Colombo luchó hasta el final para sostener al ex presidente

Sólo pudo darse el gusto final de pedirle la renuncia al ministro de Economía
Mariano Obarrio
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23 de diciembre de 2001  

Chrystian Colombo, el hombre de las negociaciones más complejas del gobierno de Fernando de la Rúa, intentó hasta último momento avanzar en la concertación política con el PJ para acordar unas cuantas medidas de Estado y formar un gobierno de coalición con los gobernadores peronistas y Carlos Menem, como jefe opositor.

Todos los ex ministros, por unanimidad, le reconocen al ex jefe de Gabinete "haber dado hasta la vida por el acuerdo con el peronismo", aun cuando sabía que se desvanecía en forma irremediable. "Colombo se mató por el presidente y por el acuerdo", dijo a LA NACION un hombre de la intimidad de De la Rúa.

Este fue el sentido de las gestiones que realizó hasta último momento el ex jefe de Gabinete delarruista.

Colombo había advertido desde el lunes último que el acuerdo era imposible. "Ya no habrá concertación. Se terminó la primera fase", deslizó a sus confidentes aquel día. Pero en el gabinete aseguran que Colombo tomó conciencia el mediodía del jueves de que la renuncia del presidente era inexorable.

Su última reunión a solas con De la Rúa, el jueves de la renuncia, tuvo lugar en la Casa Rosada. Colombo, cerca de las 18, tras repasar la situación, le dijo: "Mirá, Fernando, nadie en el PJ nos define nada. Si esto no se logra, la única salida es la renuncia". Esperaba la respuesta de los gobernadores opositores a la invitación presidencial a una coalición.

Aquel jueves Colombo conversó por teléfono con casi todos los mandatarios del PJ. Un ministro confió a LA NACION que cuando habló con José Manuel de la Sota, le preguntó: "¿Qué te pareció el discurso del presidente?". De la Rúa le había ofrecido al PJ el cogobierno y hasta modificar incluso la convertibilidad. El gobernador cordobés le contestó: "No... en realidad no lo pude escuchar. Tengo un quil... bárbaro en Córdoba".

Otras respuestas evasivas convencieron a Colombo de que el gobierno de De la Rúa estaba terminado. Fueron la del gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, y la del titular provisional del Senado, Ramón Puerta. "No tenemos una definición", le dijo el puntano. "Estamos viajando a San Luis", le informó Puerta, que es su amigo desde hace tiempo.

Con la colaboración de sus amigos Enrique "Coti" Nosiglia, influyente dirigente radical, y Carlos Becerra, ex jefe de la SIDE, que operaban a unas cuadras de Balcarce 50, Colombo mantuvo otros contactos con sectores del peronismo, incluido Menem. "Del menemismo llegó la respuesta de que no se podía contraer ningún compromiso" con el Gobierno, confió otro ministro.

La aceptación del final

Los partes informativos del jefe de Gabinete, además de las respuestas públicas del PJ y la violencia trágica en las calles, hicieron reflexionar al presidente. "Hicimos todo lo posible. No parece que el peronismo avance hacia acuerdos que incluyan mi permanencia como presidente. Van por todo", dijo, ante sus consternados colaboradores.

Un hecho fue convenciendo a Colombo de que los gobernadores habían abandonado a De la Rúa. El miércoles habían avanzado los saqueos en todo el país y el Gobierno los convocó a la Casa Rosada para el jueves, en una reunión urgente del Consejo de Seguridad, que luego se transformaría en otra oportunidad política más para concertar.

"El jueves por la mañana llamaron a Colombo y le dijeron que era preferible transferir la reunión "urgente" para el viernes, porque el jueves debían juntarse ellos en San Luis", recordó un allegado al ex jefe de Gabinete. Es verdad que ese jueves la violencia había cedido por la mañana. Por ello, en Olivos, Colombo, Gallo y el presidente se animaron a probar una última oportunidad.

Resolvieron entonces aceptar la renuncia de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía y desdoblar esa cartera en un esquema de producción y hacienda. Se le ofreció el cargo a un representante de la producción, que lo aceptó, según altas fuentes del ex gabinete.

Todo volvió a cero cuando recrudecieron los desmanes en la Plaza de Mayo. Sólo atinaron a montar la estrategia de victimización y trasladarle al PJ la culpa por la caída de De la Rúa.

Colombo sólo disfrutó dos alegrías: fue el encargado de pedirle la renuncia a Cavallo, con el que terminó a las patadas, y recibió a Felipe González. Aunque la llegada del andaluz para ayudar a un "pacto de La Moncloa" con el PJ resultaron vanos y tardíos.

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