Cómo se preparan para el ballottage

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION
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8 de mayo de 2003  

Carlos Menem y Néstor Kirchner definieron en las últimas horas cada paso de lo que harán hasta el ballottage. Ninguno piensa en jugadas riesgosas, aunque encararán la pelea final con distintas estrategias: el ex presidente apostará a buscar quebrar el antimenemismo, y el gobernador de Santa Cruz mantendrá su exposición medida, dando la sensación de que ya está en la Casa Rosada.

En lo único en que coinciden es en que ambos buscarán captar la voluntad de los independientes desde los medios de comunicación y con los spots publicitarios que aparecerán en la televisión hasta el viernes de la semana próxima. No habrá ningún acto político y sólo tendrán reuniones con distintos sectores en procura de apoyos.

Kirchner se moverá con cuidado, tratando de no dar pasos en falso, porque no quiere que nada ponga en riesgo lo que la mayoría de las encuestas que tiene él y las que están en el despacho del presidente Eduardo Duhalde le auguran un triunfo por más de veinte puntos.

El ex presidente intentará provocar a su rival y al Presidente denunciando la debilidad política que tendrá el primero si gana la elección, y atacará a Duhalde en un spot publicitario en el que hará referencia al estado en que dejará la Argentina el 25 próximo.

La apuesta de Menem, casi desesperada porque tiene complicado el escenario del ballottage, es quebrar lo que hasta en su círculo íntimo admiten admiten que existe hoy en el electorado: una ola antimenemista.

Con la visita que comenzó ayer a Brasil y que culminará en Chile mañana, Kirchner pondrá fin a la única carta fuerte de su medida campaña. Tiene pensado pasar en Santa Cruz el fin de semana, y los cuatro días de campaña que le quedan los repartirá entre reuniones sectoriales en la Capital y apariciones en televisión.

No presentará al equipo de gobierno, según afirmó a LA NACION su jefe de campaña Alberto Fernández, porque siempre consideró que eso es una muestra de debilidad, aunque en privado admite que le quita posibilidades de negociación en la transición.

Los hombres del Presidente creen que el candidato oficial debería mostrar con quiénes va a gobernar porque tendrá sólo ocho días para armar el gobierno. El candidato resiste presiones y jura que no tiene el gabinete armado con duhaldistas. Menem usa esa sospecha para plantear la campaña en términos de votar un cambio, por él, o seguir con la continuidad de Duhalde, encarnada en Kirchner.

Sin estridencias

El gobernador de Santa Cruz y su compañero de fórmula, Daniel Scioli, harán un cierre de campaña formal en un hotel porteño, acompañados por el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que es junto con su par de Salud, Ginés González García, el único que tiene el cargo asegurado.

Scioli confirmó ayer a LA NACION que el acto tendrá un carácter "institucional": se volverá a presentar la plataforma de gobierno y el candidato dará su discurso final sin la estridencia de los que tuvieron los de la campaña anterior. El Kirchner del ballottage es medido y trata de no mostrar exaltaciones ni siquiera cuando lo provoca su rival.

A diferencia de Kirchner, el ex presidente no tendrá un acto de cierre tradicional, según contó ayer a LA NACION su compañero de fórmula, Juan Carlos Romero, que además es coordinador de los equipos técnicos y se encarga de los contactos políticos.

La agenda de la fórmula menemista tiene marcados viajes a Córdoba y a la región del Norte para Romero. Menem estará hoy en Quilmes, después de reunirse con dirigentes sindicales, mañana irá a Mar del Plata y pasado mañana estará solo en Bahía Blanca. En ningún lugar hará actos políticos tradicionales.

El domingo próximo, el ex presidente visitará La Matanza, el principal distrito de la provincia de Buenos Aires, donde ganó Kirchner, lo que provocó un fuerte cuestionamiento al menemista y ex duhaldista Alberto Pierri. Menem se concentrará en el distrito bonaerense porque cree que ahí está su principal pelea.

Duhalde está exultante porque sus encuestas caseras muestran que en la segunda vuelta su candidato doblará la diferencia que le sacó a Menem en la primera: 10 puntos, que serían "irremontables" para el menemismo.

Menem recurrirá también a las visitas "sorpresa", no tradicionales para tomar contacto con la gente, según contó a LA NACION uno de sus colaboradores. Lo hizo el domingo último en una villa bonaerense. "Usará su viejo recurso de hablar con la gente, tomar mate", agregó la fuente. Ese fue el principal eje de la campaña del ex presidente cuando tenía patillas y usaba un poncho en 1988.

Lo que no descartan los hombres de confianza de Menem es un acercamiento final con el ex candidato de recrear Ricardo López Murphy, pese a que en su sector niegan esa posibilidad. Alberto Kohan ayer no desechó la posibilidad durante una charla con LA NACION. El tema lo maneja en reserva el propio Menem y sería su gran golpe de efecto para revertir una elección que aparece casi definida.

Kirchner buscará mantener la imagen casi distante de la pelea electoral. Sus ataques a Menem serán sólo los necesarios, como cuando le dijo que buscaba un golpe institucional con la denuncias mediáticas de fraude que quedaron ayer sepultadas con el escrutinio definitivo, el único que vale.

Sin un debate público y con la posibilidad de que Menem renuncie a la pelea sepultada, al menos hasta ahora, en los próximos días el ex presidente y Kirchner buscarán atraer independientes para llegar al poder con el mayor respaldo popular posible.

Sin ese aval, piensan en el peor comienzo: con debilidad.

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