De la Rúa despertó el fervor gallego

El pequeño pueblo de Bueu salió a recibirlo en las calles como a un héroe; todos quisieron saludarlo y fotografiarse con él
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27 de octubre de 2000  

BUEU, España.- Con sus mejores ropas, todo el mundo interrumpió lo suyo y se fue a la plaza para ver. Llevaban semanas en la preparación. Habían pavimentado calles, pintado la sede gubernamental del mismo color que la Casa Rosada. Se suspendieron las clases en los colegios, se cortó el tránsito desde la mañana. "¡Por fin el día ha llegado!" -dijo el Diario de Pontevedra-. Por primera vez llega un presidente."

Fernando de la Rúa tuvo su día de fiesta en Bueu, el pueblo gallego donde nació su abuelo y al que volvió -dijo- para "encontrar las raíces" y saludar a familiares lejanos -reales y otros no se sabe- que en las últimas horas se multiplicaron como hongos después de la lluvia a lo largo de la ría de Pontevedra.

La gente se agolpó en las calles para verlo pasar, le tiró besos, lo esperó durante horas y lo aplaudió cuando saludó desde el balcón del Consello, nombrado ya hijo adoptivo del lugar. Fue la segunda vez que el pueblo otorgó ese título. A De la Rúa, la sonrisa no le cabía en el rostro.

A sus pies, el pueblo de 14.000 habitantes estaba dado vuelta. Lo que en otro momento hubiese sido un drama súbitamente había perdido importancia: "¡Jod!... que se le ha estropeado la pierna os digo!", reclamó un joven a los gritos. Su amigo acababa de ser atropellado por una moto y no conseguía que vinieran en su ayuda. Nadie quería moverse de donde estaba. Hasta que alguien reaccionó y lavó la herida.

* * *

Blusa de domingo y collarcito de perlas, la primera en sentarse a un costado de la plaza fue Adelaida Barreiro Gudiño, súbitamente devenida en "familiar del Presidente" en condición de prima tercera. A sus 88 años, tuvo entrevistas rotativas con radios, diarios y canales de televisión para hablar del pariente lejano al que no había visto nunca. "Pero todos me dicen que soy muy parecida", dijo, acariciándose la nariz prominente. Estaba feliz: había llegado en un auto que le envió el alcalde.

En otra línea formaban familiares más directos. Carmen Mora de la Rúa, una prima hermana del Presidente a quien, también, vio por primera vez en su vida. Y sus parientes, una sobrina: María Mora Monforte, junto con sus dos hijas.

Lejos de la gloria fugaz en el pueblo, cinco personas con el apellido Villanueva Otero que no lograron el reconocimiento formal como familiares del visitante. "Que mi abuela era hermana del abuelo de De la Rúa", dijo Rosa María, acompañada por sus hermanos. "Somos tan primos como los otros", reclamó. Pero el protocolo tuvo sus crueldades.

La genealogía se convirtió en moda en Bueu y formó bandos que consagraban -o no- la legitimidad pretendida de familiar. "Su madre es hermana del abuelo de él... Que no, que es prima, te digo... ¡Uy!, que yo no me aclaro de esto...", discutían varios, copia en mano del árbol genealógico de los De la Rúa, pieza muy difundida por estos días aquí.

Acompañaron al Presidente su mujer, Inés Pertiné, y su hijo menor, Fernando, que sin proponérselo fue foco de atención. "¿Tú eres el novio de Shakira o es tu hermano?", le preguntaron varios periodistas españoles. El habló poco y de otras cosas.

A un costado, un grupo de argentinos residentes en Bueu. Entre ellos -obviamente-, dos dentistas, Aníbal Iun y su mujer, Susana Pampín, desesperaron por estrechar la mano del Presidente.

La villa pesquera abrió un juego de historias cruzadas. La cara alegre, el Presidente que llegó como el ejemplo más exitoso que podían mostrar de la emigración que hace tres generaciones se fue de su tierra. La cara del drama, los argentinos que lo recibieron allí después de haber tenido que dejar su casa del otro lado del Atlántico.

* * *

Fue una carrera. En menos de tres horas, De la Rúa tuvo un acto en el Consello, descubrió un monolito, almorzó mariscos y se levantó antes de que el tiempo diera para postre y café. Habló ante la gente de Bueu y, sobre el final de su discurso, no dejó que la emoción le quebrara la voz.

Faltaba visitar el Paso de la Santa Cruz, el caserón de piedra del siglo XVII que mandó construir el ancestro con el que comenzó la historia y que se llamaba Fernando de la Rúa. Descontando minutos, escuchó lo que le contaron y preguntó sobre todo. El caserón pertenece ahora a la empresa Angeran. Nieves Herrero Cía, su presidenta, abrió la puerta. "Esta es su casa", les dijo. La visita fue cortísima. Saludaron, subieron al auto y partieron. Sobre una mesa quedaron el coñac y el habano con que querían convidarle. Otra vez será.

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