Claudio del Plá: "En Salta, el centro político se desintegró"

El fundador del PO en Salta explica las razones del triunfo en la capital provincial y dice que el objetivo ahora es sumar a los sectores medios
Aurelio Tomás
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16 de noviembre de 2013  

Con 54 años, Claudio del Plá fue partícipe de un desempeño electoral impactante en Salta. Su agrupación, el Partido Obrero (PO), logró el segundo lugar en la elección de diputados nacionales, con lo que consagró a Pablo López, y venció en la capital salteña, en todas las categorías, en las elecciones provinciales del domingo pasado, en las que renovó su banca de diputado.

Militante desde los 14 años, Del Plá se mudó a Salta en 1983 para desarrollar el partido junto a su compañera, Cristina Foffani, que también es dirigente del PO. En la misma época de la vuelta a la democracia, su hermano Miguel emprendió un camino similar, pero el destino fue Santa Cruz (donde también consiguió este año un resultado destacado, con el 11 por ciento).

Como dirigente docente, Del Plá participó en las puebladas que conmovieron Salta en 2001. Durante la revuelta en General Mosconi pasó 40 días con pedido de captura en el campamento de la llamada Plaza del Aguante. En ese tiempo, el PO conseguía sus primeras bancas y asumió en el Concejo Deliberante. Tras una elección histórica, será la principal figura de la bancada provincial de cuatro diputados y una senadora. Con el 27%, su lista fue la primera opción de izquierda revolucionaria que venció en una capital provincial en la historia argentina.

-¿Cómo se explica el fenómeno del PO salteño?

-En Salta gobierna un régimen en el que sólo ha cambiado el gerente, de [Carlos] Romero a [Juan Manuel] Urtubey. Los beneficiarios del régimen político son siempre los mismos grupos económicos. El Partido Obrero expresa la tentativa, de la mayoría del pueblo de Salta, de encontrar una salida frente a este sistema. Desde 2001 hay una bancada de diputados provinciales que presenta planteos en el interior de la Legislatura, pero buscando un consenso muy fuerte fuera del parlamento. Estamos asociados a la lucha contra la desocupación y en la defensa del salario; pero también en la lucha contra la impunidad y en favor de causas medioambientales que son también sociales.

-¿El 20% de los salteños es trotskista?

-La lucha por el socialismo no es una abstracción. Es el movimiento cotidiano de los pueblos por sus reivindicaciones y en el desarrollo de las luchas por las causas más elementales. Al intentar derrotar el trabajo en negro, el trabajo esclavo, garantizar el derecho a la vivienda, el 82% móvil o enfrentar las arbitrariedades del Estado, se va planteando naturalmente la necesidad de una transformación social.

-¿Favorece al PO la ausencia de una centroizquierda provincial fuerte?

-En la capital, lo que sería el UNEN no pasó las primarias. La idea de un centro político, que también es un instrumento de los intereses sojeros y del gran capital, pero adornado con algún elemento progresista, se desintegró en Salta. Por eso las opciones políticas se han clarificado en extremo.

-¿La izquierda puede disputar el voto de la clase media en todo el país?

-Indudablemente. Los sectores medios tienen que ser aliados de una causa de transformación social. Y disputamos con estas versiones que, digamos, coquetean con estas aspiraciones de progreso, pero, en definitiva, terminan aliadas a los factores de poder, a los grandes grupos económicos y, por lo tanto, no pueden dar lugar a una transformación. Esto es algo que se ha superado en Salta. Esperamos que sea un desarrollo que se repita a nivel nacional.

-¿Cómo se relaciona el crecimiento del PO en Salta con los movimientos sociales de protesta de 2001?

-El problema de esos movimientos sociales, que derrocaron gobernadores, es que nunca fueron una alternativa política. No se pudieron instalar como alternativa y muchos de sus dirigentes terminaron cooptados por el Gobierno. Eran movimientos enormes a la hora de la lucha y enanos en la disputa política. Ahora, el desarrollo de la izquierda implica una superación de esa etapa, porque permite unir el problema de la lucha social con una disputa por una transformación social de conjunto.

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