Concentración en la Casa de Gobierno

Fue para pedir los subsidios y los puestos de trabajo que anunció Rodríguez Saá
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27 de diciembre de 2001  

"Creen que adentro los espera Evita", dijo un policía vestido de civil con la mirada puesta en un grupo de unas cincuenta personas que esperaban, de pie o sentadas, en el ingreso de la Casa de Gobierno.

Ancianos de manos curtidas, mujeres con pocos dientes y varios niños a cuestas, hombres adultos prolijamente peinados, con zapatos recién lustrados que no lograban ocultar algún remiendo.

Todos esperaban desde hacía horas que los recibiera el presidente Adolfo Rodríguez Saá o alguno de sus colaboradores.

Traían cartas escritas a mano, documentos firmados pero nunca cumplidos, o simplemente alguna promesa del pasado que se transmitió de boca en boca desde el último gobierno peronista.

Una silla de ruedas. El medicamento que la farmacia se rehúsa a entregar porque el PAMI no paga los reintegros. Un puesto tranquilo en alguna dependencia del Estado. "Menem me lo prometió", se escuchó en un rincón. Se pidió de todo. Y de las más variadas maneras.

Un hombre mayor, vencido por el calor, insistió a uno de los custodios de la entrada para que lo dejara sentarse al fresco. Nervioso, mientras los recepcionistas averiguaban si ya había concertado una audiencia con algún funcionario para ser recibido, escupió al custodio que lo había atendido. Después se aflojó y empezó a llorar: tiene cáncer terminal y nadie que le facilite las drogas que la obra social de los jubilados se niega a entregarle. Custodio y jubilado terminaron abrazados.

Otro caso: de pie, con los brazos cruzados, un hombre cincuentón esperaba inmóvil con la mirada fija en la pared de enfrente. "Miralo. A ése lo conozco desde los primeros tiempos de Menem. Desde hace diez años que quiere un puesto en la Comisión Nacional de Energía Atómica", explicó a LA NACION un empleado que trabaja desde hace décadas en la Casa de Gobierno.

Pero más allá de las historias particulares, de los viejos sueños, la mayoría de las personas que empezaron a desfilar desde las siete de la mañana por los pasillos del Patio de las Palmeras venía por una promesa del gobierno actual: el millón de puestos de trabajo.

"Entendieron mal. Creen que venís y te vas con el subsidio en la mano", comentó un colaborador del Presidente, mientras se alejaba a paso rápido con una lista de varias páginas con nombres, apellidos y descripciones de pedidos.

Muchos fueron atendidos por el ministro del Interior e interino de Salud, Desarrollo Social y Medio Ambiente, Turismo, Cultura y Deporte y Seguridad Social, Rodolfo Gabrielli. Otros, por colaboradores directos de Rodríguez Saá.

Desbordados, cerca del mediodía se les pidió que regresaran por la tarde, a las 16, a las 18, para dar un respiro a los funcionarios. Algunos insultaron o protestaron a los gritos. Pero la mayoría de los visitantes optó por caminar hasta la Plaza de Mayo, donde se sentó bajo el sol a esperar lo que fuera necesario.

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