Corridas, sorpresas y desajustes en el último ensayo general

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Gabriel Sued
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29 de noviembre de 2018  • 20:22

Al oír el zumbido que llegaba desde arriba, Hernán Lombardi , cabeza de la organización de la cumbre, interrumpió de golpe la charla que tenía con un grupo de periodistas, en la galería de la entrada al centro internacional de prensa. El sonido de un avión lo había alterado: ya eran más de las 3 de la tarde, el límite que marcaba la prohibición de vuelos sobre el espacio aéreo de la cumbre. Dio dos pasos hacia la salida y miró al cielo. "Ah, es uno de los nuestros", dijo, aliviado, al ver el avión militar que se abría paso entre las nubes.

Entre preparativos de última hora y nervios contenidos, transcurrió la jornada previa al inicio de la cumbre del G 20 en Buenos Aires. Iniciada la cuenta regresiva, el predio de Parque Norte se convirtió en una suerte de gran sala de ensayo, en la que periodistas, funcionarios y expertos internacionales reconocieron el terreno y se prepararon para la acción de las próximas 48 horas.

G20: Habla Hernán Lombardi

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Hasta las 16, cuando la mesa chica del Gobierno llegó sin aviso, todo había discurrido en cámara lenta. Unas horas antes, abrió el juego la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich , en el salón comedor. "Hasta el momento el operativo salió bien", dijo, ante los pocos periodistas que se acercaron a escucharla.

La ministra llegó en un mal momento. Todavía en horario del almuerzo, buena parte de los presentes estaba dedicado a degustar la generosa oferta gastronómica. Había empanadas de carne, minichoripanes, mesas de fiambres y de dulces, y varios platos elaborados. Con livings de sillones de cuerina blanca y mesas de madera cruda distribuidos por todo el salón, la escena remitía a una fiesta de casamiento, en la que sólo unos pocos siguen con atención lo que pasa arriba del escenario.

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Para colmo, minutos antes de que hablara Bullrich, se largó una lluvia torrencial. A metros de donde hablaba la ministra una gotera persistente desnudó una fisura en el techo del predio. De saco fucsia y zapatos al tono, ella siguió como si nada.

Cuando abandonó el salón comedor, la atracción principal volvieron a ser las seis máquinas expendedoras de vino tinto de primerísima marca. El detalle fue celebrado hasta por John Kirton, el diplomático canadiense asaltado ayer en Puerto Madero. "Es una suerte de compensación", dijo, risueño, en una de las varias entrevistas que le hicieron en el área de trabajo. Es un salón amplio, lleno de mesas para desplegar computadoras personales.

Una pantalla gigante transmitía a intervalos imágenes del arribo de los mandatarios: una de las escasas noticias que llegaba en tiempo real de lo que sucedía afuera de Parque Norte. El predio destinado a los periodistas operó como una suerte de "jaula de oro", según la descripción de una corresponsal mexicana. Con un servicio de Internet por momentos defectuoso, los alrededor de 500 periodistas que llegaron al centro de prensa quedaron lejos de la acción.

Dentro de la jaula, otro entrevistado con mucha demanda fue Alexandre Peyrille, jefe de la misión de la agencia francesa AFP. La particular bienvenida de las autoridades argentinas al presidente de Francia, Emmanuel Macron , también fue noticia en ese país. Pero el abordaje fue diferente. La demora en la llegada de la vicepresidenta, Gabriela Michetti , quedó eclipsada por el saludo entre el mandatario y un operario de chaleco amarillo, símbolo de las protestas que durante las últimas semanas arrinconaron al gobierno de Macron. "El destino puede mostrarse malicioso", reflexionó Peyrille, después de la partida de Bullrich.

A metros de ahí, una corrida repentina de agentes de seguridad. Un banner con imágenes de glaciar Perito Moreno cayó sobre tres periodistas japoneses. Nada grave. Al rato estaban recuperados y un periodista brasileño les comentaba en inglés la noticia que circulaba con mayor potencia en ese momento: Boca y River jugarían en Madrid.

Minutos antes de las 16, el foco de atención del área de trabajo se concentró en el corredor que conduce al salón comedor. Los periodistas argentinos se arremolinaron. Con Marcos Peña al frente, un equipo de cinco funcionarios apareció por sorpresa para recorrer las instalaciones. Lo acompañaban el ministro del Interior, Rogelio Frigerio ; el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo; el secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco; el secretario general de la Presidencia, Fernando De Andreis, y Lombardi.

Peña subió al escenario para hablar para la prensa. Lombardi, que dos horas después se encargaría de dar las palabras de bienvenida oficial y presentar a la banda de tango electrónico Otros Ayres, se quedó abajo. Después, se alejó y caminó con un grupo de periodistas hacia la puerta.

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