Castro se emocionó al conocer la Casa Rosada

Kirchner lo recibió en su despacho; fue la reunión más larga
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27 de mayo de 2003  

Era de esperar que no se cumpliera el rigor de la agenda. "Saben que no soy lacónico", advirtió Fidel Castro cuando empezó ayer su reunión oficial con Néstor Kirchner.

Los encargados de protocolo lo sabían y habían dejado para lo último, a las 15, la visita del líder cubano, que efectivamente fue la más larga de la maratón de reuniones que ocupó el primer día del nuevo presidente argentino. Duró poco más de una hora.

"Estoy emocionado. La única vez que vine a Buenos Aires, en el 59, pedí que me trajeran hasta la Casa Rosada para mirarla. Claro que entonces no me dejaron entrar", relató Castro a sus anfitriones apenas llegó. Había recorrido con especial atención los pasillos que lo condujeron, rodeado de custodios gigantes, hasta el despacho presidencial.

A Kirchner lo había conocido la noche anterior, pero se había guardado para el encuentro oficial una serie de consideraciones que estima vitales para la relación bilateral.

Deslizó por primera vez su voluntad de renegociar la deuda de 1580 millones de dólares que su país mantiene con la Argentina y pidió a Kirchner que ocupara la embajada en La Habana. Fernando de la Rúa había dispuesto en 2001 el regreso por tiempo indefinido del embajador Oscar Torres Avalos, cuando Castro lo trató de "lamebotas de los yanquis".

"El Gobierno está de acuerdo con volver a mandar un embajador", afirmó tras la reunión el canciller Rafael Bielsa, que, además, consideró "un gesto inédito" la decisión de Castro de encontrar variables para volver a pagar la deuda.

Elogios y regalos

Castro, de 76 años, llegó a la Casa de Gobierno en medio de un impresionante operativo de seguridad. Cientos de personas se agolparon detrás de un vallado para verlo pasar.

Apenas saludó a Kirchner le recordó su admiración por Juan Perón y dijo que estaba orgulloso por conocer la Casa Rosada. De inmediato, le entregó al nuevo presidente un cuadro del pintor Raúl Fernández. Es un paisaje de Pinar del Río, la región donde se cultiva el mejor tabaco del mundo.

Kirchner, Bielsa, el secretario general Oscar Parrilli y el de Comercio Exterior, Martín Redrado, escucharon un monólogo de Castro de 15 a 16.

Habló de las dificultades que genera a Cuba el bloqueo comercial dispuesto por los Estados Unidos, analizó la situación política internacional y los posibles conflictos bélicos que podrían suscitarse tras la guerra en Irak y se mostró optimista ante la posibilidad de una integración política en América del Sur.

"Es vital que la Argentina, Brasil, Perú y Venezuela lideren un cambio en América", señaló, según testigos de la reunión. Hablaba como un observador externo, sin incluir a Cuba en un posible eje latinoamericano.

"Cuando quiera está invitado a La Habana, siempre que no le genere problemas", le dijo a Kirchner, que no prometió nada.

Además, se mostró optimista sobre el éxito del nuevo gobierno y agradeció el cambio de posición de la Argentina ante las Naciones Unidas, que se abstuvo de condenar las violaciones a los derechos humanos en Cuba. Kirchner fue diplomático y no hizo referencia a los recientes fusilamientos de disidentes en la isla.

Los ministros Alberto Fernández (jefe de Gabinete) y Aníbal Fernández (Interior) se sumaron al final de la reunión. Querían saludar a Castro.

Pese a los preparativos y las promesas, Castro desistió de responder preguntas de la prensa al salir. "Estoy preso", bromeó al bajar por la explanada de Rivadavia. Lo rodeaban 20 guardias, casi escudos humanos.

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