Diplomáticos en aprietos por las restricciones

Vernet trató de calmar los ánimos de funcionarios de carrera; también recibió críticas del sector militar
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30 de diciembre de 2001  

Respuestas como que la cosa está difícil, tenemos que ajustarnos, somos un gobierno interino y ustedes no pueden vivir en una torre de marfil han recibido miembros de la plana mayor de la Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (Apcpsen) que, en una reunión con el canciller José María Vernet, intentaron dilucidar algo tan azaroso en la Argentina como absurdo en la Luna: el futuro.

Futuro no hay, al parecer; por ahora, al menos. "El edificio de la Cancillería es una de las garantías del argentino", dice a LA NACION una fuente diplomática que esgrimió Vernet, que en la mañana de ayer puso a disposición de Adolfo Rodríguez Saá debido a los reclamos planteados por el cacerolazo de la madrugada de ayer.

Vernet fue blanco de críticas, al mismo tiempo, por haber insinuado en el programa de Daniel Hadad, por América TV, que la alternativa, en caso de desabastecimiento por razones especulativas, era arrancar las cortinas de los comercios. Como, en su momento, el ejército israelí.

Un despropósito, mascullado cual apología de los saqueos entre los cacerolazos de anteanoche, que provocó un replanteo interno dentro del peronismo por tratarse, casualmente, del virtual ministro interino de Defensa.

Presionado por la cúpula militar, asimismo, frente a la posibilidad de que el presidente Adolfo Rodríguez Saá permita la extradición de represores de la dictadura acusados por tribunales extranjeros, clausurando de ese modo el principio de territorialidad al cual apeló, por ejemplo, el gobierno chileno en ocasión de la detención de Pinochet en Londres.

"El que no ve el precipicio se cae", dijo, entre otras cosas, Vernet a LA NACION. Fue un diálogo telefónico interrumpido, justamente, por la reunión con el gremio de los diplomáticos. Que, a diferencia de sus pares de otras áreas, procuraron plantear algo más que una réplica posmoderna del hombre y su circunstancia: ¿qué será de la carrera si están congeladas las vacantes (es decir, los egresados del servicio exterior no tienen futuro) y qué será de aquellos que, radicados en países de costos de vida altos, no ganarán más de 3000 pesos, o dólares, como advirtió Rodríguez Saá?

El país de los corralitos

¿Qué será de ti, lejos de casa? Un secretario de primera destinado en Madrid o en otra capital europea, con la mitad de la carrera cumplida, gana unos 4500 pesos (o dólares). No dispone de subsidios por vivienda ni por escolaridad. Ni dispone, tampoco, de fondos para promoción comercial en un país que, se supone, pretende aumentar sus exportaciones. Si vive solo, vaya y pase. Si no...

"El país está sumido en un gran desconcierto -dijo la fuente de Apcpsen-. No somos ajenos a ello, ni a los saqueos, ni a los muertos, ni al cambio de gobierno, ni a la emergencia, pero me pregunto si el Poder Judicial y el Poder Legislativo acataron el decreto de equiparación de salarios con el ingreso del Presidente. Ellos son invitados, no obligados como nosotros."

Poco a poco, sin más futuro que dentro de un rato, la Argentina ha adquirido la dimensión de un corral en el cual abundan los corralitos, no sólo los bancarios. Cada cual, entonces, defiende su corralito. Y los diplomáticos están acorralados, según la fuente de Apcpsen. O, acaso, inmersos en la duda de Almodóvar: ¿qué habré hecho yo para merecer esto?

Con un agravante: en cuatro años no ha habido ascensos, salvo tres acuerdos para embajadores de carrera otorgados en agosto, a contramano de la Constitución Nacional y de la ley del Servicio Exterior de la Nación. Y otro, aún peor: en algún momento, el país tendrá que recomponer su imagen más allá de la General Paz y, entonces, dependerá de ellos. O de los que queden.

"Nosotros encaramos una carrera que asumimos como profesión -dijo la fuente de Apcpsen-. La gente ha invertido en nosotros y, quieran verlo o no, la política exterior es el pilar de cualquier país que, como la Argentina, necesita inversiones. Esta permanente reducción tras reducción tras reducción afecta los intereses de la Nación."

Pero, según Vernet, la cosa está difícil, tenemos que ajustarnos, somos un gobierno interino y ustedes no pueden vivir en una torre de marfil. O en la Luna, en donde pasado mañana no es ayer. Como en la Argentina y su circunstancia. Transitoria, dicen.

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