El cacerolazo que se convirtió en un hit

Un venezolano grabó en CD atronadores sonidos que son usados para protestar
Graciela Guadalupe
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28 de diciembre de 2001  

Cuando sonó el teléfono, Tuti estaba en el balcón de su departamento de Barrio Norte batiendo una cacerola. Era la noche del miércoles pasado, la que terminó con la renuncia de Domingo Cavallo en su último paso por el Ministerio de Economía.

Para entonces ni Tuti, venezolana de nacimiento, ni ningún argentino imaginaba el caos político y social que vendría después.

En medio del ensordecedor ruido que proferían ese miércoles las vapuleadas cacerolas porteñas, sonó el teléfono en la casa de Tuti. Era su hermana, que la llamaba desde Caracas.

Tuti estaba sumamente emocionada por el pacífico y singular acto de descontento cívico de su país de adopción. Y se lo contó a su hermana que, como a todo ciudadano venezolano no hay ruido que parezca asombrarlo mucho. Tanto que hoy, en Venezuela, los cacerolazos truenan, pero en CD.

Cada vez que Hugo Chávez, el presidente de ese país, emite un discurso por la cadena nacional, se abren las ventanas de las casas y los equipos de audio hacen lo suyo.

Menos de tres dólares

El CD cuesta poco menos de tres dólares (unos 2000 bolívares) y fue el invento de un ciudadano que, cansado de romper utensilios domésticos, creó su propio cecerolazo digitalizado y salió a venderlo por las calles hace alrededor de dos meses.

Se trata del publicista Luis Guillermo Rodríguez, a quien los caraqueños llaman, con ampulosidad, el Rolling Stone venezolano. Es un hombre sexagenario, de calva incipiente y corona de canas. Luce bigote negro, lentes de metal y una sonrisa siempre dispuesta.

Negocio redondo

Claro, encontró un negocio interesantísimo en medio de tanta queja ciudadana, aunque dice que no alcanza para hacerse rico. Ya vendió 6000 CD del que denominó Kacerolazo Mix y está avanzando con la versión cassette de su obra .

Pero, como todo, ya encontró un obstáculo: hay otros dos CD que copiaron su idea y, por eso, hoy Caracas es un sólo golpe de metales cuando habla el presidente.

El ruido es atronador. El CD tiene dos tracks de 14 minutos cada uno y fue realidad merced a la "vaquita" que el publicista hizo entre sus amigos para financiarse el proyecto: reunió 80.000 bolívares, hizo una encuesta previa entre 200 personas y se lanzó al negocio.

Fue grabado por ocho personas, todas ellas familiares de González, "para ahorrar talento", dijo el publicista al referirse al tema.

Son cuatro sonidos grabados en doce canales que, luego, se multiplican. Sólo existe un problema: que se corte la luz y no puedan encenderse los equipos de audio. Por eso, nadie en Venezuela tiró las cacerolas.

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