Contrapunto

En favor y en contra
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14 de diciembre de 2001  

  • Raquel Robles , de 30 años, trabaja en el Ministerio de Economía; nació en la ciudad de Santa Fe, pero vive en la Capital: “Los días de paro no trabajo. Los apoyo, a pesar de tener diferencias con quienes los convocan. Creo que la medida es una forma de expresar la bronca, más allá de que estos sindicalistas (que en la tele se abrazan con la misión del FMI) evidentemente no son representativos del sufrimiento de la mayoría de la gente”.
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  • Elizabeth Laffargue, de 31 años, trabaja en el área de recursos humanos de una multinacional: “La empresa en la que trabajo nunca adhiere a los paros, porque es extranjera. En lo personal, tampoco adhiero porque no creo que sea la solución de nada. Desde chica, siempre estuve en contra de los paros. La reducción de salarios no me afectó personalmente, pero si eso hubiera ocurrido habría charlado e intentado solucionar las cosas por otras vías. En la compañía tuvimos un 100 por ciento de asistencia”.
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  • Mario Gómez, de 54 años, cordobés, trabajador de la construcción y padre de tres hijos que van a la universidad: “No adherí al paro porque teníamos un contrato para hacer esta pared (en una playa de estacionamiento), y cuando tenemos una oportunidad de trabajar, no me parece correcto despreciarla. De todos modos, nunca adhiero a estas medidas porque me parece que así no solucionamos nada”.
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  • Susana Calvo, de 38 años, empleada pública nacional en Córdoba: “Por supuesto que me sumé al paro. Adherimos con todos mis compañeros porque esto está cada vez peor y no tenemos otra manera de hacernos escuchar”.
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  • Claudio Cogo, de 43 años, empleado no docente en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata: “Paré porque se hace cada vez más difícil vivir en estas condiciones. Mi actitud no significa en absoluto estar en favor de (Rodolfo) Daer o (Hugo) Moyano, porque ellos, incluso la CTA, al no ser referentes de los trabajadores no pueden atribuirse el éxito de la medida. En este momento hay que tener en cuenta que nuestro país está atravesando una situación terminal, por causa de una clase política y sindical traidora a los intereses de la gente, porque actúan como operadores de los grupos económicos que nos empujaron a este precipicio”.
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  • Marina Alberti, de 46 años, empleada de una consultora platense: “Yo vine a trabajar porque no creo que el paro resuelva mi situación ni la del resto de la gente. Los sindicalistas que proponen el paro son tan inservibles como los políticos que nos llevaron a esta crisis”.
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  • Leticia Cortés, de 26 años, empleada de una perfumería marplatense: “Vine a trabajar porque los dueños decidieron abrir. Y aunque hubieran cerrado mantendría mi rechazo al paro porque no veo que ayude a superar los problemas que estamos sufriendo. Además, tampoco me siento representada por los sindicalistas que lo convocaron. Claro que las últimas medidas económicas me disgustan, pero adheriría a un paro y saldría a la calle si el reclamo fuera más espontáneo, popular y sin estos dirigentes a la cabeza”.
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  • Miguel Angel Cotarello, de 35 años, reparte productos lácteos en Mar del Plata: “Es la primera vez que paro en los últimos años. Nunca creí en los sindicalistas que acomodan las protestas según el gobierno al que enfrenten. Pero este paro lo hago yo porque nos han tocado lo más íntimo. Abusaron del trabajador al no permitir disponer de su sueldo. Hay miles, millones que jamás tuvimos una caja de ahorro. Y encima las colas en los bancos... ¡Todo esto es un atropello! Esta fue la gota que colmó el vaso y agotó mi paciencia. Por eso no fui a trabajar”.
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  • Martín D’Angelo, de 36 años, empleado de comercio de Santa Fe: “Esto no va más. Si no salimos a protestar nos van a seguir ajustando y ya no nos queda nada. Con mi sueldo –430 pesos– no llego a mediados de mes. Hace falta cambiar la política económica. Si el Presidente no lo puede hacer, entonces que dé un paso al costado. Nunca me imaginé vivir una situación semejante. Lo que me sorprende es que todavía el pueblo esté sentado en sus casas”.
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  • Mabel Zaffaroni, de 26 años, empleada pública santafecina: “Mientras los dirigentes se llenan los bolsillos, convocan al paro, sabiendo que un paro no resuelve ningún problema. Acá no hay que engañarse: unos pocos deciden un paro por la mayoría. Pero estuvieron 10 años sin hacer nada. La dirigencia gremial es tan corrupta como la política”.
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