El apuro flexibiliza al Gobierno frente al PJ

Joaquín Morales Solá
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31 de octubre de 2000  

"El presupuesto es el flamante tótem de estos días. Hay que sacarlo, y hay que sacarlo cuanto antes", suele decir uno de los más altos funcionarios de la Casa Rosada. Explica que, de esa manera, el Gobierno podrá demostrar que está en condiciones de controlar con eficacia la administración del país, capacidad que a veces ponen en duda los inversores extranjeros.

El problema consiste en que nadie descubrió aún una estrategia para complicar al peronismo en esa intención; el principal partido de la oposición tiene en el Senado los votos suficientes como para cambiar, rechazar o postergar cualquier proyecto del oficialismo.

Después de la intensa crisis política que incluyó la renuncia del ex vicepresidente Carlos Alvarez, jefe también de uno de los partidos de la coalición gobernante, la administración de Fernando de la Rúa estuvo en condiciones de demostrar, la semana última, que la Alianza todavía funciona en la Cámara de Diputados.

En la Cámara baja, el oficialismo pudo, incluso, exhibir una conciencia sustancial con Domingo Cavallo, que apoyó el presupuesto de De la Rúa en líneas generales.

El ex ministro se puso al frente de un grupo de unos 25 diputados, provenientes del cavallismo y de partidos provinciales. Tales acuerdos hacen probable un vaticinio del diputado radical Jesús Rodríguez: "El presupuesto saldrá de la Cámara de Diputados con algunas modificaciones, pero saldrá. Ningún presupuesto se aprobó nunca a libro cerrado", suele asegurar; su pronóstico coincide, además, con la flexibilidad que mostró el Gobierno en las últimas horas.

Pero la segunda prueba de gobernabilidad que el Gobierno deberá superar será la del Senado, donde el peronismo cuenta con mayoría propia y donde se escondió el corazón de la reciente crisis política.

El grado de agresión de la que es capaz ese cuerpo quedó demostrado cuando anuló, en junio último, el último ajuste del gobierno de De la Rúa, que disponía, entre otras cosas, una reducción de salarios a algunos empleados de la administración pública. Para peor, el jefe de la administración se encontraba en ese momento en una visita de Estado en Washington.

Ahora, algunos senadores peronistas han anticipado que se opondrán tenazmente al presupuesto del próximo año y algunos mencionaron la palabra "rechazo", tal vez sin detenerse en los alcances parlamentarios del término. En efecto, si el Senado rechaza un proyecto de ley, éste no se puede volver a tratar hasta un año después, en el próximo período parlamentario.

Para este caso, eso significaría literalmente dejar el país sin presupuesto durante un año.

Después de las denuncias de sobornos a senadores, la Cámara se preocupó por parecer ensimismada en sus quehaceres constitucionales y le dio al Gobierno, por ejemplo, la aprobación de la ley de emergencia económica, que la administración venía reclamando sin suerte desde principios de año.

* * *

Sin embargo, la crisis política sumió al Gobierno en la debilidad y convirtió ahora al Senado en una cámara envanecida y altanera, que promete una oposición más dura e intransigente que la que precedió al conflicto de las coimas.

El problema que ha manifestado el Gobierno es la carencia de interlocutores válidos en el peronismo, en condiciones de asegurarle una negociación razonable y el cumplimiento de los consiguientes acuerdos, sobre todo en el Senado.

Si bien el ex presidente Carlos Menem les reclamó a los senadores que no dejaran al Gobierno sin un presupuesto para el año próximo, lo cierto es que ningún dirigente de dentro o de fuera del Gobierno confía en la capacidad del ex mandatario para disciplinar a los senadores de su partido.

Mucho menos poder tiene ahí, es cierto, el hombre que los desafía con más saña: el ex gobernador bonaerense Eduardo Duhalde.

Carlos Ruckauf (que se manifiesta dolido por las acusaciones de golpismo que le hace el oficialismo) no sólo formalizó cierto acuerdo de no agresión con Menem, tal como lo adelantó La Nación , sino que también está haciendo aproximaciones con los gobernadores José Manuel de la Sota y Carlos Reutemann.

Aunque las fotografías se han detenido en su cercanía con Reutemann, Ruckauf avanzó mucho más en sus conversaciones políticas con el gobernador de Córdoba.

Los tres están asustados por las consecuencias sociales de las crisis económicas en sus provincias y vienen a cuento porque podrían construir una coalición de gobernadores que, en acuerdo con el gobierno federal, estarían en condiciones de presionar sobre los senadores peronistas.

Esa es la solución que Ruckauf le propuso a De la Rúa, antes de que el gobernador se deslizara hacia la oposición empujado por los errores políticos y la crisis de popularidad del jefe del Estado.

Pero ese consejo es oportuno, porque serán los gobernadores de cualquier signo los primeros en ser arrasados por una economía sin presupuesto.

Lo único cierto, a estas alturas, es la sensación de que sería inútil que el gobierno nacional enfrentara en soledad a los senadores justicialistas para aprobar su próximo presupuesto; necesita a todas luces de alguna cobertura política -y peronista, sobre todo- por fuera del cuerpo parlamentario.

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