Domingo negro para el PJ: triunfó en sólo siete provincias y no tiene líder

Perdió en Buenos Aires, Salta, Córdoba, Entre Ríos, Chaco y La Rioja; el kirchnerismo fue derrotado en Buenos Aires y en Santa Fe
Lucrecia Bullrich
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23 de octubre de 2017  

Urtubey, anoche, al reconocer su derrota; su liderazgo quedó trunco
Urtubey, anoche, al reconocer su derrota; su liderazgo quedó trunco Crédito: Fernando Pont

La "ola amarilla" que vaticinó Juan Manuel Urtubey se hizo realidad y convirtió al salteño en una de sus principales víctimas. El mapa que dibujaron los resultados de ayer ahonda la crisis y la falta de rumbo y de líderes que aquejan al peronismo desde la dura derrota de 2015.

El PJ se impuso en apenas siete provincias y perdió en Buenos Aires, Santa Fe, Salta, La Rioja y Chaco, donde en agosto había ganado. Sólo repitió triunfos en Formosa, Tucumán, Catamarca y San Juan. El saldo de ayer es evidentemente negativo.

Más allá de la caída de Cristina Kirchner en Buenos Aires, por inesperada y por sus implicancias, la derrota más dura se dio en Salta, donde Cambiemos dio vuelta el resultado de las PASO de agosto pasado y venció a Juan Manuel Urtubey, que al cierre de esta edición quedaba tercero detrás del kirchnerismo local.

Tan confiado estaba el salteño en que volvería a festejar que tenía previsto dar su primer discurso como candidato a presidente anoche mismo. Muy lejos de ese escenario imaginado, Urtubey, que fue de los primeros en hablar del "fin" de la carrera política de Cristina, dio el volantazo y apuró el reconocimiento de la derrota. Poco después de las 19 admitió que su candidato, Andrés Zottos, perdía frente al de Cambiemos, Martín Grande.

Pasadas las 23, Cambiemos le sacaba 10 puntos de ventaja. Atrás quedaba la diferencia de 13 puntos que el gobernador había conseguido en las PASO. "Quiero ser parte de un proyecto colectivo más allá de cualquier candidatura", se limitó a decir anoche.

Por otro lado, la derrota de Cristina Kirchner es un golpe para el peronismo en todas sus vertientes y admite más de una lectura. Para el kirchnerismo, es un revés fortísimo, aun cuando la ex presidenta ocupe una banca en el Senado a partir del 10 de diciembre y aunque a su alrededor se empeñen en matizar el golpe. La contracara es clara y se convertirá en el principal argumento del kirchnerismo de aquí en más: Cristina quedó confirmada ayer como la dirigente opositora más votada y en el distrito más grande del país.

Para los peronistas que proyectan la renovación peronista bien lejos de la ex presidenta, su derrota es un alivio. No sin cierta dosis de voluntarismo, imaginan la influencia de la ex presidenta restringida a un grupo reducido de senadores, no más de tres, y no mucho más. La mayoría, sin embargo, admite en paralelo que la ex presidenta se abrazará a los votos que consiguió ayer para exigir un lugar preponderante en la mesa en la que se discuta el futuro del peronismo. No por nada, razonan gobernadores, diputados, senadores e intendentes, Cristina peronizó su discurso y sus gestos en el último tramo de la campaña.

El futuro liderazgo

Sin embargo, después de ayer, el peronismo enfrenta un interrogante más profundo y determinante que el rol que vaya a asumir Cristina en su reconstrucción. Para ningún peronista está claro quién asumirá el liderazgo de ese proceso. No hay primus inter pares. Después de ayer Urtubey quedó seriamente herido. En Córdoba, Juan Schiaretti cayó por 18 puntos frente a Cambiemos. En agosto, la diferencia había sido de 15.

Otros gobernadores que hasta ahora se mostraron muy activos en la reorganización del partido, como el entrerriano Gustavo Bordet y el chaqueño Domingo Peppo, quedaron mal parados. El primero pasó de perder por cinco puntos en agosto a caer por 16 ayer. La fueguina Rosana Bertone trepó del tercer al segundo puesto, pero en su provincia el kirchnerismo repitió el triunfo de las PASO.

Otros caciques provinciales enrolados en la renovación, como Peppo y el riojano Sergio Casas, encajan con el perfil "joven" y alejado del estilo caudillesco que pretenden imprimirle a la renovación, pero ayer perdieron. Además, no tienen planes ni perfil presidenciables. De ese grupo sólo quedó en pie Sergio Uñac (San Juan), que tampoco tiene aspiraciones de cara a 2019.

Frente a ese vacío, la dirigencia peronista hará foco y concentrará energías en los movimientos en bloque y las agendas colectivas. La parada más cercana llegará pasado mañana, con la votación en el recinto de la Cámara de Diputados del desafuero de Julio De Vido. El cambio de clima político está claro desde que la Justicia pidió la expulsión del ex ministro de Planificación, pero los resultados de ayer lo refuerzan. Peronistas que en agosto lo salvaron del desafuero, como el sanjuanino José Luis Gioja y la rionegrina Emilia Soria, además de los diputados del Movimiento Evita, ahora le darán la espalda.

La siguiente foto conjunta está prevista para el viernes, pero los peronistas jugarán de visitante. Mauricio Macri los recibirá en Olivos para discutir la agenda legislativa de las próximas semanas, que está plagada de temas económicos y financieros que afectan directamente a las provincias.

La intención de los gobernadores y del resto de los peronistas que empujan la renovación está clara: dejar atrás, cuanto antes, una elección para el olvido, dar vuelta la página y apuntar a lo que viene.

Lo que no está tan claro es cómo, cuándo ni con quién lo conseguirán.

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