Día de adaptación en bancos y negocios

Las entidades crediticias atendieron numerosas inquietudes; hubo retracción del consumo en los comercios más chicos
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4 de diciembre de 2001  

No podía ser de otra manera. Ayer, primer día de aplicación de las nuevas medidas económicas que prevén la bancarización de gran parte de las operaciones financieras, la actividad en los bancos protagonizó la jornada.

Y, como era previsible, las consultas de clientes y potenciales clientes se concentraron en torno de la apertura de cajas de ahorro, del empleo de cheques de cancelación, la transferencia entre cuentas, el envío de dinero a parientes en el exterior, la renovación de depósitos en plazos fijos y la adhesión al débito automático para el pago de servicios.

Pero los trámites, aunque movidos, no mostraron mayores complicaciones. Al menos hasta ayer. Por ejemplo, Ramón Di Luca, un jubilado de 72 años, pidió en un banco de la City porteña abrir una caja de ahorro y lo consiguió en unos 30 minutos.

Claro, cuando una empleada le entregó la tarjeta de débito advirtió el desconcierto del hombre, de modo que lo acompañó al cajero automático y allí le explicó el mecanismo de extracción, con ponderable paciencia.

En tanto, pocas colas -de no más de ocho o diez personas, algunas de sólo dos- encaraban la búsqueda de dinero por la vía electrónica. La casi generalizada normalidad, en esos sectores, sólo tenía dos excepciones: o la suspensión temporaria del cajero ("por ajustes técnicos, para el reaprovisionamiento de disponible", era el argumento institucional) o la falta de dólares.

"Inexistencia de stock", se leyó en estos casos en la pantalla de un 30 por ciento de los cajeros. Llevaba a la suspicacia de muchos, expresada en términos de que había "retención" de los billetes verdes. Los voceros de los bancos, en cambio, recitaban una y otra vez que "el fin de semana (último) hubo demasiada demanda". La promesa de solución variaba de una u otra entidad crediticia, desde "por la tarde de hoy" (por ayer), hasta mediados de la semana.

En otras actividades comerciales, según lo registrado por LA NACION, el reacomodamiento a las nuevas reglas de juego generó un inicial desconcierto que terminó traducido en la disminución del consumo.

"El comercio es la actividad más afectada. Justo ahora que, por el verano, preveíamos un repunte para recuperar lo que no se vendió en el año, caen estas medidas de bancarización y recorte de extracción. Obviamente, originan una retracción terrible", aseguró Osvaldo Cornide, presidente de la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME).

Y describió: "La gente se guardó el dinero y tampoco usó las tarjetas. Una familia tipo de clase media gasta en el acto los 250 pesos semanales, en tres o cuatro cosas que paga. Además, de los 500.000 comercios y servicios minoristas sólo 120.000 tienen POS instalado para cobrar con tarjeta".

A la par del alejamiento de los clientes, por el nuevo plan económico los comerciantes empiezan a tener conflictos con sus proveedores.

"Hemos dado cheques con pago diferido, que ahora no podemos cubrir porque no ingresa el efectivo", detalló Cornide.

En la calle, los dueños de negocios también mostraron una desesperanza muy marcada.

Luis Leta, quiosquero de diarios y revistas de la estación Federico Lacroze del subte, ya notó una merma en las ventas.

"La gente no gasta. Si no tenés plata y debés comprar un diario o un sándwich, ¿qué elegís? Pasa lo mismo que en la época de Alfonsín", opinó.

También criticó el plan económico Silvia Ortiz, que atiende una heladería en el barrio de Chacarita: "Me parecen malas las medidas. No puede ser que todas las operaciones se tengan que hacer con tarjeta. Nosotros, acá, no podemos cobrar de esa forma... ¿Vamos a cobrar dos o tres pesos con tarjeta?".

Si bien se quejaban, algunos comerciantes demostraron por igual cierta ignorancia sobre los detalles de las medidas. Como el almacenero Ramón López, que no sabía si la instalación del POS debía financiarla él o el Gobierno.

"Hoy no vino nadie. Se gastaba poco y, ahora, con esto, imagínese. Será un problema gravísimo para los minoristas. Hasta último momento no voy a poner una "maquinita para cobrar con tarjeta... ¿Y cobran por poner una?", interrogó.

Con la misma incertidumbre respondió Federico Malagino, dueño de un quiosco de diarios y revistas situado en Pueyrredón y French, en Palermo: "Parece que para vender tendré que aceptar tarjetas, aunque no se cómo funciona el sistema electrónico. Hoy, al haber menos circulante hubo menos venta", dijo.

Tampoco para las actividades de la economía informal, donde sólo se maneja dinero en efectivo, parecen ser buenas épocas. María, una paseadora de perros, relató en la plaza Mitre: "Hoy uno de los dueños me tenía que pagar, pero me dijo que por el momento no lo podrá hacer".

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