estado

Propuso para ello un "acto constituyente"; críticas al Presidente
Laura Serra
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30 de diciembre de 2001  

Elisa Carrió no tiene dudas. La expresión del cacerolazo no se detendrá hasta tanto no se renueven en su totalidad los tres poderes del Estado. "No basta con la salida de algunas figuritas cuestionadas del Gobierno; la gente quiere más. Exige una nueva República", enfatiza.

Desde su balcón, la líder de ARI observaba a la muchedumbre que marchaba con sus cacerolas por la avenida Santa Fe. "Está asomando un nuevo país", comentó, sin sorprenderse. La renuncia del controvertido Carlos Grosso, jefe de asesores de gabinete del presidente Adolfo Rodríguez Saá, fue la consecuencia inmediata de aquel atronador mensaje popular. Pero, para Carrió, no será suficiente.

"Es necesario un acto constituyente que remueva a los tres poderes del Estado: la Justicia, el Congreso, el Poder Ejecutivo. Están manchados. Se deben refundar las instituciones democráticas y limpiarlas de la impunidad de que gozaron por tantos años", dijo, en diálogo con LA NACION.

Carrió reclama elecciones generales. Duda de que se realicen en marzo próximo, tal como estipuló la Asamblea Legislativa; asegura que Rodríguez Saá llegó al poder con intención de quedarse más allá de esa fecha. Pero intuye que la crisis que sobrevendría sería tan brutal que, tarde o temprano, la gente deberá legitimar con su voto a un nuevo presidente. Y ella ya se anotó para participar en esa carrera como candidata por ARI.

-¿Cómo interpreta el cacerolazo de la gente contra el Gobierno?

-Fue maravilloso. Porque la gente quiere una nueva justicia, una nueva forma de representación política. Ya no corre más ese discurso "roban, pero hacen". Se acabó. La gente reclama por una nueva República.

-¿Cómo es posible lograr eso?

-Se debe construir un nuevo orden. Para ello hay que partir de un contrato social diferente en el que participen nuevos actores, porque la crisis arrasará con toda la clase dirigente. ¿Quiénes serían esos actores? Pequeños y medianos empresarios, políticos independientes, representantes de la cultura, gente que hoy no se ve. El paso siguiente es construir un nuevo contrato institucional, vía reforma de la Constitución.

-¿Con qué propósito?

-Para remover a todos los poderes del Estado. Incluida la Corte Suprema. La Corte se tiene que ir, pero por mecanismos institucionales; de lo contrario, una mayoría parlamentaria -en este caso el PJ- volvería a designar jueces sospechados.

"Liderazgo populista"

-¿Cómo califica los primeros días de gestión de Rodríguez Saá?

-Rodríguez Saá pretende ser en la Argentina como el presidente (Hugo) Chávez en Venezuela. Sus primeros pasos en el Gobierno fueron hiperkinéticos; quiere crear en 60 días un liderazgo populista para impedir las elecciones o para participar en ellas mejor posicionado que (Carlos) Ruckauf y (José Manuel) De la Sota.

Rodríguez Saá se reunió con todos, prometió mucho y no solucionó nada. Yo no creo en los discursos, creo en las conductas. Y las personas que accedieron al Gobierno, si nos atenemos a la historia de sus conductas, indica que esto va a un desastre. No puedo creer que quienes supuestamente van a limpiar la República son dirigentes como (Víctor) Reviglio o (José María) Vernet, que no pueden siquiera entrar en sus provincias.

Ni qué hablar del propio Rodríguez Saá; nuestra fuerza fue la única que lo cuestionó en la Asamblea Legislativa por su perfil autoritario.

-¿Cree que el último cacerolazo hará caer también al peronismo?

-Estamos asistiendo al parto de una sociedad distinta; estamos pariendo otro pueblo, y por lo tanto, otro tipo de representatividad política y social.

El cacerolazo permite mostrar los peores rostros de dos culturas: la del radicalismo, con su incapacidad e impotencia reflejadas en (el ex presidente Fernando) De la Rúa, y la del peronismo, que ejerce la acción sin ley, sin ética. Esto se reflejó cuando impuso la ley de lemas en la Asamblea Legislativa para las próximas elecciones y en la conformación del gabinete, donde existe una evidente disociación entre la ética, la competencia y la eficiencia.

Pero la caída del régimen no ha terminado; falta un último huracán.

-¿Qué puede suceder?

-Si la dirigencia política sigue desoyendo el reclamo profundo del cacerolazo, la crisis arrasará con todos.

-¿Con el ARI también? Su fuerza integra el sistema político...

-Es probable, si se cometen desaciertos y se pretende buscar el poder en forma desesperada. De todas maneras, no somos nosotros los que estamos dentro del régimen; por el contrario, nacimos para luchar contra él.

-¿Cree que detrás de Rodríguez Saá está Carlos Menem?

-Me parece que aquí hay intereses en común. Menem no quiere elecciones, tampoco Rodríguez Saá. (Raúl) Alfonsín piensa igual.

-¿Qué le parece la creación de una tercera moneda?

-La gente no puede ser engañada. Aquí se cayó la convertibilidad. Y la tercera moneda, en los términos que se plantean y utilizada con fines electoralistas, puede ser un desastre a muy corto plazo. Porque el señor que quiera extraer sus depósitos bancarios no va a recibir ni pesos ni dólares. Va a recibir papel pintado.

-Usted es candidata a presidente y algunos partidos, como el Frepaso y algunos radicales, están dispuestos a apoyarla. ¿Qué opina?

-Nuestra fuerza es un conglomerado de militantes de distintos partidos, como radicales, socialistas, peronistas, independientes... Pretendemos seguir por esa senda, pero sin acuerdos superestructurales, es decir, sin acuerdos expresos con los próceres partidarios de ninguna de las fuerzas.

Las coaliciones sociales y políticas no pueden ser forzadas por los dirigentes arrastrados por la crisis. Esas coaliciones deben producirse a nivel de las bases. Yo soy una dirigente intermedia y quiero seguir siéndolo, aunque sea candidata a presidente.

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