Desmienten rumores sobre la existencia de grupos armados

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Buscan canalizar naturalmente la queja Los encargados de la seguridad en el Gobierno admiten que no hay posibilidad de una guerra civil ni de golpe de Estado Las Fuerzas Armadas tienen 70% de su personal de licencia
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27 de enero de 2002  

En la semana en que cayó Fernando de la Rúa no hubo tantos rumores como en estos días que pasan entre protestas y cacerolas.

El ruido blanco en la línea de información se asemeja a las molestias auditivas que provoca una radio mal sintonizada. Todo, todo realmente, pudo escucharse en las últimas 72 horas, incluso en despachos oficiales.

Nada vale la pena reproducir. Sí, en cambio, el concepto de un hombre clave hoy en el Gobierno: "No hay en la Argentina ningún grupo con capacidad y decisión política para usar la violencia como medio de lucha o acceso al poder".

Por más que la frase presentada así, en off the record, pueda perder algo de peso, resulta importante para intentar caminar con paso más seguro por un análisis del conflicto social y sus derivaciones violentas, que existen y están a la vista en Junín, por caso.

Si se toma en cuenta esa opinión, que es la de la parte muy informada sobre el tema del Gobierno, puede trazarse un límite dejando fuera del razonamiento el ampuloso término de "guerra civil".

Manifestaciones esporádicas de violencia social, espasmos de ira, entran sí en la observación de encargados de la seguridad federal. Peligrosos, pero contenibles.

Minutos después de comenzar el cacerolazo, un funcionario hizo una pausa en el tema del día y ante la pregunta de LA NACION estableció un ranking de áreas en problemas: Chaco y Jujuy están en zona de riesgo; el conurbano bonaerense es el permanente motivo de preocupación.

El dato por tener en cuenta sin meterse en la maraña de rumores es que en la Argentina aumentó realmente la violencia urbana, esa que se engloba con el rótulo de inseguridad.

Fue un proceso de años y se mezcla en la incertidumbre actual. "Con tantos policías que matan en las calles y la cantidad de armas que hay dando vuelta no puede ser extraño que diez tontos hagan un desastre en una marcha sin necesidad de que alguien los maneje políticamente", dice un funcionario que conoce bien el conurbano.

Un ex secretario de Estado, siempre bien informado, aporta que creció el número de trámites en el Registro Nacional de Armas.

El suceso en Junín muestra cuál es el peligro real fuera de la maquinaria de operaciones atemorizantes que apunta simplemente a los sospechosos de siempre: un escrache como los cientos que hay en el país, alguien que se pone nervioso y tiene un arma, el disparo y la explosión de furia.

La perspectiva inicial de que no hay un grupo que haya decidido buscar el poder -y que esté en capacidad de hacerlo- mediante la utilización de la violencia lleva a que las áreas de seguridad del Gobierno visualicen los problemas -que existen y muchos- sin ser arrastradas por versiones alarmistas.

Desde la caída de De la Rúa a estos días hay un reconocimiento oficial que se dice en voz baja de que el descontento social se incrementa.

Se piensa que los cacerolazos pueden canalizarlo naturalmente, por lo que no se considera oportuno cerrar esa válvula de escape. Pero disminuyó al mismo tiempo la sensación de derrumbe generalizado de la estructura social.

Por caso, en los alocados días de diciembre se redactó de urgencia un decreto que habilitaba al Ejército para restaurar el orden público. Hoy esa fuerza tiene el 70 por ciento de su personal con licencia anual.

Cacerolazo

  • MENDOZA.- Unas 200 personas congregó un cacerolazo realizado ayer en pleno centro de esta capital para reclamar en contra del corralito bancario. La esquina de la peatonal Sarmiento y avenida San Martín fue el lugar de la convocatoria, que incluyó el pedido de remoción de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El sitio había sido también el viernes el principal punto de reunión del cacerolazo nacional.
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