El ALCA, un punto clave del acuerdo

Joaquín Morales Solá
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23 de agosto de 2001  

Si el gobierno argentino hubiera tenido un poco más de coherencia interna y si la propia administración de Washington hubiese sido más expeditiva en su proyecto de libre comercio para América, tal vez el país se habría ahorrado gran parte de la espectacular crisis financiera que lo acosó en los últimos seis meses.

Desde hace por lo menos un trimestre, importantes políticos y economistas argentinos venían sosteniendo, en reserva, que el solo anuncio de una negociación con Washington por el ALCA (el proyecto de integración americana que se extendería desde Alaska a Tierra del Fuego) amortiguaría aquí -y en los mercados internacionales- los efectos del conflicto financiero.

Según esa opinión, en la que convergen distintas concepciones ideológicas, Turquía fue mejor tratada en su crisis financiera porque es miembro de la OTAN, y Polonia recibió apoyo y tiene fácil acceso al crédito internacional porque está en las puertas de la Unión Europea.

El anuncio del martes sobre una inmediata negociación entre los Estados Unidos y el Mercosur, para buscar un tratado de libre comercio, fue destacado ayer por uno de los negociadores argentinos como la parte más sustancial del acuerdo en Washington por la crisis financiera local. "Es lo más serio si se mira el largo plazo", dijo.

Una precisión importante que se conoció ayer sobre ese anuncio es que fue, en rigor, una respuesta de Washington a reiteradas propuestas que se hicieron en los últimos tiempos desde la coalición del Sur.

En una entrevista a solas entre los presidentes George W. Bush y Fernando Henrique Cardoso, a principios de este año, en la Casa Blanca, éste le requirió al mandatario norteamericano un rápido comienzo de las tratativas para la integración de los Estados Unidos con el Mercosur. Poco después, el presidente de Paraguay, González Machi, en su calidad de titular pro témpore del Mercosur, le transmitió a Washington un pedido similar en representación de la alianza comercial.

"El anuncio del martes fue en verdad una respuesta, una buena y positiva respuesta, de los Estados Unidos a las inquietudes del Mercosur", dijo ayer un diplomático de Brasilia, que compartía cierto clima de euforia con sus colegas argentinos.

Contactos informales

El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini no mantuvo con Washington conversaciones oficiales sobre la cuestión, pero sí lo hizo de manera informal con el representante de los EE.UU. para estas negociaciones, Robert Zoellick, con quien el ministro argentino trabó una muy buena relación personal.

De todos modos, el canciller se viene aproximando al tema de manera indirecta: ha dicho en cuanto foro nacional e internacional lo sorprendió en los últimos tiempos que la Argentina tiene que resolver su problema fiscal y que tienen por delante, también, un problema de financiamiento. Pero, suele agregar, resolver esos conflictos será siempre parte de la solución y no toda la solución, porque ésta deberá venir acompañada de una apertura de los mercados internacionales para los productos locales.

Cierre de fronteras

Rodríguez Giavarini elaboró, desde antes de acceder a la función pública, un discurso fuertemente crítico de las políticas proteccionistas de los países ricos, sobre todo de los EE.UU. y de Europa. "Es muy fácil hablar de solidaridad de manera retórica, mientras se les están cerrando las fronteras a nuestros productos en todos lados", repite siempre en las principales capitales del mundo.

Es cierto, por lo demás, que el canciller debió esforzarse para establecer dentro de su gobierno una política de alianza con los Estados Unidos, pero sin que ello significara una ruptura con Brasil. El ministro de Economía, Domingo Cavallo (y en cierta medida también el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo), prefirió en su momento explorar una negociación directa entre Buenos Aires y Washington para una eventual integración.

Esos tiempos fueron signados por una política de duro enfrentamiento con Brasil por parte de Cavallo, que le valió al ministro argentino la animadversión permanente del presidente Cardoso.

Cavallo sostenía que un acuerdo comercial directo con Washington relanzaría a la Argentina y a sus expectativas económicas, mientras el canciller lo refutaba argumentado que una traición de esa naturaleza (a Brasil) tornaría imprevisible al país ante el mundo.

Debe consignarse que el presidente Fernando de la Rúa escuchó siempre a todos, pero sus actos concretos estuvieron de acuerdo con la política diseñada por el canciller.

Finalmente se impuso la doctrina Rodríguez Giavarini (que retomó la idea de Guido Di Tella del "4 más 1", los cuatro países del Mercosur más los Estados Unidos) y mucho después Cavallo se arrepintió, por estas y por otras razones, de sus primeros empujones a Brasil; ahora no se cansa de transmitirle a Cardoso su agradecimiento por los gestos de solidaridad brasileña con la Argentina.

Cardoso le ha dado tal importancia a esta etapa de negociaciones cruzadas entre los países del Mercosur y de éstos con Washington que acaba de confirmar como embajador en Buenos Aires a su amigo Sabasti‹o do Rego Barros, a quien le había ofrecido hace unos meses que se hiciera cargo de la embajada brasileña en París. Do Rego Barros le pidió entonces permanecer en Buenos Aires, ciudad a la quiere y donde le gusta trabajar. Cardoso acaba de aceptarle ese pedido.

La etapa que se abre, de todos modos, no será un plácido viaje entre el sur y el norte del continente. Brasil y la Argentina miran a Chile, que ya tiene iniciada las negociaciones con Washington por un acuerdo de libre comercio; los gobernantes de Santiago suelen quejarse de la enorme influencia de los "lobbies" empresariales en las decisiones de Washington. Así, las fronteras norteamericanas caen casi automáticamente y los acuerdos probables se demoran más allá de los límites de cualquier paciencia.

De todas formas, la administración Bush no tiene aún mandato parlamentario para negociar la integración con el Mercosur, porque el proyecto de "vía rápida" enviado al Congreso por Bill Clinton, ratificado por el actual presidente, se volvió a empantanar entre legisladores, como ya le había sucedido a su antecesor durante gran parte de su mandato.

Como sea, lo que parece predominar en Washington es la idea de que la alianza comercial con América podría limitarse, por el momento, al Mercosur, a Chile y a los socios de los Estados Unidos en el Nafta, Canadá y México. Las demás naciones americanas constituyen un desafío mayúsculo por sus especiales condiciones políticas y económicas, demasiado peculiares y complicadas.

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