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Cosecha fructífera para De la Rúa

Por Germán Sopeña Enviado especial
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31 de enero de 2000  

DAVOS.- El presidente Fernando de la Rúa vuelve hoy a la Argentina con dos capitales invalorables, adquiridos gratuitamente en el gran free shop político-económico-intelectual de Davos.

Por un lado, una rica cosecha de expectativas favorables y simpatías personales, recogidas entre los 100 a 150 nombres que más cuentan en el mundo de hoy.

Por el otro, la imagen más actualizada posible, como en uno de esos flashes ilustradores que sólo puede promover una reunión de este tipo, sobre cuáles son las principales tendencias, inquietudes y orientaciones que conviene conocer en el mundo interdependiente en que se vive.

Sobre el primer aspecto, es indiscutible que el nuevo presidente argentino despertó una expectativa muy importante entre los principales hombres de empresa. Eso pudo medirse con el mejor registro en la gran cantidad de empresarios que acudieron anteayer a un desayuno, así como con la impresionante lista de primeras figuras que lo escucharon en una cena más restringida, anteanoche.

Asimismo, De la Rúa tuvo oportunidad de dialogar con jefes de Estado y ministros clave del mundo industrializado, con Bill Clinton y Tony Blair a la cabeza, y una larga lista de otros nombres oficiales detrás.

En todos los casos, el Presidente fue objeto de un trato visiblemente cálido y cordial, con muchas preguntas sobre el país y deseos de buena voluntad.

Ese capital inicial es importante, porque también lo tenía Carlos Menem en el gran mundo político-económico internacional, menos atento a problemas internos y mucho más enfocado hacia las grandes líneas, y las comparaciones son siempre inevitables.

Davos permitió observar que de la Rúa se ganó con rapidez la imagen del hombre con altura de hombre de Estado, cómodo en su función y en su papel, algo que todavía les costará un poco más de tiempo a sus ministros.

En rigor, como habitué de los encuentros de Davos, De la Rúa tenía ya una buena imagen previa. Pero la figura de hombre de Estado la tenía antes como posibilidad. Ahora se convirtió en realidad.

Hay que anotar que el momento histórico lo favorece. Casi como si la coincidencia en los tiempos fuera deliberada, he aquí que De la Rúa habla de eficiencia económica, pero acompañada de honestidad, austeridad y transparencia, como dos caras de una misma moneda.

Justo en la etapa en que líderes como Bill Clinton, Tony Blair o Madeleine Albright y numerosos presidentes de grandes empresas dicen lo mismo.

Se diría que la barrera psicológica del año 2000 ha despertado una renovada exigencia de honestidad y valores morales, con los cuales el propio De la Rúa edificó su propia exitosa campaña electoral, sin advertir acaso hasta dónde llegaba la coincidencia con las nuevas demandas mundiales. Davos lo puso en el tapete y eso equivale a una lupa doblemente beneficiosa para el nuevo presidente argentino.

Convencer a Soros

Si hay que medir en un dato aislado el buen impacto logrado aquí por De la Rúa, quizá la mejor evidencia fue la que brindó ayer el magnate húngaro-norteamericano George Soros, que tras encontrarse la noche anterior con De la Rúa, volvió a mantener ayer una reunión privada con el Presidente para expresar su renovado interés por la Argentina, su intención de adquirir nuevos activos y, principalmente, de aumentar su participación en el Banco Hipotecario.

Pero no fue ése el dato principal. Lo relevante fue que, tras esos diálogos con De la Rúa, Soros admitió que por fin se ha convencido que la Argentina no tiene que devaluar su moneda.

Reiteró, no obstante, que piensa que para la Argentina es un problema el alto valor relativo de su moneda, equiparada con el dolar. Pero expresó que por múltiples razones la Argentina no debía devaluar, sino reducir sus costos internos para aumentar su competitividad.

Esa fue la receta que el propio De la Rúa repitió insistentemente durante estos días en Davos y que todos los empresarios de grandes grupos -esta vez con Soros incluido- aprobaron fervientemente.

Mensajes recibidos

El otro capital de gran valor que De la Rúa se llevó en sus valijas es el de las principales evidencias que se hicieron notorias aquí, tanto en diálogos personales y a puertas cerradas (como los que tuvo con Blair o Larry Summers, el influyente secretario del Tesoro norteamericano) como en los ilustradores plenarios en los que se escuchó a los más diversos líderes de todo el mundo.

Hubo allí intercambio de elogios de los que facilitan el diálogo. De la Rúa felicitó a Blair por los éxitos de sus 1000 días de gobierno y lo mismo hizo con Larry Summers por los notables indicadores de la economía norteamericana. A su turno, ambos lo elogiaron por actuar rápido y con decisión, y lo instaron a perseverar en esa línea.

Pero hubo más que eso. De la Rúa también pudo advertir que las grandes líneas del mundo moderno hacen arrancar el siglo XXI según las siguientes señales fundamentales:

  • No hay gobierno exitoso si no controla con austeridad total sus propios gastos. El déficit fiscal es la mayor mala palabra económica de estos tiempos. Y todos señalan con el dedo al dubitativo Japón, si no controla con austeridad total sus propios gastos. Japón brinda la mejor contraprueba: con déficit altos y deuda creciente, su economía no logra reencontrar el camino del sólido crecimiento.
  • La importancia de la economía tecnológica es decisiva. El país que no entienda que el futuro se juega en ese terreno, probablemente perderá el tren del futuro inmediato. De la Rúa admitió ayer, ante una consulta de La Nación , que éste es uno de los datos que más lo impresionaron en el foro Davos 2000.
  • La globalización puede gustar o no gustar, pero es incontenible. Las protestas de Seattle pueden detener el avance institucional de la Organización Mundial del Comercio, pero no lograrán mucho en la creciente integración de mercados de todo tipo. El desafío, para la Argentina como para todos, es como integrarse a pleno en muchos mercados a la vez. De la Rúa lo destacó ayer en su sintético balance: "Tenemos tendencia a quedarnos en nuestros mercados tradicionales. Debemos cambiar e ir a todos lados".
  • La honestidad y la transparencia no sólo son valores morales necesarios, sino que son hoy virtudes esenciales para asegurar una economía más eficiente. De la Rúa se siente particularmente cómodo con esas demandas del mundo moderno y tiene allí un aporte adicional para el necesario envión internacional que logró aquí.
  • La única hipoteca

    Ese balance general tan positivo tiene, sin embargo una hipoteca importante. Cuando se espera mucho, se exigirá mucho cuando pasa el momento de las expectativas y se ingresa en el de la medición de resultados.

    Los mejores elogios recibidos por De la Rúa giraron en torno de las iniciativas que ya puso en marcha. Y se espera más aún de las leyes en discusión, especialmente la de flexibilización del mercado laboral.

    Pero el capital de expectativas favorables en el mundo internacional es comparable al de los votos en la política interna. Legitiman a una figura y le dan la plataforma para actuar. Pero pueden esfumarse en el tiempo si los resultados no están a la altura.

    Nadie más indicado que el ex presidente Menem para medir cómo los votos lo premiaron al cabo de su primer gobierno y cómo castigaron a su partido al terminar el segundo.

    De la Rúa corre, además, una carrera más dura contra el tiempo. Tiene sólo cuatro años para demostrar lo que es capaz de hacer.

    Y la sociedad y el mundo externo le piden mucho, en verdad. Eficiencia económica, austeridad, eliminación de la corrupción, seguridad jurídica.

    Este último reclamo -una justicia veloz, confiable y previsible en el mantenimiento de reglas básicas- estuvo en el centro de muchas preocupaciones expresadas estos días por los empresarios del mundo.

    De la Rúa arrancó despertando en todos esos terrenos las mejores expectativas. Por eso, le exigirán doblemente.

    Apostillas

    Presidente suizo. Jorge Luis Borges, enterrado tan cerca de aquí, debería haber venido alguna vez a Davos. Hubiera conocido así al presidente de Suiza. Borges decía que le gustaba Suiza porque nadie sabía quién era el presidente. Aquí se sabe. Se llama Adolf Ogi, e hizo una excelente presentación en la que aludió a la sabiduría de su padre, un experto en avalanchas de nieve. Destacó, a tono con las montañas circundantes, que "no se trata de llegar primero a la cumbre, sino de que todos tengan las mismas oportunidades".

    ***

    Humor británico. El titular del Servicio de Finanzas del Reino Unido, Howard Davies, hizo honor al humor inglés al presentar en una mesa al ministro de Economía de Francia, Christian Sautter, y al secretario del Tesoro norteamericano, Larry Summers. Sobre la recaudación y la evasión, Davies dijo que "aun los más ricos deben pagar algún impuesto". Luego, sobre el pedido de disculpas del ministro francés por su acento francés, "puesto que soy francés", Davies replicó: "Es la primera vez en mi vida que oigo a un francés pedir disculpas por ser francés".

    ***

    Buena salud. El médico presidencial, Marcelo Muro, ayer respiró tranquilo. La primera gira internacional de Fernando de la Rúa había concluido y, pese a que los destinos elegidos eran sitios con bajísima temperatura y mucha nieve, nadie se enfermó. Prevenidos sobre la ola de gripe que azotó Europa, los integrantes de la comitiva oficial se habían aplicado en Buenos Aires la vacuna contra esa enfermedad.

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