De la Rúa y un éxito que llegó justo

El viaje marcó el punto de inflexión en la crisis política.
Jorge Rosales
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28 de octubre de 2000  

Barcelona.- En la íntima mesa de café servida en la madrugada del miércoles en el Palacio de El Pardo, después del vigoroso apoyo del rey Juan Carlos a nuestro país, Fernando de la Rúa comenzó a percibir cabalmente cuál era el grado del compromiso que España estaba dispuesta a asumir con la Argentina y con su gobierno.

Fue en esa ronda de amigos, entre quienes estaba su inseparable canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, cuando se mencionó por primera vez la frase alianza estratégica renovada entre España y la Argentina.

La visita de Estado del presidente De la Rúa fue exitosa en lo político, y también en lo económico. No es común que el rey deje el formalismo de un mensaje de bienvenida a un jefe de Estado para firmar prácticamente un cheque en blanco a la orden de un presidente extranjero.

Pero si ello no se hubiera complementado con el acuerdo alcanzado con la empresa Repsol YPF para la extensión del contrato de explotación del yacimiento de Loma de la Lata, que significará inversiones por 4500 millones de dólares en los próximos cinco años y con los anuncios de ayer de inversiones por 400 millones de dólares en turismo, los elogios y los respaldos habrían sido sólo eso, palabras de aliento, pero vacías a la hora de trasladarlas a los hechos concretos.

El éxito de la visita, que nadie puede desconocer, llegó en un momento justo para el Presidente, que buscaba marcar el punto de inflexión en una crisis política que lo había atormentado en las últimas semanas.

Y la impresión que transmitió en los cuatro días en España es que está dispuesto a dar una crucial batalla desde el momento en que llegue a Buenos Aires, hoy, para darle a su gobierno un nuevo impulso que lo aleje de los tiempos críticos de la renuncia de su vicepresidente Carlos Alvarez y de las recurrentes versiones que provocan temores sobre la solvencia económica de la Argentina.

"Estoy muy contento por la visita, sobre todo porque veo que se hacen vínculos, negocios e inversiones", afirmó anoche De la Rúa antes de partir hacia la Argentina.

España siempre recibió a los presidentes argentinos con una generosidad extraordinaria, fundamentada en los fuertes lazos históricos, culturales y de la lengua. Son pocos los españoles que no tienen un familiar en la Argentina, bromeó ayer De la Rúa.

Hace 15 años ocurrió con Raúl Alfonsín, que sedujo a la España del socialista Felipe González. En ese momento se habló de establecer una relación asociativa particular entre ambos países. Pero los lazos ideológicos fueron más fuertes que los resultados económicos concretos.

Con Carlos Menem, el pragmatismo fue el eje y las empresas y el Estado español apostaron como ningún otro país por el extraordinario proceso de transformación económica que se vivió en la década de 1990. En ese período, España se convirtió en el segundo país de origen de las inversiones extranjeras directas, sólo superada por los Estados Unidos.

Hoy, un presidente como De la Rúa se lleva de la primera visita de Estado que realiza en su mandato un espaldarazo político y económico sorprendente de una España cada vez más rica e influyente en el campo internacional y con un horizonte que no tardará en ubicarla entre las siete potencias del mundo.

España tiene 32.000 millones de dólares invertidos en la Argentina. Hay demasiados intereses en juego como para que el apoyo político y económico sea sólo superficial.

Los acuerdos económicos cerrados en los últimos días, como el salvamento de Aerolíneas y el alcanzado con Repsol por Loma de la Lata, "señalan que este casamiento en el orden histórico, estratégico y económico de España y la Argentina da frutos concretos, puestos de trabajos, tasas de expansión y, por lo tanto, mayor bienestar para los argentinos", afirmó a modo de balance el ministro Rodríguez Giavarini a La Nación .

Sólo en oportunidades muy especiales la historia permite que la tradición, la historia y lo espiritual vayan de la mano de las oportunidades económicas, comerciales y políticas. Esta vez, el Presidente ha tenido la visión de ello al relanzar las relaciones en este momento, dijo el canciller.

El Gobierno espera que la renovada alianza estratégica con España incida en la vida cotidiana de los argentinos. "Deseamos la asociación para caminar juntos. Esto refuerza claramente la situación interna", reconoció un destacado funcionario.

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