De la Sota se siente traicionado por Kirchner

Jorge Rosales
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7 de septiembre de 2007  

El escandaloso final de las elecciones en Córdoba terminó de profundizar la brecha que ya separaba al gobernador José Manuel de la Sota del presidente Néstor Kirchner. Tanto, que la crisis en la que está inmersa su provincia a partir de las denuncias de fraude lo han impulsado a explorar una idea que elaboraba en silencio: no mover un dedo en Córdoba para hacer campaña por la candidata presidencial oficialista Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, Kirchner ayer envió un claro mensaje de desacuerdo respecto de la forma en que se están desarrollando los acontecimientos en aquella provincia convulsionada. Recordó que en 1987 ganó la intendencia de Río Gallegos por 111 votos y el resultado no fue cuestionado.

Pero la realidad política argentina es bien diferente hoy de la de hace 20 años. La sociedad no ha saldado del todo sus diferencias con los políticos luego de la crisis de 2001, y esto se puede percibir en los reclamos de la sociedad cordobesa por transparencia.

Nadie le puede sacar de la cabeza a De la Sota que las sospechas de fraude lanzadas por Luis Juez luego del escrutinio del domingo último que le otorgó a Schiaretti la victoria por un suspiro -fue, cuanto menos, confuso y amañado- contaron con el respaldo y el aliento de empinados funcionarios con despachos en la Casa Rosada. La furia tiene como destinatario al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a quien le endilga no sólo haber fogoneado la campaña de Juez, sino no haberlo frenado cuando se lanzó en su furibunda campaña de denuncia no bien se conoció el resultado del escrutinio provisional que no lo favorecía.

"Estaremos tan ocupados con el escrutinio que no tendremos tiempo para hacer campaña por Cristina. Y si nosotros no lo hacemos y Juez sigue con sus ataques al kirchnerismo, ¿quien lo hará en Córdoba?", le deslizó con ironía De la Sota a su círculo íntimo, durante una reunión realizada ayer en oficinas céntricas de esta ciudad, donde estuvo por unas horas diseñando la estrategia para contrarrestar el daño que prevé que causará a su gestión y a su futuro político la crisis provocada por las elecciones.

Hace al menos dos meses que De la Sota no cruza palabra con el presidente Kirchner, a quien le reprocha en la intimidad no haber llamado a Schiaretti tras el resultado provisional, como sí hizo con el socialista Hermes Binner, claro ganador de las elecciones que terminaron con la hegemonía peronista en Santa Fe. Ese silencio, según la interpretación delasotista, ha contribuido a consolidar las sospechas sobre la pulcritud del escrutinio.

La ira del gobernador llegó a la casa de los presidentes. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, habló con Schiaretti y fue depositario de las quejas del gobernador De la Sota. En la Casa Rosada ya evalúan que la insistente actitud de Juez comienza a atentar contra el sistema porque creen que la situación en Córdoba no tiene retorno. "Lo que pretende Luis Juez es ir a otras elecciones, y eso es inviable", se oyó decir ayer a un ministro con aquilatada experiencia política.

Ayer comenzó el cómputo definitivo de los votos a través de las actas y no voto por voto, como había reclamado Juez. En el círculo de colaboradores de De la Sota consideran que la llave para detener esta situación la tiene la Justicia, aunque dure semanas. Allí se descubrirá que lo de Juez no tenía fundamentos, dicen en las huestes del oficialismo cordobés, aún reconociendo que el verborrágico intendente de Córdoba acusará a los magistrados de falta de independencia si se ratifican los resultados provisionales.

Una traición, palabra que ha estado presente en cuanto entuerto ha habido en el peronismo de todos los tiempos, es lo que De la Sota cree que se está consumando en su contra. A pesar de estar acorralado por las sospechas que lo salpican no abandona su proyecto personal: ser candidato a senador en 2009 y candidato a presidente en 2011.

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