El consenso será crucial

El futuro gobierno debe buscar un amplio acuerdo
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14 de mayo de 2003  

De confirmarse la renuncia de Carlos Menem a su candidatura y la suspensión del ballottage, Néstor Kirchner llegará a la Casa Rosada con el porcentaje de votos más bajo que haya alcanzado un jefe del Estado en toda la historia argentina. También será el único presidente constitucional que arribará al poder habiendo sido segundo en las elecciones, al cabo de un proceso en el cual la tendencia de las encuestas reemplazará el veredicto de la ciudadanía. ¿Significa esto que estamos ante una crisis de gravedad? No necesariamente.

Con o sin segunda vuelta, llegando al gobierno con el 22,24% o triunfando en el ballottage con un superficial 70% derivado del fuerte sentimiento antimenemista, el desafío de Kirchner será el mismo: construir una coalición de gobernabilidad a partir de amplios consensos.

Algunos intelectuales equiparan las analogías con la pereza del pensamiento. Un ejemplo es comparar la futura gestión de Kirchner con la de Arturo Illia, que llegó al poder con el 25% de los votos y con el 21% de sufragios en blanco.

La analogía entre Kirchner e Illia no parece afortunada. Si no hay ballottage, el gobernador santacruceño arribará al poder con pocos votos, pero sin la proscripción de una fuerza política, como ocurrió con el recordado dirigente radical.

Tampoco deberá enfrentar la constelación de poder de los tiempos de Illia, cuando militares y sindicatos constituían una valla para las decisiones de cualquier gobierno.

Legitimidad de ejercicio

No tiene demasiado sentido cuestionar la legitimidad de origen de Kirchner a la luz de la experiencia comparada. Fernando de la Rúa llegó al sillón de Rivadavia con casi el 50% de los votos y sufrió una severa crisis de gobernabilidad que provocó su renuncia.

La legitimidad de origen es importante, pero mucho más lo es la legitimidad de ejercicio o de resultados. Una cuestión que deberá traducirse en la capacidad del presidente y de su equipo para articular acuerdos sólidos con distintos sectores políticos y sociales.

"Si a Kirchner le toca asumir la presidencia en condiciones diferentes a las normales, el esfuerzo será doble. Pero tanto en una como en otra situación, la clave pasará por satisfacer las demandas de la sociedad", afirmó un allegado al gobernador santacruceño.

¿Cuáles serían los próximos pasos de Kirchner si se concreta la renuncia de Menem a competir en el ballottage previsto para el domingo próximo?

1) Buscar una coalición de gobernabilidad, en la que se acuerde no una distribución de espacios de poder, sino la construcción de políticas de Estado. Ese sería el paraguas bajo el cual el futuro gobierno buscaría la masa crítica de apoyos que ensancharía su legitimidad.

2) Una vez formulado el pacto de gobernabilidad vendrían los acuerdos de gobierno, que supondrían la convocatoria de figuras extrapartidarias. Según dejan trascender hombres de Kirchner, se buscarán coincidencias tanto con Elisa Carrió como con Ricardo López Murphy. "Tenemos muchas más afinidades que las que se piensa, tanto en la necesidad de bajar el déficit fiscal y en la reforma tributaria como en la política exterior", expresó el ex embajador en la OEA Juan Pablo Lohlé, potencial ministro de Relaciones Exteriores de Kirchner.

¿Cuál será la influencia de Eduardo Duhalde en un gobierno de Kirchner no convalidado por una segunda vuelta?

Sin dudas, será importante; entre otras cosas, porque el PJ bonaerense es la primera minoría en la Cámara de Diputados de la Nación y porque el actual mandatario ha sido determinante en la candidatura del santacruceño. Pero el apoyo duhaldista también será insuficiente. Los acuerdos tendrán que ser mucho más amplios.

Se termina un ciclo y debería comenzar otro muy distinto, con profundos cambios en la cultura política argentina.

El gran desafío de Kirchner será superar los temores de una Argentina acostumbrada a los liderazgos mayoritarios y que ha asistido a un gobierno que intentó ser de coalición como el de la Alianza y que concluyó en un fracaso.

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