Clima de despedida en el menemismo

Los seguidores del ex presidente comienzan a imaginar escenarios políticos sin su líder; ya existen deserciones y replanteos
Gustavo Ybarra
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14 de mayo de 2003  

Como un ejército en retirada, el menemismo se aprestaba anoche a arriar sus banderas y estandartes y refugiarse en un prudente silencio, por lo menos hasta ver cómo evolucionan los primeros meses de un eventual gobierno que Néstor Kirchner encabezaría desde el 25 del actual, si es que se confirman las versiones que ubican a Carlos Menem a punto de renunciar a participar del ballottage.

El desafío será, en ese difícil escenario, evitar el desbande lógico que entre sus huestes provocará la derrota política que traería implícita la dimisión de su líder a competir en la segunda vuelta prevista para el próximo domingo.

Ese es el primer análisis que realizaron anoche a LA NACION importantes referentes menemistas cuando se los enfrentó al nuevo tiempo político que la corriente que hegemonizó durante algo más de una década el peronismo podría enfrentar si se cumplen los rumores que dominaron caóticamente la jornada de ayer.

Sin embargo, todo indica que la sangría de fuerzas sería inevitable si se concretara la renuncia.

Ayer, cuando las versiones eran dadas como un hecho concreto, la pérdida de poder de Menem tuvo su primera demostración cuando el gobernador de Tierra del Fuego, Carlos Manfredotti, visitó a Néstor Kirchner en la Casa de la Provincia de Santa Cruz con el fin de manifestarle su apoyo para el eventual ballottage.

Manfredotti era uno de los mandatarios provinciales que, junto a sus colegas de La Pampa, Rubén Marín, y de La Rioja, Angel Maza, formaban parte del núcleo duro de gobernadores que apoyaron a Carlos Menem durante casi toda su carrera política desde que asumió por primera vez la presidencia, en 1989.

Otro tanto ocurrirá con el salteño Juan Carlos Romero, que una vez liberado del compromiso de ser compañero de fórmula del ex jefe del Estado tendrá que acomodarse al nuevo mapa político interno peronista que abriría la renuncia de Menem a competir en la segunda vuelta.

Marín y Maza mantendrán su fidelidad, pero se verán obligados a seguir las reglas del juego y negociar con la próxima administración política los fondos, en particular los de la coparticipación federal de impuestos, que les permitan garantizar la gobernabilidad de sus provincias.

Además, también dieron muestras de que no estaban dispuestos a acompañar a Menem a una derrota electoral, que les hubiese aparejado una pérdida de poder en sus respectivos distritos.

Es el caso de La Pampa, en donde Marín afronta una rebelión de varios intendentes peronistas que no quieren seguir quemando sus liderazgos territoriales por respaldar lo que ya perciben como una causa que no tiene posibilidades de superar airosa la segunda vuelta.

Primeras deserciones

Pero la sangría del menemismo ya había registrado antecedentes previos a la elección del 27 de abril, lo cual se tradujo en la victoria por escaso margen (poco más de dos puntos) que el ex presidente obtuvo ese día.

Así, el misionero Ramón Puerta jugó a una suerte de "prescindencia" sui géneris que se tradujo en una jugada a dos puntas. Mientras él, en su condición de jefe del PJ local, llamó a votar por Menem, su delfín y gobernador provincial, Carlos Rovira, lo hizo por Kirchner.

Alentados por el presidente Eduardo Duhalde ya habían abandonado definitivamente el bando menemista mandatarios provinciales como Gildo Insfrán (Formosa); Eduardo Fellner (Jujuy), que, además, terminó jugando el papel de uno de los principales operadores del santacruceño, y Julio Miranda (Tucumán).

Esta pérdida de apoyos tendrá su correlato en los próximos días en el Congreso Nacional, en donde muchos legisladores que responden a los designios de sus gobernadores se verán obligados a reorientar su posicionamiento.

Una eventual renuncia de Menem tendrá incluso su efecto en el núcleo más duro del sector, conocido como ultramenemismo.

El diputado Ricardo Quintela (PJ-La Rioja) anticipó ayer a LA NACION que el bloque Azul y Blanco -expresión menemista de la Cámara baja- se integrará a la bancada peronista el próximo 25 de mayo, día en el que está previsto que asuma el nuevo presidente.

"Nosotros nos vamos a integrar al bloque el próximo 25, aunque vamos a seguir funcionando como un subbloque", anunció Quintela, quien reconoció ser uno de los que apoyan una renuncia de Menem a la segunda vuelta prevista para el domingo próximo porque, destacó, "favorecerá a evitar la antinomia que presagia el ballottage".

No obstante, hay quienes aclaran que el regreso a la bancada peronista "no implicará hacer seguidismo" del próximo gobierno. Se trata de la diputada Alejandra Oviedo, también riojana y una de las expresiones más representativas del menemismo ortodoxo de los últimos dos años.

Ante la consulta sobre si la renuncia al ballottage implicaría el final político de Menem, entre sus seguidores se niegan a aceptar esa afirmación. "El ex presidente es un hombre muy fuerte; no creo que signifique su muerte política", afirmó Quintela.

Sin embargo, la decisión de resignar su participación en la segunda vuelta sí podría leerse como una retirada absoluta a nivel partidario, que se traduciría en la pérdida de la conducción del Partido Justicialista que aún ejerce Menem.

El menemismo nunca se caracterizó por tener un fuerte aparato partidario sino que, por el contrario, la hegemonía partidaria que el ex presidente ejerció durante tanto tiempo siempre giró en torno de su figura y los apoyos de los gobernadores provinciales que ella atraía.

En espera

Menem ya no cuenta con el apoyo del sindicalismo -la CGT oficial que lidera Rodolfo Daer juega con el poder peronista de turno y la central obrera disidente de Hugo Moyano nunca lo aceptó-, y perderá el respaldo de los mandatarios provinciales que le sirvió para entronizarse como jefe partidario.

Teniendo en cuenta esa atracción personal sobre la que Menem construyó su poder interno, a priori se podría especular con una desaparición del menemismo como línea interna del PJ e incluso como una forma de hacer política y una concepción ideológica de la economía y el Estado.

Todo dependerá, entonces, del propio ex presidente y su capacidad para resurgir de las cenizas como el Ave Fénix, imagen a la que tanto apeló durante su carrera política para describirse a sí mismo.

El tiempo dirá cuántos dirigentes peronistas estarán dispuestos a esperar ese supuesto resurgimiento.

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