De Narváez dijo que no se baja de la candidatura y exigió un debate

Rechazó una posible renuncia para unificar el voto opositor, pero no descartó "un acuerdo parlamentario" con Massa después de octubre
Nicolás Balinotti
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14 de agosto de 2013  

Jugó al misterio poco más de un día. Ordenó a su equipo de asesores recluirse en el silencio y dejar correr las versiones sobre un eventual rechazo a su candidatura tras el cuarto puesto obtenido en las elecciones primarias. La intención fue generar una fugaz expectativa. Y lo logró. Francisco de Narváez convocó ayer de urgencia a la prensa porque creyó necesario ratificar que no se bajará de la pelea por revalidar su banca de diputado nacional.

"Soy candidato el 27 de octubre", llenó la sala con su voz. Así apagó el reguero de rumores, cuya autoría le enrostró al Grupo Clarín. "Quienes me conocen no se atreverían a presionarme", dijo, seco y enigmático. Y evitó volver a referirse a las dudas sobre su candidatura para intentar unificar el voto opositor al kirchnerismo detrás de Sergio Massa, del Frente Renovador.

Rodeado de casi todos sus candidatos y flanqueado por Claudia Rucci y el moyanista Omar Plaini, De Narváez admitió que evaluará un cambio de estrategia rumbo al 27 de octubre. Ayer dio un primer paso: sin ataques retóricos a sus rivales, volvió a la carga para activar un debate público con sus competidores. Y si bien vinculó nuevamente a Massa con el kirchnerismo, no descartó en el futuro trazar "un acuerdo parlamentario" con la fuerza política del jefe comunal de Tigre. "Vamos a estar abiertos al diálogo, no sólo con él, sino con otras fuerzas legislativas, siempre que los proyectos sean coincidentes y estén en la agenda común", dijo.

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Su desafío será mantener el caudal de votos obtenidos el domingo pasado. Los más entusiastas sueñan con sumar 100.000 nuevos votos y superar así el millón. Pero puertas adentro las proyecciones aseguran una deserción de votantes o, en el mejor de los casos, un crecimiento de no más del 5 por ciento. Es decir que, con viento a favor, podría recuperar tres o cuatro de las 17 bancas que pone en juego tras su victoria en las elecciones de 2009, cuando obtuvo más de 2.500.000 sufragios. El mayor temor tiene un argumento: los votantes de De Narváez, todos férreos opositores al kirchnerismo, tal vez activen una fuga en tropa hacia el candidato que realmente pueda vencer a la Casa Rosada.

"Vamos a trabajar para que más gente se sume a los que nos acompañaron con el voto, ése es el trabajo que vamos a hacer en los próximos 75 días", dijo, intentando reactivar el segundo tramo de la campaña.

Habrá un giro en la estrategia. De Narváez no abandonará la dicotomía del eslogan "Ella o vos", aunque tal vez se modifiquen algunos mensajes que podrían interpretarse como agresivos. Sí intentará diferenciarse del discurso de Massa, de quien sospecha que su única ambición es llegar a la jefatura del Estado. "No estoy en la carrera presidencial. Muchos políticos usan la provincia de Buenos Aires de trampolín para saltar a otro lado, pensando cómo llegar a la Casa Rosada", le apuntó al ganador de las primarias.

Pero el primer paso será conseguir que Hugo Moyano, su principal socio electoral, logre involucrarse en los actos para captar votos. El jefe de la CGT opositora mantuvo hasta ahora un perfil pasivo. Cerca de De Narváez pidieron un mayor compromiso. Y algo de eso ya comenzó a escenificarse ayer, con la numerosa delegación de moyanistas que se hizo presente en el búnker de Las Cañitas para asistir a la conferencia de prensa del "Colorado".

Pero no será sencillo. La tensión entre De Narváez y Moyano esconde otro motivo, más allá de las diferencias que siempre los mantuvieron en veredas opuestas. Se trata de Facundo Moyano, uno de los hijos del referente camionero. Facundo avanza en un trato con Massa y se sumaría en diciembre al bloque que conformará el Frente Renovador en la Cámara de Diputados. Ayer, Hugo Moyano quedó preso de un juego de palabras durante una entrevista radial (ver aparte) en la que se lo consultó sobre algún acercamiento con el intendente de Tigre. Lo rechazó. "¿De dónde salió eso?", se hizo el sorprendido.

Ayer, De Narváez torció el gesto cuando se lo consultó sobre las maniobras de su aliado. "No dijo eso", cortó de inmediato a su interlocutor. Plaini, a su lado, le manoteó el micrófono después de que otro moyanista, Jorge Mancini, le susurró una indicación al oído. "Vamos a seguir juntos. Hoy en el país se discute la agenda de la CGT, que es la que planteamos en este espacio", dijo Plaini. Intentó despejar así cualquier versión sobre una ruptura.

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