Desde el Congreso, Scioli apunta al Fondo y a las obras

Se cumplirán ciertas metas y se pedirá una prórroga de pagos
Mariano Obarrio
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18 de mayo de 2003  

La agenda parlamentaria de Néstor Kirchner está directamente vinculada con sus objetivos políticos y económicos fundamentales para el comienzo de su gestión: por un lado, cerrar el acuerdo definitivo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y por otro, dar un fuerte impulso al plan de obras públicas para reactivar la economía y generar empleo inmediato.

El hombre que articula esa agenda es el vicepresidente, Daniel Scioli, desde la presidencia del Senado.

Un allegado al presidente electo explicó a LA NACION que Kirchner resolvió que sus objetivos legislativos apuntarán a elevar el superávit fiscal primario por medio del aumento de ingresos del Tesoro y de la lucha contra la evasión impositiva.

Pero, por sobre ello, se orientan a cumplir por ley ciertas metas que exige el FMI. A cambio de esas concesiones, y con más margen de negociación, le pedirá al Fondo una prórroga del pago de los vencimientos con los organismos internacionales de crédito. Kirchner busca así reorientar fondos del Tesoro a las obras públicas y resolver el gran debate sobre sus prioridades.

En otras palabras, la línea política de Kirchner sería compatibilizar las medidas duras que exige el FMI con la generación de recursos para políticas de alivio a sectores castigados y para la producción.

El tema, empero, tiene sus complicaciones. En rigor, previo a cualquier negociación con el FMI, la Argentina estaría obligada a cumplir o renegociar pagos de vencimientos con esos organismos por 3000 millones de dólares en agosto próximo y 6000 millones hasta diciembre.

El propio ministro de Economía, Roberto Lavagna, sin embargo, adelantó públicamente hace pocos días que le solicitará al FMI postergaciones de esos pagos, que en principio parecían improrrogables.

Piden oxígeno

"Queremos ser muy estrictos y rápidos en cumplir con las leyes que pide el Fondo para que a cambio nos den un poco de aire para crecer y generar riqueza y recursos", dijo una altísima fuente del futuro gobierno en la más estricta reserva.

Lavagna también se esmeraría en satisfacer otros requisitos del FMI, como controlar el gasto público y acelerar la reestructuración de la deuda pública en default, entre otros.

Cerca del presidente Eduardo Duhalde, no obstante, todavía dudan de que el FMI les otorgue ese oxígeno al próximo presidente y a su ministro Lavagna. "Dirán: sí, tienen que cumplir con las metas cualitativas, pero además pagar", dijo un ministro saliente a LA NACION.

Un allegado a Scioli ratificó que la agenda del vicepresidente en el Congreso consistirá en apurar las leyes de compensación a los bancos por la pesificación asimétrica, la reforma impositiva, la reforma de la coparticipación federal fiscal, el aumento de tarifas y renegociación de contratos de empresas de servicios públicos privatizadas, y la reforma a la ley de entidades financieras, tal como se informa por separado.

Son todos instrumentos destinados a cumplir con el FMI y a mejorar la recaudación fiscal.

Los proyectos de modificación tributaria y de coparticipación federal fiscal, por ejemplo, estarán necesariamente vinculados entre sí, aseguraron allegados a Scioli.

"Se apuntará a la descentralización de la recaudación de impuestos, y a modificar ganancias e ingresos brutos y a que paguen más los que más ganan", dijo una fuente de la futura vicepresidencia. Los detalles técnicos, empero, sólo serán anunciados mañana por Lavagna y aún están en la etapa de gestación.

El superávit fiscal primario establecido en el acuerdo provisional entre la Argentina y el FMI es del 2,5% del PBI, lo que equivale a unos 8000 millones de pesos para 2003. El objetivo de Kirchner es acrecentar esa meta por encima del 3% del PBI (unos 10.000 millones de pesos), dicen ahora sus máximos allegados.

Según fuentes de los equipos técnicos del presidente electo, Kirchner distribuiría ese sobrante fiscal entre el pago parcial de las obligaciones externas y, una buena parte, el financiamiento de las obras públicas y programas de créditos para las pequeñas y medianas empresas.

De ese modo, pretende cumplir con su promesa electoral de poner manos a las obras públicas y desarrollar un plan "neokeynesiano".

Las obras, algunos de cuyos planes se inspiran en la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), buscarán reactivar el mercado del empleo y generar la infraestructura para el desarrollo económico global, a través de transporte de la producción y de la generación del turismo.

Los recursos, sin embargo, no sólo saldrán del superávit, sino de créditos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La gestión de esos préstamos está en la esfera de Lavagna y en manos de Julio De Vido, futuro jefe de Gabinete o ministro de Obras Públicas, precisamente, y de Oscar Tangelson, actual secretario de Política Económica y eventual funcionario de Kirchner.

Sin embargo, esos créditos externos están condicionados precisamente al acuerdo definitivo con el FMI y por lo general demandan trámites de desembolso lentos. También se estudian posibles aportes crediticios de las AFJP, que fueron ferozmente criticadas por Lavagna en estos días.

Protagonistas

Néstor Kirchner

  • El presidente electo diseñó la agenda parlamentaria para lograr un acuerdo con el FMI y activar el plan de obras públicas.
  • Roberto Lavagna

  • El ministro cumpliría metas del FMI para pedir prórroga de pagos a los organismos y tener fondos para las obras.
  • Horst Köhler

  • La Argentina les debe pagar a los organismos internacionales de crédito más de US$ 6000 millones hasta diciembre.
  • Julio De Vido

  • El ministro de Gobierno santacruceño (foto) y Oscar Tangelson gestionarán créditos del Banco Mundial y del BID.
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