Duhalde: la Corte debería irse como favor a la sociedad

El secretario de Derechos Humanos considera que el máximo tribunal "no es previsible" porque "ha hecho fallos absolutamente contradictorios" Prometió una gestión participativa
Jaime Rosemberg
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31 de mayo de 2003  

"Los derechos humanos son los derechos del otro", explica Eduardo Luis Duhalde mientras se acomoda en el sillón del estrecho despacho que ocupa en el edificio de la calle Moreno. El flamante secretario de Derechos Humanos aclaró a LA NACION que no piensa limitarse ni parcializar su acción. Abogado, historiador y periodista, anunció que la prevención y la educación serán ejes principales de su gestión. Y propuso que las fuerzas de seguridad reciban instrucción en la materia: "Para superar falsos antagonismos y dejar de ver al campo de los derechos humanos como un lugar hostil".

Con larga militancia en el peronismo, exiliado en España en la década del 70 y defensor de presos políticos, el hasta hace poco juez de Cámara en lo criminal de la ciudad de Buenos Aires tiene posición tomada sobre el futuro de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. "Deberían hacerle un favor a la sociedad, e irse", aseguró.

-¿Cuáles serán los principales ejes de su gestión?

-La tarea principal será la prevención, que implica un trabajo a corto, mediano y largo plazo. También prestar atención a las acciones reparatorias (restitución de derechos); reparación moral y, en la medida en que el Estado pueda, una reparación material.

La Comisión de Recuperación de Identidad ha sido casi tarea única de la secretaría, motorizado por las Abuelas de Plaza de Mayo. Si bien seguirá siendo importante, de ninguna manera nos vamos a limitar. Un tercer punto será el de educación en derechos humanos, que va mucho más allá de aprender de memoria las convenciones internacionales. Vamos a ampliar el campo de acción y consultar a todos los que tienen algo para decir sobre el tema, no sólo a las organizaciones de derechos humanos.

-¿Y qué incluye el nuevo prisma?

-Creo que, sobre todo, hay que ampliar el concepto de víctima, tanto los familiares de los agentes del orden que han caído en el cumplimiento del deber frente a la acción delictiva, como las víctimas de abusos y acciones ilegales de las fuerzas de seguridad. Hay que escuchar a todos, darles cabida en el plan de derechos humanos que estamos preparando, y que planeamos lanzar en sesenta días.

-¿ Cómo está el país en la materia?

-Muy atrasados. Estamos trabajando en una nueva estructura y definiendo junto al ministro (Gustavo) Beliz lo que será una política de Estado en derechos humanos, algo que no existe en este momento, como esfuerzo sistemático y cotidiano.

-¿Quiénes deben estar incluidos?

-Todos, incluidas las fuerzas de seguridad, superando ese falso antagonismo que viven muchos de sus miembros, que ven al campo de los derechos humanos como hostil y enemigo. Voy a poner todos los esfuerzos para que ellos también se sientan partícipes del respeto a los derechos básicos de las personas. Suelo enseñar que los derechos humanos son los derechos del otro. Las víctimas son todas, los derechos humanos son para todos.

-Usted vivió la violencia de los 70. ¿Cómo hará para no ideologizar su gestión?

-La ideología es la visión del mundo, los valores que cada uno tiene y que no se cambian. Pero no estoy dispuesto a parcializar la defensa de estos derechos básicos hacia ningún sector de la sociedad. He sufrido en carne propia la represión ilegal, pero no me voy a limitar de ningún modo.

-Uno de los temas que afrontará será la ratificación o no de las leyes de obediencia debida y punto final...

-Esas leyes están en la Corte, y en esta instancia tampoco el Ejecutivo tiene una acción posible. Creo que son inconstitucionales, así lo he escrito, por ser funcionario no voy a cambiar de posición. Pero no es mi área, tomaré decisiones si el Ejecutivo o el ministro de Justicia me asignan alguna tarea concreta.

-Pero usted calificó la acción de la Corte como arbitraria y errática...

-No es un tribunal previsible. Ha hecho fallos absolutamente contradictorios, lo más benigno que puedo decir es calificarlo de ese modo.

-¿Debería cambiar la composición del tribunal?

-Ya siendo juez de Cámara, reclamé que (exceptuando a Juan Carlos Maqueda, que ingresó recientemente) renunciaran, porque han perdido credibilidad social. Creo que como último favor a la consolidación del sistema democrático y una renovación del Estado, debían dar un paso al costado. Hoy sigo pensando lo mismo.

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