Dura réplica de Kirchner a Brinzoni

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
En el Colegio Militar, el Presidente advirtió que los oficiales no deben evaluar las decisiones que toma el poder político
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30 de mayo de 2003  

El intercambio de mensajes elevó su tono. El presidente Néstor Kirchner buscó dar un aviso de autoridad con los cambios militares. Por eso le molestó sobremanera el discurso de despedida del teniente general Brinzoni. Ayer le contestó. Duro, directo y en el propio Colegio Militar. "Analizar y caracterizar las conductas del poder político no es función que le corresponda a un militar", dijo el Presidente, y ya el acto por el Día del Ejército se transformaba en una tribuna más del conflicto.

La falta de aplausos fue una síntesis de cómo se recibieron sus palabras.

Entre los oficiales también se esperaba la decisión presidencial sobre los nuevos mandos del Ejército. Anoche todavía no se había definido la cúpula de esa fuerza, ya que Kirchner evaluaba la nómina enviada por el general de brigada Roberto Bendini, jefe del Ejército.

La indefinición se debe a la posibilidad de que algunos generales se mantengan en actividad, pese a ser más antiguos en su cargo que el propio Bendini. La aceptación o no de esos hombres por parte del Presidente obliga a Bendini a preparar alternativas.

En los últimos trascendidos se mencionaba que el general de brigada Palacios ocuparía el cargo de director del Estado Mayor del Ejército, por lo que al menos uno de los oficiales de la promoción de Bendini se mantendría en la actividad. La duda principal es con el subjefe -el general Adrián Brinzoni es mencionado para ese cargo- y de ahí la posibilidad de múltiples variantes según quien asuma esa posición.

Contra la intriga

De uniforme, Brinzoni ocupó el lugar reservado para ex jefes. Al lado de él se sentó el teniente general (R) Martín Balza, cuya presencia resultó una verdadera sorpresa. Balza no concurría a una formación castrense desde que dejó el mando del Ejército, en diciembre de 1999, justo en manos del ahora retirado Brinzoni. A su entender dejó pasar ya el tiempo necesario como para reintegrarse en las ceremonias militares. Y la de ayer no fue una más, justamente.

El general Bendini encabezó la formación como nuevo jefe del Ejército. Pasó revista de tropas con el Presidente y con el ministro de Defensa, José Pampuro. Y esperó como todos el discurso de Kirchner, quien no dejaría pasar la afirmación de Brinzoni sobre "intrigas políticas sobre los cuarteles".

La respuesta llegó rápido. "Nadie puede sorprenderse o pedir explicaciones, o calificar una situación como inexplicada, cuando se han puesto en ejercicio facultades constitucional y legalmente regladas", afirmó Kirchner.

El concepto que siguió fue más contundente, demoledor: "Sorprende que, después de lo que ha vivido nuestra Patria, se le pida a la sociedad o se pretenda agradecimiento por respetar la Constitución. La democracia no se ratifica por discursos, sino por conductas".

Las caras en las tribunas del Colegio Militar evidenciaron en ese mismo momento el desagrado que causaron esas frases. Es más, uno de los pocos que aplaudieron -por cortesía y protocolo- al finalizar el discurso presidencial fue el propio Brinzoni. No hubo ningún general retirado que aplaudiese. Y pocos oficiales en actividad lo hicieron.

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, aseguró que el Presidente no pensaba en una sanción para el ex jefe del Ejército por sus dichos.

Más allá de esa réplica a Brinzoni -con quien Kirchner no intercambió ni una mirada al pasar cerca de él-, el primer mensaje presidencial a las Fuerzas Armadas no dejó demasiada claridad sobre su política militar.

Sólo dos ejes pueden intentar definirse de sus palabras. Por un lado, dejó entrever que dará prioridad al desarrollo industrial de las fuerzas, en algo que se intuye como un proyecto de reactivar las fábricas militares.

Por otra parte, habló de las nuevas amenazas a la paz. Y sorprendió con la afirmación de que "el terrorismo internacional debe ser tenido en cuenta a los fines del desarrollo de nuevas hipótesis de conflicto".

Aunque la definición de "hipótesis de conflicto" había quedado atrás en el lenguaje militar argentino, la clara instalación presidencial del terrorismo internacional dentro de las tareas castrenses parece tendiente a debatir los roles de seguridad y defensa.

"Creo que la política de defensa deber ser una política de Estado, pero no que deba permanecer inmutable", aseguró el Presidente para advertir sobre los cambios, para los que reclamó "mentes abiertas".

El general Bendini, por su parte, dio un mensaje con un claro contenido profesional. Sólo se permitió pocos párrafos para referirse de alguna manera a la situación que se vive en los últimos días. Aseguró que el Ejército "es una institución confiable de la democracia, una institución que miró de frente su pasado, que en el presente dio pruebas de la profundidad de sus convicciones; que está lista para formar parte de la gran empresa nacional que nos proyecte hacia una Argentina de todos y para todos".

En sintonía con el pensamiento de Kirchner, el nuevo jefe del Ejército señaló el aporte que su fuerza puede realizar en el ámbito industrial.

"Como lo hicimos ayer, hoy estamos dispuestos a participar con todos nuestros medios y capacidades para contribuir en el desarrollo nacional, modernizando y manteniendo nuestro equipamiento a través de la industria argentina", apuntó Bendini.

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