Crónica de una violencia anunciada

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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27 de junio de 2002  

Como la crónica de una violencia anunciada podría ser considerado el relato de los trágicos hechos ocurridos ayer en Avellaneda, en los que murieron dos personas y hubo casi un centenar de heridos, entre ellos, por lo menos dos policías.

Lo sorprendente de este caso no debería ser tanto su lamentable resultado, sino que no se haya registrado antes.

Lo verdaderamente curioso es que, desde que en 1997 comenzaron a desarrollarse cortes de rutas y de calles como nuevas formas de protesta social hasta la actualidad, se hayan concretado alrededor de 4000 manifestaciones de este tipo en todo el país, sin que se hayan generado muchas más víctimas.

Que un grupo de personas, por atendibles y legítimas que sean sus demandas, se arrogue la facultad de privar a otras personas de un derecho que la Constitución les reconoce expresamente, como la libertad de trabajar y de circular por el territorio nacional, resulta un atropello que puede desatar consecuencias imprevisibles.

Sin ir más lejos, el 6 de febrero último un hecho ocurrido en la localidad bonaerense de Monte Grande encendió una señal de alarma. Cuando un piquete cortaba la ruta 205, un automóvil superó la posición del patrullero policial estacionado preventivamente; su conductor pretendió burlar la línea las cubiertas que ardían y los piqueteros trataron de detenerlo.

Ante la resistencia del automovilista, se generaron forcejeos y situaciones de violencia que terminaron cuando quien manejaba el auto extrajo un arma de fuego y mató a uno de los integrantes del piquete.

El fenómeno piquetero

El fenómeno de los piqueteros ha surgido hace pocos años de la mano de un contexto signado por la crisis de representación política y sindical, junto a la incapacidad del sistema político para procesar crecientes demandas sociales.

No es un fenómeno sencillo. Más que una manifestación de la crisis social, el movimiento piquetero es una manifestación fronteriza -y por cierto violenta e inaceptable- de la política.

No obstante, tal vez no existiría sin un contexto socioeconómico como el de los últimos años. En esto, resultaría impropio ser acertivos, porque con otra Argentina, tan distinta de la actual, ¿por qué se produjo la subversión de los años 70?

Los piqueteros conforman, al mismo tiempo, un fenómeno mediático. El corte de rutas implica actos de insubordinación civil y la búsqueda de un impacto en los medios masivos, como la televisión, que potencie sus demandas y haga, en muchos casos, que el sistema político las canalice.

¿Cómo caracterizar a sus integrantes? En el movimiento piquetero hay de todo como en botica:

  • Están en primer lugar los desempleados y los que tienen hambre.
  • Están también los dirigentes que buscan sacar su propia tajada, recibiendo y distribuyendo planes sociales que fueron una suerte de subsidios encubiertos disfrazados de puestos de trabajo, utilizados políticamente.
  • Y están, por último, los pescadores en río revuelto que aspiran a conducir el conflicto social con una dosis de violencia mayor.
  • Es probable que, a la luz de los hechos sucedidos ayer, este último grupo haya tenido una más elevada participación. En anteriores movilizaciones, los piqueteros demostraron un llamativo nivel organizativo, con una estructura de mando clara y una logística casi perfecta, que contribuyó a evitar enfrentamientos con la policía. Ese grado de organización no se advirtió ayer, por lo menos en el puente Pueyrredón, donde se registraron los más graves incidentes.

    No debe descartarse que ese nivel de desorden y rebeldía haya sido generado por las diferencias suscitadas entre las distintas agrupaciones que convocaron a los actos de protesta de ayer, frente a la advertencia oficial de que las fuerzas de seguridad no permitirían los cortes en los caminos.

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