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El ajuste del que nadie en el Gobierno quiere hablar

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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30 de septiembre de 2011  

El ministro de Economía y candidato a vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, quiso ser contundente. "Este es el presupuesto del no ajuste", afirmó, al presentar en el Congreso el proyecto de ley de gastos y recursos para 2012. Nadie podía esperar que, faltando tres semanas para las elecciones presidenciales, Boudou dijera algo distinto. Sin embargo, la catarata de malas noticias para la economía argentina hace temer otra cosa.

El viento de cola sopla con cada vez menos fuerza: la devaluación del real brasileño, la caída del precio internacional de la soja, la continua fuga de capitales y la pérdida de reservas del Banco Central de más de 3200 millones de dólares en el año conforman un cóctel cada vez más peligroso.

La crisis financiera global y la fuerte desaceleración del crecimiento mundial, con el riesgo de una nueva recesión, agravan la situación de la Argentina, que ya venía sufriendo la contracción de su superávit comercial y un déficit fiscal sólo disimulado por las transferencias de recursos de la Anses y del Banco Central al Tesoro nacional.

En tal sentido, suena coherente que el Poder Ejecutivo haya estimado que, en 2012, la economía crecerá bastante menos que este año. Lo paradójico, como subrayó el diputado de la Coalición Cívica Alfonso Prat-Gay, es que no se explique cómo se hará para pasar de un déficit de 11.800 millones de pesos en 2011 a un superávit de 1500 millones en 2012, si la economía pasará de crecer casi el 9% este año al 5% el año venidero. De ser así, habrá que preguntarse por dónde pasará el necesario ajuste que Boudou desmiente.

Toda la oposición coincide en que, como de costumbre, el oficialismo ha subestimado la tasa de inflación y el cálculo de los ingresos públicos, con el fin de volver a utilizar el sobrante en forma discrecional.

Pero las críticas que más le dolerán al kirchnerismo guardan relación con el descontrol de los subsidios a empresas públicas y privadas, y su comparación con el presupuesto destinado a la asignación universal por hijo (AUH).

Ha destacado el Instituto para el Desarrollo Social (Idesa) que mientras a la AUH se le asignan en el presupuesto 12.000 millones de pesos, ascienden a 28.000 millones los subsidios a empresas públicas y a 39.000 millones los subsidios a empresas privadas.

El estudio señala que, en la práctica, todos los habitantes del país -la mayoría, sin servicios de agua y cloaca por red- pagan impuestos para que los habitantes de la Capital Federal disfruten de un servicio de agua potable por el que no llegan a pagar ni la mitad de su costo, gracias a subsidios del Estado. Añade el trabajo que la petrolera Enarsa recibe subsidios de la Nación por 2,5 pesos por cada peso que genera y es una de las pocas empresas de este rubro del mundo que en lugar de proveerle recursos al Estado, recibe ayuda de éste.

Más allá de las críticas, todo indica que esta vez el oficialismo no tendrá mayores dificultades para aprobar su proyecto de presupuesto después de las elecciones.

Será, sin duda, uno de los presupuestos menos creíbles de los últimos tiempos, a partir de sus proyecciones para 2012 de una inflación del 9,2% y de un dólar que promediaría los 4,40 pesos, una cotización que ya ha sido superada en el cada vez más activo mercado paralelo.

No hay economista que crea que hay margen de maniobra para seguir teniendo alta inflación y un dólar calmo al mismo tiempo. Tampoco, para que los costos de la economía continúen apreciándose en dólares. La incógnita del presupuesto es por dónde se colará el ajuste del que nadie en el Gobierno quiere hablar.

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