Caso Schoklender: denuncias cruzadas

El ex apoderado y la hija de Hebe de Bonafini se acusaron de traiciones y de corrupción
Paz Rodríguez Niell
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2 de junio de 2012  

Traiciones, abandonos, ambiciones desmedidas, ingresos malhabidos y corrupción. Estas son sólo algunas de las virulentas acusaciones que cruzaron Sergio Schoklender y Alejandra Bonafini , la hija de Hebe, en sus declaraciones ante la Justicia de esta semana.

Los dos fueron indagados en la causa en la que se investigan desvíos millonarios girados a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, para levantar viviendas sociales. Sergio Schoklender , a quien Hebe adoptó como a "un hijo" cuando él salió de la cárcel, era el apoderado de la Fundación y ahora está preso como jefe de una asociación ilícita. Alejandra Bonafini fue procesada como miembro de esa misma banda.

"Yo le advertía a mi madre, le decía que tal vez esto se hubiera evitado si me hubieran escuchado. Hasta la persona que trabaja en mi casa, hasta mi depiladora y mis amigas me han escuchado las cosas que hacía este tipo", dijo Alejandra Bonafini. Entre esas "cosas" enumeró "su trato altanero y agresivo con todo el mundo, hasta con su pareja"; su ímpetu por convertir a las Madres "en una oficina" cuando era "algo militante de gente que quería ayudar"; su afán por el casino; los "gastos que no se justifican con el trabajo que tenía" , y hasta haberle vendido a una amiga de ella "un auto doble o robado".

Schoklender no fue más suave. Dijo que Alejandra había sido contratada "por imposición de su madre con un sueldo alto en la Fundación" y que gestionaba, como empleada del Ministerio de Desarrollo Social, subsidios que recibía la Fundación, que "no siempre se utilizaban para los fines comprometidos".

Pero sus denuncias contra Hebe fueron incluso más duras. La acusó de "mendacidad" y delitos "graves". Dijo además que manejó "de manera absolutamente discrecional, sin rendir cuentas" y "alegando que las cuentas estaban abiertas a título personal" donaciones del exterior a las Madres, que ingresaban –según Schoklender– directamente a las cuentas extranjeras "cuyas titulares eran exclusivamente la presidenta y vice de la Fundación".

Schoklender afirmó además que la Misión Sueños Compartidos (que dotaba de fondos a la Fundación) fue el "principal sostén de actividades, caprichos y requerimientos de las Madres y de funcionarios y candidatos políticos vinculados a ellas que demandaban permanentemente suministro de fondos".

Y en ese contexto denunció al Gobierno: Schoklender dijo que viajó a Tartagal tras el alud para llevar 100.000 pesos y que vio cómo funcionarios "desde el área de Desarrollo Social hasta los responsables de Planificación Federal" buscaban "lucrar" y "aterrizaban para prometer 20 si les firmaban 100".

Relató también que el contrato que estaba previsto para Salta fracasó. "Lamentablemente, ya sea por problemas de alcoba o por problemas políticos, Urtubey se pelea con Cristina Kirchner, y entonces el famoso contrato para financiar un centro de salud y viviendas nunca llegó a firmarse", declaró.

Hace años que Alejandra Bonafini y Schoklender se llevan mal. Ella cuenta que lo evitaba y no iba siquiera a los cumpleaños de su madre. "Y cada vez que mi mamá se enfermó la cuidé yo, nunca él", dijo.

Alejandro Gotkin, presidente de la firma Meldorek, de Schoklender, también declaró en la semana. Dijo que Schoklender pensaba que la empresa iba a convertirse en la mayor constructora argentina haciendo viviendas sociales y que había prometido acciones a Pablo Schoklender y a Patricia Alonso –allegada a Sergio–. "Algunas veces me dijo que le iba a dar un porcentaje a Amado Boudou y a Eduardo Acevedo [ex jefe de la SIDE]", declaró Gotkin. También habló de cuando conoció a Hebe: "Ella me saludó y me dijo: «Ah, sos el presidente de Meldorek». Me dijo: «Vamos a llenar de estas casas de mierda la Argentina»".

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