De Stiuso a Pocino, una agencia al servicio de los Kirchner

El ex presidente se valió de la secretaría para escuchar a periodistas, políticos y empresarios
Hugo Alconada Mon
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4 de mayo de 2015  

"Stiles, para servirle." Así comenzó la relación que durante años unió al ex presidente Néstor Kirchner con Antonio Horacio "Jaime" Stiuso, el espía que más alto llegó en la estructura de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE).

Se conocieron en los inicios de la presidencia de Kirchner, aunque el santacruceño ya conocía bastante sobre los procedimientos de la ex SIDE. Por un lado, porque Cristina Fernández tejió un buen lazo con otro referente de los espías, Fernando Pocino, desde el Congreso. Por el otro, porque un tercer agente fue el encargado de recabar información en Santa Cruz sobre el entonces gobernador y la primera dama provincial, pero quedó expuesto y los Kirchner lo denunciaron.

Pese a ese pecado original, Kirchner recurrió a la ex SIDE como ningún otro presidente desde el retorno de la democracia, en 1983. La utilizó para tareas de espionaje doméstico: desde escuchas a políticos, empresarios y periodistas hasta tareas de infiltrar manifestaciones.

Todo comenzó cuando Stiuso le entregó su propia carpeta, con tapas de cartulina amarilla, al inicio mismo de su mandato, según reveló el periodista Gerardo Young en su libro Código Stiuso. Un gesto para congraciarse.

A partir de entonces, si Kirchner criticaba a alguien poco después aparecía en su despacho la carpeta de la víctima de turno. Y de la mano del entonces número dos de la ex SIDE, Francisco "Paco" Larcher, también comenzaron a aparecer sobre el escritorio del ex presidente las escuchas telefónicas que Kirchner consumía, a la hora de la siesta, con fruición.

Muchas de esas tareas de inteligencia se camuflaron como parte de una operatoria que les permitió legalizarlas. Eso expone en parte el crecimiento exponencial de los informes reservados vinculados a la "seguridad nacional" entre 2003 y 2007 (de lo que se informa por separado).

Pero a eso se sumó el uso selectivo de ciertos expedientes judiciales en los que se obtuvo la autorización para escuchar líneas telefónicas clave. Uno de esos expedientes, centrado en la firma Dark Star Security, según reveló LA NACION el 22 de abril pasado, permitió vislumbrar todo tipo de operatorias ilegales. Desde sobornos a jueces, amenazas de carpetazos entre funcionarios, seguimientos a periodistas, vínculos ocultos con barrabravas y testigos falsos en el juicio por la tragedia de Once hasta el rol del teniente general César Milani en tareas de inteligencia interna, datos sobre el titular de la Corte y cruces de facturas dentro de la ex SIDE.

Las peleas entre los espías y el ascenso de Milani pueden explicar, también, el estancamiento en el número de informes de inteligencia que reflejan las estadísticas oficiales de la ex SIDE.

Caminos distintos

Rivales desde hace años, Stiuso y Pocino siguieron caminos distintos. El primero unió fuerzas con el fiscal de la Unidad AMIA, Alberto Nisman. Juntos se enfrentaron al Gobierno cuando la Presidenta firmó un memorándum de entendimiento con Irán. Pocino, por el contrario, se vinculó con la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, a quien también conoció en el Congreso.

El rol de Pocino en los asuntos de interés de la Casa Rosada salió a la luz cuando la televisión lo mostró, en julio de 2011, mientras supervisaba una protesta contra la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y Sergio Schoklender por salarios y aportes caídos de los albañiles de Sueños Compartidos.

Para muchos defensores de las Madres, la presencia de Pocino fue una señal de alerta, aunque menor, a raíz de la entrevista que Bonafini le hizo al general Milani para la tapa de la revista Ni un Paso Atrás, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Acusado de violaciones de los derechos humanos en Tucumán y La Rioja –donde desapareció el soldado Alberto Ledo–, presunto enriquecimiento ilícito y de montar un aparato de inteligencia prohibido por la ley, Milani recibió un espaldarazo de Bonafini.

"–¿Cómo toman tus hijos las denuncias contra vos? –le preguntó la titular de Madres.

–Por ahí uno sufre más por ellos que por uno. (...) Jamás, nunca, ni torturé, ni maté, ni estuve."

Ahora, según reconstruyó LA NACION, Milani y Pocino –a quien también se le atribuye la falsa denuncia sobre una cuenta en el exterior a nombre del ex jefe de gobierno porteño Enrique Olivera o la exhumación del legajo del diputado Juan José Álvarez como empleado de la SIDE durante la dictadura– controlan el espionaje local, más allá de que su jefe, Oscar Parrilli, ponga la cara como titular nominal de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Y el incremento sostenido del presupuesto para el área de inteligencia militar es otro indicio en esa línea.

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