Economía buscó brindar una señal de confianza a los inversores

Martín Kanenguiser
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26 de noviembre de 2013  

La etapa de la sintonía fina llegó, pero de la mano del ministro menos pensado: no fue Amado Boudou ni Hernán Lorenzino , sino Axel Kicillof , quien ayer ayudó a sellar el preacuerdo con Repsol por YPF para "brindar una señal a los inversores", en particular del sector de energía.

Fuentes del Palacio de Hacienda indicaron a LA NACION, sin dar detalles del monto (en el mercado se especulaba con US$ 5000 millones), que el pago a Repsol será mediante bonos y acciones. Al parecer, no habrá un aporte de "efectivo" ni de una participación de la empresa española en Vaca Muerta. Hasta que Repsol y Pemex no ratifiquen su conformidad, el Gobierno no brindará el monto en forma oficial.

Las fuentes destacaron que el principal objetivo de este preacuerdo, que debe ser confirmado mañana por la asamblea de accionistas de Repsol (ver aparte), es "cerrar los conflictos y bajar el nivel de judicialidad que enfrentaba YPF".

En este sentido, la empresa "no puede estar buscando fondos y socios mientras Repsol amenace con plantear un nuevo amparo a cada rato", indicó la fuente oficial.

Además, se indicó que Kicillof venía trabajando en esta cuestión "hace un par de meses" con el embajador argentino en España, Carlos Bettini, con la supervisión política del secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini. De hecho, ellos fueron los tres funcionarios que, junto con el CEO de YPF, Miguel Galluccio, participaron ayer del encuentro con los funcionarios y empresarios de España y México en la sede de la empresa estatizada.

Aunque las tratativas arrancaron bastante antes de que se decidiera el ascenso de Kicillof -quien es director por el Estado en YPF y forma parte de una comisión de planificación estratégica del sector con el Ministerio de Planificación-, su designación "aceleró los tiempos", según la visión de Economía. De hecho, el comunicado del Ministerio sobre el tema precisó que "el presente principio de acuerdo contribuye a normalizar y fortalecer los históricos vínculos entre los tres países y sus empresas".

De este modo, Kicillof pasó de una posición muy dura, en la que prácticamente pretendía que Repsol indemnizara al Estado argentino, a una más negociadora, como se puede observar también en otras áreas de la política económica.

En Economía y operadores financieros negaron que Gramercy, el fondo de inversión que fue parte de la solución de los planteos de empresas extranjeras ante el Ciadi y que negocia una solución con los holdouts , haya participado del acuerdo. Otro ejemplo, relacionado íntimamente con el tema Repsol, es la autorización a las petroleras para que, vencido ayer el acuerdo de precios, avanzaran con nuevos aumentos en los combustibles.

Los otros ejes son el recorte de los subsidios en los servicios públicos -que retoma la estrategia de la "sintonía fina" de la gestión de Boudou como ministro de Economía, frenada de golpe tras la reelección de Cristina Kirchner en 2011- y la normalización de las estadísticas públicas para evitar nuevas sanciones del FMI, entre otros. Tampoco está prevista en el corto plazo una nueva inyección de fondos al conjunto de la población, tras la suba del mínimo de Ganancias, ya carcomido por la inflación.

Kicillof, quien mañana terminará de definir a los subsecretarios que lo acompañarán (y luego trabajará con los relegados directores nacionales de Economía), intentará consolidar su poder acotando al jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, a la recaudación y fiscalización y a la ministra de Industria, Débora Giorgi. Igualmente, por su buen vínculo con la Presidenta, no se prevé que ninguno de ellos dos sea relevado.

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