EE.UU. impulsó la idea de reestructurar la deuda argentina

Roces con el FMI, opositor a la iniciativa
Roces con el FMI, opositor a la iniciativa
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23 de agosto de 2001  

WASHINGTON.- Del nuevo acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Departamento del Tesoro subrayó ayer el elemento que fue impuesto por los Estados Unidos: los 3000 millones de dólares para incentivar una reestructuración voluntaria de la deuda.

"Es importante destacar que representa un nuevo enfoque", dijo ayer John Taylor, encargado de Asuntos Internacionales del Tesoro, en alusión a la ampliación del programa de la Argentina con el FMI.

"Involucra un mecanismo explícito para encarar el problema de la deuda, para que sea sostenible, con una operación voluntaria y amistosa con los mercados", siguió el funcionario, que es el principal interlocutor de la administración Bush para el caso argentino.

Así como la deuda fue uno de los ejes centrales de debate en los 12 días de negociaciones, los EE.UU. no hicieron ningún esfuerzo por empujar una ruptura de la convertibilidad, y la posibilidad de dolarizar la economía argentina nunca fue discutida.

El Departamento del Tesoro, que es crítico de los paquetes de rescate financiero que fueron concedidos en el pasado por el FMI, impuso un programa que se aleja del formato tradicional para incorporar un plan que busca abaratar el costo de la deuda argentina.

La exigencia norteamericana produjo grandes roces del Tesoro con el Fondo y fue la razón por la cual se demoró el anuncio sobre al acuerdo con la Argentina, que en principio estaba previsto para el viernes último, según contaron a LA NACION fuentes familiarizadas con el proceso.

La crisis se desató el jueves último. Los Estados Unidos alegaban que sin un cambio en el perfil de la deuda argentina, de nada serviría el dinero adicional; y el FMI decía que no es una institución que tenga mecanismos para involucrarse de manera directa en la reestructuración de una deuda.

Aunque el gobierno argentino se exasperó durante el fin de semana con las trabas que ponían los norteamericanos, sin comprender las urgencias del caso, al final resultó beneficiado con el enfoque de O´Neill, que le sumó otros 3000 millones.

El desacuerdo fue el primero significativo entre la administración Bush, que lleva siete meses en la Casa Blanca, y las autoridades del Fondo. El disenso hizo que el equipo técnico del organismo se limitara a presentar un menú de opciones en lugar de una recomendación, como es su práctica, en la reunión de directorio del lunes último, que terminó sin que hubiera acuerdo.

Las diferencias surgen, además, con toda claridad de una comparación de los comunicados que emitieron el FMI y el Tesoro para celebrar el nuevo acuerdo.

El texto del Fondo, que lleva la firma de su titular, Horst Kšhler, dice que la Argentina obtuvo 8000 millones nuevos, 5000 millones para reforzar las reservas y otros 3000 millones que serían desembolsados de manera acelerada si fueran utilizados como incentivos en la reprogramación de una deuda. Kšhler no les asignó a esos 3000 millones un destino determinado.

El comunicado rubricado por el titular del Tesoro de los EE.UU., Paul O´Neill, dice, en cambio, que "una porción del nuevo programa está dedicado de manera específica a asistir un canje voluntario de la deuda".

Otro dato que muestra las tensiones que precedieron el anuncio sobre el nuevo programa para la Argentina fue el silencio que adoptó ayer el FMI, que suele acompañar los acuerdos con una explicación técnica de su segundo, Stanley Fischer.

Pocas precisiones

En la administración Bush hubo, en cambio, varios funcionarios que estuvieron dispuestos a hablar para destacar los aspectos novedosos del caso: los incentivos para la deuda por un lado y la dimensión comercial que envuelve el lanzamiento de las conversaciones entre el Mercosur y los Estados Unidos (de lo que se informa por separado).

Nadie precisó cómo serán utilizados los 3000 millones para mejorar el perfil de la deuda argentina, porque hay más de una variante en estudio. El viceministro Daniel Marx se reunió ayer con Taylor y con funcionarios del FMI para debatir las opciones.

Los norteamericanos pretenden que los 3000 millones de dólares vayan a una cuenta cuyos fondos quedarían congelados con un destino específico, y supone que tendrán un efecto multiplicador para atraer otros capitales, que podrían provenir, entre otras fuentes, del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Entre las opciones que están siendo estudiadas figuran que el gobierno utilice los fondos para recomprar papeles de su deuda con un descuento o que realice un canje que, a diferencia del último, contaría con este fondo que funcionaría a modo de garantía para obtener una rebaja.

Aunque los Estados Unidos tuvieron y van a retener un papel central en el diseño del esquema para mejorar el perfil de la deuda, la diferencia con el plan del ex secretario del Tesoro Nicholas Brady es que el Departamento del Tesoro no ofrecerá garantías y dejará que el FMI asuma en la superficie el rol protagónico.

La administración Bush, que se involucró de manera progresiva y con cierta resistencia al principio, cree que sólo la parte más compleja de la negociación terminó con el anuncio del FMI y que falta desarrollar un componente clave para el éxito del programa.

“Crecimiento”

  • El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini destacó “ la reacción del gobierno norteamericano junto con la ayuda del FMI”, dos hechos que “por primera vez ligaron la necesidad de sostener el crecimiento económico con la solución de la ayuda financiera”. “que ahora el propio Tesoro se sume a esta iniciativa nos parece una noticia extraordinariamente positiva”, dijo.
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