Caso Antonini: hablan de una "zona liberada"

Dicen que la Aduana se negaba a revisar; el rol de Aníbal Fernández
Hugo Alconada Mon
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29 de diciembre de 2009  

El "caso de la valija" sigue destapando sorpresas. Ayer se conocieron dos: la acusación de que el personal de la Aduana no quería controlar el vuelo en el que llegó el empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson con 800.000 dólares, y la intervención del entonces ministro del Interior y actual jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

El papel hasta ahora desconocido de Fernández en el caso fue detallado ayer por su entonces subalterno Marcelo Saín, que se desempeñaba como interventor en la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), al declarar como testigo en la investigación que lleva adelante la Justicia. Saín dijo que Fernández supo del decomiso de la valija dos días antes de que estallara el escándalo, y que incluso buscó más datos sobre quiénes eran los protagonistas del incidente y qué estaba en juego, además de una montaña de dólares.

Según reconstruyó LA NACION de tres fuentes que escucharon su testimonio, Saín también declaró bajo juramento que aquella madrugada del 4 de agosto de 2007 hubo una "zona liberada" o "zona franca" en Aeroparque. Eso explicaría, argumentó, el interés desorbitante de los funcionarios de la Aduana por marcharse a sus casas sin controlar las valijas del vuelo que se anunció como de "Presidencia Argentina".

La alusión a una "zona liberada" en el Aeroparque no fue la única novedad registrada en la investigación judicial sobre el llamado "caso Antonini" durante los últimos días. El juez en lo Penal Económico Daniel Petrone recibió la copia del segundo video que prueba que el venezolano, sí, ingresó en la Casa Rosada el lunes 6 de agosto de 2007, dos días después del decomiso, algo que el Gobierno negó mientras pudo.

El video, según reconstruyó LA NACION de fuentes judiciales, registra las imágenes que grabó Crónica TV y que ya habían sido difundidas por esa señal de cable y por el canal América.

Saín, por otra parte, basó su "sospecha" o "suspicacia" sobre una eventual zona liberada en el Aeroparque en varios indicios. El primero, que el "manifiesto de vuelo" que selló la Aduana -por entonces bajo el mando del actual jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray- no registraba ninguna observación sobre el equipaje. Es decir, como si ese formulario hubiera sido rellenado y sellado antes de controlarse el equipaje.

El ex jefe de la PSA también recordó que el agente de la Aduana, Jorge Lamastra, insistió en dejar pasar las valijas escudado en la facultad legal con que contaba para decidir el "control selectivo" de las valijas. Pero que abogó por dejar pasar todas las maletas que trajeron dos altos funcionarios y una secretaria del Poder Ejecutivo nacional, junto con otros cinco pasajeros venezolanos.

Frente a Petrone, la fiscal María Luz Rivas Diez y un abogado defensor del ex funcionario Claudio Uberti del estudio de Darío Richarte, Saín también criticó a la cúpula del Gobierno. Le enrostró el "maltrato" que recibió desde que el decomiso trascendió a la prensa. Según dijo, el trato de la Casa Rosada osciló entre la frialdad más absoluta, su aislamiento funcional y la difusión solapada de haber coordinado el decomiso con la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) o la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

A lo largo de cuatro horas de testimonio, el jefe máximo de la agente María de Luján Telpuk -fue quien descubrió el maletín de Antonini- detalló que Aníbal Fernández lo llamó durante ese fin de semana, horas después de hablar con el entonces titular del Organo de Control de Concesiones Viales (Occovi) y pasajero clave de ese vuelo Claudio Uberti.

Sin vueltas, según recordó ayer Saín, el entonces ministro del Interior le preguntó si sabía de algún problema "con un venezolano" y "una maleta" en un vuelo que había arribado al aeroparque Jorge Newbery, aun cuando remarcó el apoyo que, sí, le brindó su entonces superior una vez difundido el decomiso.

Tras la llamada de Fernández, según relató Saín, se comunicó con uno de sus máximos colaboradores en la PSA, Nicolás Rodríguez Games para que buscara datos. Pero su colaborador no encontró nada porque el jefe de turno de la fuerza en el Aeroparque, Marcelo Veloz, sólo redactó un informe de rutina sobre el decomiso.

"No es nuestro problema"

Según explicó Saín, las alarmas internas de la PSA sólo se encendieron al día siguiente, el domingo 5, a raíz de un hecho fortuito: uno de sus colaboradores se cruzó con una guardia de dos gendarmes dentro del Aeroparque. Y cuando les preguntó por qué estaban allí, se enteró del decomiso de los 790.550 dólares.

En cuestión de minutos, la novedad subió todo el espinel jerárquico. El colaborador llamó urgente al jefe de la PSA, que a su vez marcó el teléfono de Aníbal Fernández. La respuesta del entonces ministro trazó las responsabilidades en juego: "Turco [por Saín], nosotros hicimos lo que teníamos que hacer. Esto no es nuestro problema. Van a ser otros lo que tengan que dar explicaciones", dijo el ministro, según lo rememoró el entonces interventor de la PSA.

En su charla con Saín, sin embargo, el actual jefe de Gabinete calló la llamada que había recibido de Uberti en la mañana del sábado, cuatro horas después del decomiso. Fue a las 10.39 y duró cinco minutos, según reconstruyó LA NACION.

A diferencia de Saín, su por entonces gran rival dentro del Gobierno, Echegaray, también recibió una llamada de Uberti aquella madrugada. Pero según declaró ante la Justicia el entonces titular del Occovi y recaudador de la campaña electoral de Cristina Kirchner, llamó al jefe de la Aduana (y, por tanto, de quienes redactaron el acta de decomiso) para consultarle sobre los acuerdos comerciales que ese lunes firmarían los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez.

Según relató Uberti ante Petrone a mediados de 2008, al único que le informó del decomiso de los US$ 800.000 fue a su superior, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. Pero el lunes, es decir, dos días después del decomiso, a pesar de las 50 llamadas que se cruzaron durante todo ese fin de semana. Desde sus teléfonos "oficiales" y, también, desde uno que el ministro utilizó con un nombre ficticio, "Luis Tobaré Artigas", con un número de documento falso, según surge de un memo del Ministerio de Planificación Federal al que accedió LA NACION.

Según Uberti, llamó al teléfono oficial de De Vido el sábado, una hora antes que a Aníbal Fernández. Fue a las 9.39. Pero, según declaró, sólo el lunes lo informó al ministro sobre el incidente: "En su momento, lo tomé como un problema que tuvo un pasajero con su equipaje, que luego tomó otras decisiones que terminaron con mi renuncia".

Antes y después de aquella llamada, los teléfonos que utilizó Uberti registraron otros contactos singulares. Entre otros, con el director general de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (SIDE), Antonio Stiuso. Y, también, con el propio Antonini.

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