De "veraneo" en el banco

Una familia protestó en una entidad en traje de baño y ojotas
Una familia protestó en una entidad en traje de baño y ojotas
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25 de enero de 2002  

¿Humor a pesar de la bronca? Los cuatro integrantes de una familia demostraron ayer que es posible unir ambas cosas: se fueron a "veranear" a un banco de Barrio Norte.

El aire acondicionado suplía aceptablemente las condiciones de un ambiente playero ideal, y el resto lo aportaron ellos mismos: ropa de baño, sillas plegables, ojotas, gorros, anteojos oscuros, lonetas, pelota, termo y mate.

Alrededor de las 13, Marcelo Wakstein (plomero gasista, de 46 años), su esposa, Susana, y sus dos hijos adolescentes, Jennifer y Michel, ingresaron en la sucursal del banco HSBC ubicada al 2300 de la avenida Santa Fe. Pese al atuendo y al equipo, los clientes y empleados pensaron que se trataba de una gestión de último momento, antes de un viaje a la costa atlántica.

Lo primero era cierto. Como última gestión, Wakstein habló con el gerente para reclamar por centésima vez el monto de un plazo fijo atrapado en el corralito. Incluyó la curiosa propuesta de que le diesen un crédito en dólares por la suma reclamada y que se lo cobrasen con su depósito. Previsible, el gerente rechazó el trato. "Sería contra la ley", dijo el hombre, muy ajustado a las normas rectoras.

De inmediato, sin amilanarse ni poner el grito en el cielo el cuarteto "tomó" parte del hall, que de pronto adquirió una tonalidad menos financiera.

Claro que no era sólo cuestión de sentirse cómodos y provocar sonrisas. El jefe de familia desplegó una pancarta, que rezaba: "Este banco se quedó con el futuro de mis hijos. Devuélvanmelo". Y Michel se colgó del cuello una sugestiva imitación de un billete de 500 dólares -solemne imagen de Benjamin Franklin incluida-, confeccionada en papel higiénico.

Se quedaron hasta las 15.30 porque en la improvisada playa rige el horario bancario.

En busca de otras "playas"

Marcelo Wakstein le dijo a LA NACION que se le había ocurrido esta forma de veraneo, "ya que no podemos ir a Villa Gesell, como todos los años. Adhiero a todos los cacerolazos, pero no descarto el humor, que es algo muy revolucionario. Espero que otros nos imiten. ¿Qué haremos mañana (por hoy)? Pues nos vamos a otra "playa". Algunas de la City me parecen que son más cómodas".

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