Echan a los jefes de Gendarmería y Prefectura, pero crece la protesta

Suboficiales de las dos fuerzas ampliaron el reclamo a todo el país; aunque el Gobierno prometió revisar la liquidación de sueldos, no logró desactivar la crisis; el kirchnerismo denunció un intento golpista; Macri pidió el fin de la insubordinación
Mariano Obarrio
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4 de octubre de 2012  

En medio de una tensión que escaló durante el día y que anoche no cedía, la presidenta Cristina Kirchner no logró frenar ayer la rebelión de la Prefectura Naval y la Gendarmería Nacional por los recortes salariales en esas fuerzas dispuestos a partir de un decreto del mes pasado.

La Presidenta ordenó a primera hora dar marcha atrás en esas quitas y después hizo relevar a las cúpulas de las dos fuerzas de seguridad. El Gobierno responsabilizó a los jefes por una supuesta mala liquidación de los sueldos que habría provocado las rebajas, que en algunos casos llegaron al 70%.

Pero no alcanzó: los suboficiales en rebelión de la Prefectura y la Gendarmería –a los que se les sumaron algunos suboficiales de la Armada– subieron la apuesta y anunciaron que no levantarían la protesta si no les garantizaban un salario en blanco de bolsillo de 7000 pesos, además del blanqueo de los adicionales no remunerativos.

Las manifestaciones de efectivos de seguridad se reprodujeron en casi todo el país, aunque tuvieron su centro en las sedes de la Prefectura y la Gendarmería en la Capital. Hasta allí llegaron también apoyos de policías federales y bonaerenses.

La magnitud de la protesta puso en alerta a toda la clase política. Los principales bloques políticos del Congreso firmaron una declaración conjunta en la que exigen a los uniformados "adecuar sus acciones a pautas democráticas". La organización kirchnerista Unidos y Organizados denunció una "intentona destituyente y golpista".

Por la noche, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, rechazó la protesta y dijo que los manifestantes "no pueden tomar la calle", aunque cuestionó "los maltratos" a los que, a su juicio, somete el Gobierno a las fuerzas de seguridad. Minutos después, Cristina Kirchner apareció en un acto público en la Casa Rosada junto con el presidente del Líbano, Michel Suleiman, pero evitó aludir al tema que tenía en vilo a su gobierno y al país.

A medianoche, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y su segundo, Sergio Berni, esperaban en la sede del ministerio los resultados de las gestiones de los nuevos jefes de la Prefectura, prefecto general Luis Heiler, y de la Gendarmería, comandante general Enrique Zach. Eran sus primeras horas en el cargo, tras reemplazar a Oscar Arce y Héctor Schenone, respectivamente.

Los nuevos jefes recibieron en el Edificio Guardacostas, sede de la Prefectura, un petitorio de suboficiales rebeldes de ambas fuerzas. Al llegar Zach, fue recibido al grito de "las fuerzas, unidas, jamás serán vencidas".

Miles de suboficiales prefectos y gendarmes no se conformaron con el retroceso de la Casa Rosada al anular los recortes salariales.

El petitorio de siete puntos incluía la derogación del decreto, que suprimió los adicionales y complementos salariales no remunerativos y generó en la práctica un recorte en los salarios; exigieron un piso salarial de 7000 pesos para los efectivos más modernos, en blanco y con cargas sociales y aportes jubilatorios. Eso beneficiaría a los retirados que se jubilan con haberes muy bajos. También reclamaron adicionales por el riesgo de resguardar la seguridad metropolitana, misión que les encomendó Garré; la elección libre de la obra social, y ser inscriptos en una ART.

A media tarde, Garré, anunció el descabezamiento de las dos fuerzas y el pase a retiro de 20 altos mandos de ambas. Antes de eso, había instruido a ambos que negociaran con los suboficiales rebeldes y encontraran interlocutores representativos, porque la protesta no tenía líderes definidos.

También surgieron versiones de la posible renuncia del jefe de la Armada, almirante Carlos Alberto Paz, que recibió fuertes reclamos de los suboficiales de la fuerza en la explanada del Edificio Libertad.

El blanqueo total de los sueldos que piden gendarmes y prefectos es considerado imposible en la Casa Rosada. "Podría afectar a todo el sistema de empleo público", dijo a LA NACION un ministro.

Esos complementos no remunerativos forman parte de los sueldos de todas las policías provinciales, las Fuerzas Armadas, los docentes y otros sectores del personal estatal.

"El efecto cascada sería feroz, un impacto fiscal incalculable", dijeron en el Ministerio de Economía.

Según confiaron a LA NACION altas fuentes del gabinete, varios ministros responsabilizan a Garré por el decreto 1307. Pero la ministra deslindó responsabilidades en las cúpulas de las fuerzas.

El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, por pedido de la Presidenta, adhirió a esa tesis durante una conferencia de prensa al mediodía en su despacho de la Casa Rosada. Culpó a las cúpulas de Prefectura y Gendarmería por la "desastrosa e injusta liquidación de los sueldos" y señaló que iba a "investigar las acciones internas y externas" en las fuerzas. Deslizó sospechas conspirativas de que alguien habría intentado "generar un caos". Luego informó que se suspendería la vigencia del decreto 1307 por un mes para que los efectivos de la Gendarmería mantuvieran su sueldo y que se "compensarían" los recortes en los sueldos ya pagados en la Prefectura. Todo volvía a fojas cero.

Pero ni ese anuncio ni el de Garré hicieron ceder a una protesta que se le fue de las manos al Gobierno.

Otras voces del Gobierno culpaban al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, que revisa los decretos, y también al viceministro de Economía, Axel Kicillof, que hizo el estudio de factibilidad presupuestaria.

"Esto no es un golpe de Estado ni queremos derrocar a un gobierno. En cuanto tengamos el decreto donde llegamos a un acuerdo salarial, ahí termina la protesta", dijo uno de los voceros de los suboficiales.

Un documento de la agrupación juvenil kirchnerista Unidos y Organizados consideró que hay "una escalada de forma casi guionada por el señor Magnetto [CEO de Clarín]". Fue un paso más allá de las sospechas que deslizó Abal Medina.

Cristina Kirchner se dirigió a la Casa Rosada en auto: evitó el helicóptero para no ser vista por los manifestantes que estaban en el Edificio Guardacostas, a cien metros de allí.Luego, la Presidenta se reunió con su par libanés. Pasadas las 21, en su discurso, no hizo mención alguna de las protestas y puso el foco en el apoyo a la independencia de Palestina.

A esa hora, seguían las concentraciones de efectivos de seguridad en Santa Cruz, Tierra del Fuego, Córdoba, Chaco, Corrientes y Mar del Plata, entre otros puntos del interior.

Cuadro de situación

  • Movilización que crece

    A los suboficiales de Prefectura se sumaron gendarmes y algunos marinos
  • Gestión oficial

    Primero el Gobierno prometió revisar la polémica medida salarial. Después removió a las cúpulas
  • Negociación

    Anoche buscaba un interlocutor válido para dialogar
  • Del editor: cómo sigue.

    Los suboficiales perderán todo apoyo a su reclamo si siguen en la calle. Pero el Gobierno quedó forzado a negociar: necesita salir ya de la crisis y reacomodar la lucha contra el delito.

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